Cine/Teatro General

José María Rodero

Hoy quiero hablar de uno de los imprescindibles del teatro español: José María Rodero. Actor hecho a sí mismo, de marcado carácter e impresionante presencia escénica, Rodero ocupa un lugar privilegiado en la historia del teatro español de la segunda mitad del siglo XX, y eso no es fácil ya que en su generación había actores de la talla de Fernán-Gómez, Bódalo, Delgado, Rey, Prendes, Lemos, Rabal, etc.  Rodero decía que la “única técnica que conozco es salir al escenario y dar lo mejor de mí mismo”. Nunca creyó en la escuelas. Para él, intepretar era “entender, comprender y hacerse entender”. El director José Tamayo dijo de él que ” de todos los actores con los que he trabajado Rodero era el que mejor captaba lo que yo quería decir. Era el que mejor me comprendía”. Actor disciplinado y exigente como pocos consigo mismo y con los que trabajaban con él, fue famoso tanto por su impresionante forma de interpretar como por temido su mal carácter. El público le adoraba. No iba al teatro, sino que iba a “ver a Rodero”, y Rodero jamás les defraudaba. Decía de su profesión que ” es posible que un toque de locura sí que haya en los actores; de desviación de la normalidad, por supuesto, y sobre todo en este país, donde es una profesión desprestigiada totalmente, donde la sociedad no nos acepta de ninguna manera”.

Nacido en Valdepeñas en 1922, tras acabar el bachillerato empezó a estudiar en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos. Estando estudiando aún la carrera, se enamoró de una actriz y se dijo a sí mismo que él también era capaz de hacer aquello. Poco después se presentó a unas pruebas en el Teatro Español y le aceptaron. Decidió dejar sus estudios para estudiar arte dramático con Paco Melgares. Entró en la Comañía de María Guerrero, donde llegó a ser primer actor. El montaje dirigido por Luis Escobar de “En la ardiente oscuridad”, de Buero Vallejo, en el que tenía como antagonista a Adolfo Marsillach, marcó su carrera para siempre. A partir de aquel momento pasó a formar parte del grupo de los actores teatrales mejor considerados del país. Fue uno de los actores que más y mejor interpretó las obras de Buero. Formó su propia compañía con su esposa, Elvira Quintillá,  con la que estuvo casado hasta su muerte, y que en más de una ocasión sacrificó su carrera como actriz para dar prioridad al trabajo de su marido. Rodero amaba el teatro, era un hombre de teatro por los cuatro costados, su vida era el teatro. En su rostro habitaban las almas de todos los personajes que fue creando a lo largo de su carrera: Calígula,  Max Estrella de Luces de Bohemia, Enrique IV, el inolvidable jurado número 8 de “Doce hombres sin piedad”, el caballo de Tosltoi, y tantos y tantos otros…

Actor comprometido consigo mismo, con su profesión y con la vida, fue de los que más se opuso a la esclavitud que suponia la doble función y participó activamente en la huelga del 73 que acabó con aquella dictadura. Compaginó el mundo del escenario, a ritmo de seis estrenos al año, con su carrera cinematográfica, en la que trabajó con directores como Berlanga, Bardem o Forqué, y con sus trabajos en la época dorada del teatro en televisión, interviniendo en algunos de los montajes más conocidos del mítico Estudio 1, como “La muerte de un viajante”, de Arthur Miller, “Calígula”, de Albert Camus o “Doce hombres sin piedad”, de Reginald Rose.

