Cine/Teatro General

Elecciones en la Unión

Por primera vez en los 25 años de Historia de la UNIÓN DE ACTORES, se han presentado dos candidaturas a las elecciones para elegir la nueva Junta General que gestionará el sindicato durante los próximos cuatro años. Yo formo parte de una de esas candidaturas, la de Amparo Climent, por lo que soy parte interesada en este tema. Quiero dejar constancia en esta entrada de los motivos y preocupaciones que me han llevado a participar en estas elecciones, y hacerlo, precisamente, por la candidatura ¡JUNTOS PODEMOS!  de Amparo Climent.

A lo largo de su historia, la UNIÓN DE ACTORES ha conseguido hitos muy importantes en la defensa de los derechos del colectivo de los actores, como la firma de los convenios colectivos con Radio Televisión Española, la constitución de ASIGE, entidad gestora de nuestros derechos de autor, el convenio del Audiovisual de 1995 y sus posteriores renovaciones, la creación de la Federación de Artistas y Bailarines de España y su afianzamiento dentro de la Federación Internacional de Actores (FIA), el régimen especial de artistas con la Seguridad Social y los procesos de regularización más un largo etcétera de logros sindicales que mejoran la defensa de nuestros derechos. Otras muchas aspiraciones están negociándose desde hace tiempo pero todavía sin resultados, como el régimen especial de tributación del IRPF, similar al que tienen otros profesionales con ingresos irregulares, como los toreros o los futbolistas, etc. y otras que aún están en una fase más embrionaria, como la imprescindible aprobación de la Ley del Teatro, etc. En resumen, que se han conseguido muchos logros pero que todavía queda mucho, muchísimo por hacer.

Por otro lado, como valor añadido para el afiliado (y contraprestación directa por los once euros mensuales que paga por estar afiliado), la UNIÓN DE ACTORES, ofrece servicios como la asesoría jurídica gratuita a través de un despacho externo que, con un coste menor al que supondría tener un abogado en plantilla, asesora en todo lo relacionado con contratos, derechos laborales, reclamaciones, paro, prestaciones de desempleo, etc. y que incluye la defensa jurídica gratuita en las demandas laborales de los afiliados; también ofrece un servicio gratuito de bolsa de trabajo; una guía de actores/actrices y una guía on-line permanentemente actualizada que llega gratuitamente a tod@s los directores de casting; descuentos en teatros y servicios especializados como fotógrafos, etc; encuentros gratuitos con profesionales del sector como directores de casting, representantes, etc.; talleres de formación subvencionados a precios muy inferiores a los de mercado; una biblioteca/videoteca especializada, etc. etc. etc.

Sin embargo, hay una sensación muy generalizada en el sector de que afiliarse a la UNIÓN DE ACTORES no sirve para nada, que no defiende eficazmente los derechos de nuestro colectivo, que está mal gestionada o con dejadez, etc. y una triste realidad: del colectivo total de actores de Madrid probablemente solo están afiliados al sindicato la mitad (unos dos mil quinientos). Desde mi punto de vista como afiliado, ya que nunca he participado en la gestión del sindicato, creo que, indiscutiblemente, hay cosas que se pueden y se deben mejorar y que una renovada campaña de comunicación interna y externa podría hacer que el colectivo mirase con otros ojos la realidad de la UNIÓN DE ACTORES y entendiese que este sindicato es y debe ser el sindicato de tod@s.

Centrándome en la campaña electoral actual, al analizar los programas de ambas candidaturas, veo que muchos, la mayoría, de los objetivos de las dos candidaturas son coincidentes (Ley del Teatro, etc.), porque son las necesidades y las aspiraciones específicas de nuestro sector. Sin embargo también veo una desconfianza mutua que dificulta enormemente las vías de diálogo que deberían posibilitar un acercamiento y no un enfrentamiento, como el que lamentablemente existe, entre ambas candidaturas. Hay una diferencia de concepto que hace que no puedan unirse: mientras la de Vicente Cuesta aboga porque sea una ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN el máximo órgano de debate y decisión, la de Amparo Climent defiende que sea una UNIÓN DE ACTORES fuerte y representativa la que libremente decida. Es decir que mientras unos proponen una Asamblea de la profesión fuerte, los otros, un sindicato fuerte. Eso es lo que hace que las dos candidaturas sean incompatibles, porque el poder de decisión tiene que estar en un órgano o en otro, pero no puede estar repartido en un totum revolutum que no lleva a ningún sitio.

