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Jacques Leonard, pasión por la vida…

Hoy quiero dedicar este espacio, el número cien de este blog,  a alguien muy especial,  alguien que fue capaz de dejarlo todo por amor: Jacques Leonard. Nacido en el seno de una familia francesa acomodada que, entre otras cosas, se dedicaba a la cría de caballos, guiado por su inaplacable instinto aventurero, siendo todavía pequeño descubrió, jugueteando con unas cajas de fotografías que encontró en un cajón, que sus orígenes familiares eran muy distintos de la realidad con la que él se encontró al nacer y en la que había sido educado. Un tabú había protegido el secreto mejor guardado de aquella familia: su origen gitano, un origen que su padre dejó de lado al casarse con una mujer paya. Fotógrafo, montador de cine, ayudante de dirección, figurante si hacía falta, escritor… son tantas y tan variadas las facetas de este medio payo y medio gitano, y son tantas las aventuras que vivió en su vida, que intentar descubrir su verdad se antoja una tarea casi imposible. Era un hombre capaz de jugarse la vida a una sola carta… y, además, ¡ganar!

Los cierto es que las cosas no fueron bien para su familia y, arruinado, salió de su casa buscando su destino: encontrar sus raíces perdidas.  Armado únicamente con su cámara fotográfica y sus insaciables ganas de vivir, decidió dedicarse a intentar captar la última verdad del último pueblo nómada de Europa: el gitano. Ese fue uno de los objetivos que marcaron su vida: atrapar los postreros vestigios de un mundo que estaba condenado a desaparecer. Ese viaje iniciático le llevó a Barcelona, donde conoció a una joven gitana que trabajaba como modelo de algunos pintores, y de la que él había oído hablar. Su nombre era Rosario Amaya, y era prima de la inigualable Carmen Amaya. Allí, en las barracas gitanas de la Barcelona de los años 50, se enamoró locamente de Rosario y se casó con ella. Se fue a vivir a aquel barrio, Montjuich, a aquellas míseras barracas de suelo de tierra que estaban frente al mar. Y allí fue el hombre más feliz del mundo. Por fín se había encontrado con los suyos, con ese espíritu nómada e indomable que corría por sus venas. Los gitanos no dudaron en aceptarle como uno de los suyos, y eso le permitió convertir su sueño en realidad y empaparse del mundo gitano, un mundo que podía fotografiar desde dentro, sin ninguna limitación, porque formaba parte de ellos, era uno de ellos. Por eso, la fotografía de Leonard llegaba donde nadie más podía llegar. Sus retratos de los gitanos y de la vida de Montjuich y del Somorrostro son únicos y fascinantes. Recuerdo haber visto uno que me impresionó mucho: un traje negro extendido en el suelo de tierra de una de las barracas, con su camisa y su corbata, rodeado de velas encendidas. Es la forma que tienen los gitanos de velar a sus muertos cuando no pueden velar el cadáver.

Y si la historia de la vida de Jacques Leonard es fascinante, no lo es menos la forma en que ha llegado a conocerse y a hacerse pública quince años después de su muerte.  Tuve la oportunidad de vivir ese momento muy de cerca cuando, hace tres años, Carmen Isasa y Sara de Lecea, las artífices del festival de cortometrajes Curt Ficcions, que ya lleva catorce años luchando por acercar los cortos al gran público y con el que he tenido la fortuna de colaborar en algunas ediciones,  me llamaron una mañana porque querían comentarme un tema. Allí, en uno de los inolvidables y maravillosos desayunos  con el que suelen agasajar a sus amigos, me hablaron de Yago Leonard, un joven  realizador cinematográfico que trabajaba con ellas y con el que también yo había tenido oportunidad de colaborar en alguna ocasión. Me explicaron que Yago les había contado la historia de uno de sus abuelos: un fotógrafo francés que lo había dejado todo para irse a vivir con una gitana de Barcelona. Le habían pedido a Yago que les dejase ver las fotografías de su abuelo, y estaban absolutamente fascinadas. Me mostraron algunas y me quedé profundamente impresionado. Nunca había visto tanta verdad y tanta belleza en unos retratos. Eran prodigiosos. Fue entonces cuando me hablaron de su proyecto: conseguir salvar aquellas fotografías que, a la muerte de Jacques Leonard en 1995, habían quedado guardadas en un cajón,  junto a  un manuscrito escrito a máquina por el propio Leonard contando sus memorias. El fondo lo constituían 18000 negativos, de los que casi 3000 eran del tema gitano. Carmen y Sara tenían muy claro que la mejor manera de salvar aquel patrimonio cultural irrepetible era consiguiendo organizar una exposición patrocinada por alguna institución pública, o cediendo todo el fondo a alguna institución que pudiese hacerse cargo de él con garantía (que es lo que finalmente hicieron los herededor de Leonard al cederlo al Arxiu Fotográfic de Barcelona en 2010).