Rodero creía que “el talento no es un don celestial, sino el fruto del desarrollo sistemático de unas cualidades especiales”. Esa era su filosofía de la vida: el compromiso y la entrega total con lo que hacía. Pertenecía a una época en la que lo importante en el mundo del teatro eran los artistas: los autores y los actores, y no, como ahora, que su lugar ha sido ocupado por los directores. Jamás claudicó ante nadie, porque no creía en los actores marioneta o autómatas, sino en los actores creadores y artistas. Recuerdo las palabras de Will Keen cuando comentaba que una de las principales diferencias entre el teatro británico y el que se hace en nuestro país es precisamente esta: en el Reino Unido los actores y los autores son lo importante, y el papel de los directores se centra en facilitar el trabajo de los actores. No como aquí, donde los directores concentran todo el poder en sus manos y los actores, en muchas ocasiones, lejos de dar lo mejor de sí mismos y arriesgar con sus propuestas, se limitan a ofrecer lo que consideran que le gustará más al director porque saben que de lo que él decida dependerá que trabaje o pase a engrosas las interminables filas del paro. Rodero pertenecía a la época en la que los actores eran lo importante en el teatro. El público iba a ver a Rodero, o a Bódalo, o a la Gutiérrez Caba… y no como ahora, cuando vemos que en los carteles de muchos teatros públicos aparece el título de la obra y el nombre del director en letras enormes, el del adaptador  (cuando lo hay) también en letras de tamaño considerable, pocas veces se nombra al autor y, casi nunca, a los actores. Pero en fin, estamos aquí para hablar de Rodero y para disfrutar de su inimitable forma de interpretar. Aquí tienes un breve fragmento de su inolvidable Calígula:

La última vez que el público pudo verle en un escenario fue con “Las mocedades del Cid”, en 1990, una obra que había representado en 1941, pero en la que hacía ahora el papel del padre del Cid. Un cáncer le obligó a dejar los ensayos del que iba a ser su último trabajo: “Hazme de la noche un cuento”, donde iba a interpretar a un travestido. La gravedad de la enfermedad hizo que tuviera que ser sustituido por Manuel Andrés. El estreno se retrasó tres semanas. Una semana antes de morir, estando en la cama del hospital, Rodero esperaba ansioso la visita de su fiel amigo Enrique Llobet, que venía a informarle sobre cómo había ido el estreno. El día que murió Rodero fueron muchos los teatros que quisieron albergar su capilla ardiente. el María Guerrero, el Bellas Artes, el Español… pero por expreso deseo de su viuda, Elvira Quintillá, que sabía lo contrario que Rodero era a todos aquellos actos, la capilla ardiente se instaló en los servicios funerarios municipales y sus restos fueron incinerados en el cementerio de la Almudena. La noche que murió Rodero el Bellas Artes y el Español cerraron. El nunca lo habría permitido, porque él nunca suspendió una función, ni siquiera el día que murió su madre. Rodero era un maestro del teatro y un hombre de fuertes convicciones, y de una por encima de todas: pase lo que pase, ¡la función debe continuar…!

Aquí tienes un enlace de RTVE donde puedes disfrutar con uno de los montajes más inolvidables de la historia del teatro televisado en España: la versión íntegra de “Doce hombres sin piedad” de Estudio 1. Es un montaje mítico dirigido por Gustavo Pérez Puig que cuenta con uno de los elencos más completos de la historia del teatro español. Casi todos los grandes estaban en él. Si la versión cinematográfica protagonizada por Henry Fonda fue magistral, esta encabezada por Rodero, sube el listón interpretativo a cotas inalcanzables.Si tienes algún problema para conectar con él,  copia el enlace, entra a través de él en la página de RTVE, selecciona televisión a la carta, escribe Doce hombres sin piedad en la ventanilla superior derecha y dale a buscar. Te aparecerá la versión íntegra del programa.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/television/estudio-1—doce-hombres-sin-piedad/867545/

Aquí tienes otro enlace con la página de TVE a la carta donde, siguiendo el mismo proceso del enlace anterior, podrás ver el programa homenaje que TVE le rindió a Rodero. No te lo pierdas.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/protagonistas-del-recuerdo/protagonistas-del-recuerdo-jose-maria-rodero/857695/

Y, finalmente, seleccionando Calígula estudio 1, te dejo con la versión íntegra de su impresionante Calígula. Disfrútalo. Es Historia del teatro.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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