Si a esta diferencia de concepto y estrategia fundamental le unimos el desconocimiento de la realidad del sindicato y del marco legal que tienen algunos miembros de la candidatura de Vicente Cuesta, desconocimiento lógico ya que no han participado en la gestión del sindicato y muchos de ellos se acaban de afiliar a la UNIÓN DE ACTORES para poder presentarse a estas elecciones, las posibilidades de entendimiento entre ambas candidaturas son realmente remotas. Este desconocimiento sobre la realidad del sindicato queda patente cuando, por ejemplo, públicamente miembros de la candidatura de Vicente Cuesta declaran que el despacho externo de abogados que tiene contratado la Unión de Actores “cobra una pasta y además un porcentaje de las indemnizaciones”, afirmación que, como he comentado antes al describir la oferta de servicio jurídico gratuito que ofrece la Unión a sus afiliados, es falsa. Y el desconocimiento del marco legal y jurídico queda demostrado cuando, como una de las principales reivindicaciones de su programa, exige el “visado de los contratos de por la Unión de Actores (existe ya en los convenios de teatro)”, lo que es inviable desde el punto de vista legal porque el visado de contratos es, de acuerdo con el marco legal español, un derecho del trabajador, y la imposición por convenio atenta contra la intimidad de éste sobre sus relaciones contractuales con un tercero, bien sea en el ámbito laboral o el privado. La sindicalización está reconocida constitucionalmente como un derecho de los trabajadores, y también es un acto voluntario. Por eso, la relación de un actor con un sindicato ha de ser considerada como un ejercicio individual y sin coacciones de ningún tipo, incluso para defender sus derechos. Legalmente todo convenio que recoja esta obligación puede ser Invalidado, ergo trabajo perdido desde nuestro sindicato.

La realidad, por tanto, es muy clara: todos los trabajadores tenemos derecho a ser defendidos en nuestro trabajo, y nadie, ni tan siquiera un sindicato, puede obligarnos o darnos permiso sobre nuestras decisiones laborales.

Dejando estas consideraciones al margen, lo cierto es que, pase lo que pase con el resultado electoral y tal y como se están mostrando de activas las dos candidaturas, al final la nueva Junta General resultante de las próximas elecciones estará, indefectiblemente, formada por miembros de las dos candidaturas. Así que estarán obligadas a entenderse porque los resultados de las elecciones, de acuerdo con los estatutos del sindicato y con la ley electoral vigente en España, serán los obtenidos proporcionalmente por cada candidatura. Entre ellas se repartirán los 20 miembros que componen la Junta General. La lista más votada, al tener mayoría, elegirá al nuevo Secretario General (Vicente Cuesta o Amparo Climent), que, a su vez, elegirá a los miembros de la Junta Directiva, es decir la que a través de las diferentes Secretarías será la encargada de llevar el día a día del trabajo del sindicato y que, previsiblemente, estará formada ya no proporcionalmente, sino íntegramente, por todos los candidatos propuestos por la candidatura que haya ganado: José Carreño (Acción Sindical), Mónica Gracia (Organización y Finanzas), Marian Degás (Comunicación) y Vanesa Espín (Cultura) por parte de la candidatura de Vicente Cuesta , ó Manuel Brun (Acción Sindical), Concha Rodríguez (Organización y Finanzas) y yo mismo (Cultura y Comunicación) por la de Amparo Climent.