Pero el sueño de Yago era ir un paso más allá y realizar un documental sobre la figura y la obra de su abuelo. Embarcarse en un proyecto como el del documental sin el soporte de una exposición que permitiera recuperar la figura de Leonard del olvido era casi suicida, pero estaban decididas a llevarlo adelante y, además, querían que fuera el propio Yago quien lo dirigiera. Nadie más adecuado que él. Tras arduas gestiones y muchas noches de insomnio, crearon una productora cuyo primer proyecto sería aquel documental y cerraron acuerdos con el Arxiu Fotogràfic de Barcelona y con TV3 y TVE para producir el documental, un documental que hoy es una realidad y que se ha estrenado, coincidiendo con la inauguración el próximo 2 de junio de la exposición en el Arxiu Fotográfic de Barcelona, en los cines Alexandra de Barcelona el pasado día 27  y en la sala Berlanga de Madrid el día 31.

Aquí tienes el trailer de este formidable documental

 

[vimeo 21431664]

 

El proceso y el trabajo que hay detrás de este proyecto ha sido largo y duro, pero fascinante, porque todos los que han trabajado en él estaban enamorados de la figura y de la personalidad de este Payo Chac irrepetible. Curt Ficcions ha sabido coordinar un equipo fabuloso de personas en torno a este documental, desde Yago Leonard, su director, a Núria Villazán, responsable del guión, o a Carles Mestres, al frente de la fotografía y otros muchos colaboradores cuyo denominador común ha sido su total entrega a este proyecto.

Para realizar el docuemental han contado con el total apoyo de Santiago y Álex Leonard, los hijos de Jacques, que han aportado infinidad de anécdotas que vivieron en primera persona. Ha sido una colaboración de excepcional ayuda ya que Santiago trabajó muchos años como ayudante de su padre y son muchas las peripecias que recuerda de un hombre que no era muy dado a contar su historia. Son tantas y tantas las aventuras que vivió Jacques Leonard, el payo Chac, que es difícil saber a ciencia cierta cuales ocurrieron de verdad y cuales no. Desde que había ayudado a pasar a Francia a refugiados republicanos españoles, a haber sido espía, a haber llegado a Australia acompañando a una contorsionista y a un ventrílocuo, a haberse criado entre las cuadras de caballos y un taller de alta costura parisino…

La fotografía de Leonard es poética, mágica, llena de nostalgia y de melancolía, una fotografía que, más allá del tiempo, nos habla de un mundo fascinante que ya no ha de volver. Dedicó su vida a viajar por todo el mundo para atrapar con su cámara las costrumbres y las tradiciones de un pueblo acostumbrado, como él, a dormir bajo el único techo que le gusta: el de las estrellas. Las palabras con las que acaba su manuscrito autobiográfico reflejan sin lugar a dudas  todo lo que el pueblo gitano significaba para él: “Después de casarme con Rosario, el círculo se cerraba definitivamente. Toda mi existencia, hasta aquel momento, había sido la búsqueda de aquella parte de mí. Al casarse con una paya, mi padre había cortado sus raíces. Ahora, al unirme a uno de los suyos, yo regresaba a la gran família gitana y compartía para siempre sus miedos y sus esperanzas. La llegada de dos hijos nacidos de esta unión y educados en la más pura tradición gitana, ha sido un estímulo más en mi búsqueda de la identidad de este pueblo y de su futuro en un entorno lleno de incertidumbre…”

 

[vimeo 5593529]

Aquí tienes el link donde puedes ver completo el documental:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-jacques-leonard-payo-chac/1127306/

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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