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15-M, un necesario grito de esperanza

Estamos viviendo un momento histórico. ¡Estamos haciendo historia! Al fin ha prendido la mecha del descontento, de la frustración y la rabia contra tanta injusticia y el pueblo, capitaneado por los jóvenes, ha salido a la calle para expresar su rabia y su descontento y, lo que es más importante, para mostrar a los especuladores que provocaron esta crisis y a los políticos que se la financiaron con nuestro dinero que han sobrepasado una frontera que nunca deberían haber cruzado: la de nuestra dignidad. Ya está bien de una crisis provocada por banqueros y especuladores sin escrúpulos que hacen negocio de nuestra miseria; ya está bien de políticos incompetentes y corruptos que se forran a nuestra costa; ya está bien de tener que votar sus listas cerradas cada cuatro años sin que podamos decir nada; ya está bien de recortar nuestros derechos y los de nuestros hijos porque lo manden los señores del “mercado” a los que nadie ha votado; ya está bien de condenar al paro o al empleo precario a millones de personas para que quienes les despiden cobren cada día más; ya está bien de que nos suban los impuestos pero mantengan los privilegios fiscales de las grandes fortunas; ya está bien de que sigan permitiendo la existencia de paraísos fiscales; ya está bien de tener que hipotecar nuestras vidas para comprar un piso; ya está bien de retrasar nuestra edad de jubilación para que los políticos cobren pensiones inmorales; ya está bien de tanto bipartidismo blindado por una Constitución obsoleta y una ley electoral injusta; ya está bien de financiar una Iglesia retrógrada y reaccionaria; ya está bien de mantener una Casa Real reinstaurada por Franco; ya está bien de que recorten los gastos sociales y aumenten los policiales; ya está bien de que adjudiquen radios y televisiones a grupos de extrema derecha; ya está bien de que no se puedan investigar los crímenes del franquismo tras más de treinta años de la llamada democracia… ¡Ya está bien!

El movimiento 15-M rebosa ilusión, solidaridad, imaginación y alegría. Es un movimiento cargado de poesía, porque la poesía, como bien decía Celaya y canta Paco Ibáñez, es un arma cargada de futuro… “poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto para ser, y en tanto somos, dar un sí que glorifica, porque vivimos a golpes, porque apenas sí nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantrares no pueden ser sin pecado un adorno, estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo…”

Pasear estos días por la Puerta del Sol es una experiencia maravillosa. Las comisiones de trabajo informan y canalizan el trabajo de todo el que quiera apoyar este movimiento. De todas partes vienen donaciones. Los vecinos, anónimos, llevan bebidas y comida para todos, los bares ceden sus lavabos a los concentrados, todo el mundo quiere ayudar… Lo único que no se acepta es dinero. Los propios acampados ayudan a recoger las basuras y pasan la consigna de no beber para que no puedan atacar a la concentración diciendo que es un botellón. Por doquier hay asambleas donde se discuten los temas que más nos afectan a todos, esos temas que los políticos han olvidado, o no han querido tratar porque les va la vida y el chollo en ello. En un mundo donde todo se compra y se vende, donde cualquier cosa, incluso los alimentos, es susceptible de ser tomada como moneda de cambio contra la que especular, en un mundo donde la corrupción se ha adueñado de la vida política y económica, la aparición de un movimiento espontáneo y libre como este debería ser motivo de regocijo y alegría para todos. Por fin los jóvenes, a los que tanto hemos criticado por vanagloriarse de ser pasotas, que no olvidemos no es más que la contracción de las palabras “pasivo” e “idiotas”, se han puesto en pie y han dicho ¡Basta! Son la generación mejor preparada de nuestra historia, y la primera que vivirá peor de lo que lo hicieron las que le precedieron. Para financiar la catástrofe financiera que los especuladores han provocado, nuestros políticos se han apresurado a entregar miles de millones a los bancos, miles de millones que no son suyos, sino de todos nosotros, hombres, mujeres, ancianos, adultos, jóvenes y niños. No hay ni un solo banquero, ni un solo especulador en la cárcel. Lo sueldos y las retribuciones que cobran son los más elevados de la historia, pero hay 5 millones de parados y la tasa de desempleo entre los jóvenes supera el 40%. Como bien se grita en la plaza, “No tenemos pan para tanto chorizo”.

Son, somos, muchos los que estos días ocupamos Sol. Somos miles los que nos reunimos allí para defender lo único que todavía no nos han quitado: nuestra dignidad. Pero hay otros muchos, millones, que también están allí, con nosotros, codo con codo, aunque no se les vea: son nuestros hijos, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, porque lo que hoy está sobre el tapete de la partida que estamos jugando en la Puerta del Sol es el futuro, el futuro de todos nosotros y el de los que vendrán. Una democracia que no es democracia, un régimen de partidos obsoleto, unas instituciones como el Congreso y sobre todo el Senado totalmente inoperantes, donde los diputados y senadores no son más que números que acatan la disciplina de partido y se limitan a acudir a las votaciones para votar lo que les han dicho que tienen que votar, una democracia en la que solo podemos votar cada cuatro años unas listas cerradas de políticos que no nos representan, una democracia donde no existe la separación de poderes inherentes a toda democracia, una democracia donde pueden presentarse a las elecciones políticos corruptos, ni es democracia ni es nada. Esos jóvenes que están en la Puerta del Sol no son antisistema, aunque el sistema les haya excluído, sino que están contra el sistema, porque el sistema, tal y como está, está condenado a desaparecer llevándose a todos nosotros por delante.

Los voceros de la extrema derecha han tardado poco en querer vincular el movimiento del 15-M con todo tipo de fuerzas ocultas, desde que la mano negra del Gobierno está detrás a yo qué sé qué fantasmas más. No han entendido nada. O sí lo han entendido, y les da tanto terror que se apresuran a intentar boicotearlo con la manipulación, el insulto y la calumnia, los únicos argumentos que conocen. A los que defendemos este movimiento nos acusan de ser idealistas, utópicos y defensores del “buenismo”. Pues sí, yo me siento orgulloso de seguir siendo idealista y utópico cumplidos los cincuenta, y si ser maduro, responsable y equilibrado es admitir la inmoralidad, la corrupción, la injusticia y la inoperancia que impera en el sistema, yo jamás seré maduro, ni responsable ni equilibrado. ¡Que se queden su cordura, viva el buenismo!

Son muchos, tantos, los lemas que se han escuchado estos días en Sol que es difícil hacer una selección sin dejar algunos verdaderamente fantásticos fuera, pero hay algunos que no se pueden ignorar: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”; “Que nuestras conversaciones ahoguen sus sirenas”; “Pienso, luego estorbo”; “Apaga la tele y enciende tu mente”, “Lo llaman democracia, y no lo es”, “¡El pueblo, unido, funciona sin partidos!”… La imaginación ha vuelto a tomar las calles. No lo hacía desde aquel lejano Mayo del 68 que tantas esperanzas generó. No sé adónde nos llevará este movimiento. Presiento que desde todos lados intentarán ponerle palos en las ruedas para que no pueda avanzar, pero estoy convencido de que el 15-M es la única alternativa que tenemos de defender valores como justicia, solidaridad y dignidad, tres valores a los que jamás deberíamos renunciar. Demos todo nuestro apoyo a este movimiento. Su futuro, el nuestro y el de nuestro hijos, depende de él. Exijamos lo que nos corresponde y que ni el mercado, ni los banqueros, ni los políticos, ni sus medios de comunicación nos pueden robar: ¡libertad y democracia!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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