Es una pena que desde la candidatura de Vicente Cuesta, con ánimo de menospreciar a la nuestra, se haya tachado de “continuista” y “oficialista” a la candidatura de Amparo Climent, llegando incluso a utilizar mentiras como la de indicar que yo soy miembro de la Junta Directiva actual (cosa absolutamente falsa). Y digo que es una pena porque faltar a la verdad como lo han hecho en repetidas ocasiones sin disculparse ni pedir perdón por las mentiras vertidas sobre nuestra candidatura o sobre alguno de los miembros que la componen, solo puede haberse hecho desde la más supina ignorancia o desde la más absoluta y cínica mala leche y ni ignorancia ni mala leche es lo que precisa la UNIÓN DE ACTORES, y menos en un momento de crisis tan complicado como el que nos toca vivir. En este sentido mi opinión es muy clara: yo no soy continuista de nadie (ni estoy ni nunca he estado en la Junta Directiva ni en la Junta General de la UNIÓN DE ACTORES); trece de los miembros que forman la candidatura de Amparo Climent somos nuevos, es decir que no tenemos nada que ver con la gestión actual del sindicato, lo que demuestra que no es una candidatura continuista, sino de renovación y, por último, que aunque soy consciente de que hay cosas que pueden y deben mejorarse en la gestión del sindicato (de lo contrario sería absurdo presentarme), me siento orgulloso y agradezco los logros conseguidos para nuestro colectivo por todos los que nos han precedido en su gestión.

Me gustaría analizar la que, desde mi punto de vista, es la diferencia principal que separa a ambas candidaturas: que el poder de decisión lo detente la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN, como defiende la candidatura de Vicente Cuesta, o que lo detente la UNIÓN DE ACTORES, a través de su propia Asamblea General, máximo órgano legal de gobierno de los sindicatos en España. Para aquellos que no conozcan el marco legal de los sindicatos, quizá conviene señalar que, por ley, el órgano máximo decisorio de un sindicato es su Asamblea General (ojo, no confundir con la Asamblea de la Profesión de la que habla la candidatura de Vicente Cuesta). Esta Asamblea General, a la que pueden asistir todos los afiliados del sindicato que estén al corriente de sus obligaciones de pago y asistir con igual derecho a voz y a voto que cualquier otro afiliado, sea de la Junta General o de la Junta Directiva, es el órgano que toma las últimas decisiones del sindicato y el que marca la política a seguir, una política que debe llevar a la práctica la Junta General a través de la Junta Directiva. Es decir, que el sindicato, gane quien gane las elecciones a Junta General ahora convocadas, siempre seguirá teniendo como máximo órgano de decisión su Asamblea General, que por votación directa, es quien finalmente decide.

La ceremonia de la confusión con las asambleas no se acaba aquí ya que, desde la candidatura de Vicente Cuesta, se habla también de la ASAMBLEA DEL ESPECTÁCULO como la que debería incluir a todos los colectivos del sector. A esa ASAMBLEA DEL ESPECTÁCULO es a la que me he referido aquí como ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN, ya que pretender que exista una ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN donde sólo estén los actores, afiliados a la UNIÓN DE ACTORES o no, con idénticos derechos de voz y voto, como propugna la candidatura de Vicente Cuesta, me parece una auténtica aberración funcional cuyo único objetivo, consciente o inconsciente, es debilitar a la UNIÓN DE ACTORES, porque  ¿Quién pagará una cuota de afiliación, por mínima que sea para estar afiliado a un sindicato, la UNIÓN DE ACTORES, si no es el órgano máximo de decisión y debate?, y, a la inversa, si la UNIÓN DE ACTORES mantiene su capacidad de decisión, ¿quién irá a esa ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN que con tanto ardor defienden si no podrá decidir nada? Plantear una ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN compuesta única y exclusivamente por actores, afiliados o no, únicamente puede debilitar a la UNIÓN DE ACTORES, tenga quien tenga el poder final de decisión. Por consiguiente sigo con este análisis considerando que la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN que propone la candidatura de Vicente Cuesta es la que incluye a todos los colectivos, porque considerar que solo es de actores, teniendo ya un sindicato de actores cuyo órgano máximo de decisión es democrático y transparente, su ASAMBLEA GENERAL, carece, en mi opinión de sentido y únicamente supone una amenaza para la continuidad de la UNIÓN DE ACTORES como tal.

Hecha esta salvedad para evitar confusiones entre la ASAMBLEA GENERAL DE LA UNIÓN DE ACTORES, LA DEL ESPECTÁCULO y LA ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN que propone la candidatura de Vicente Cuesta, me gustaría comentar ahora los graves problemas de funcionamiento y las serias incongruencias que veo a esa ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN, pese a la buena voluntad, que de ninguna manera discuto, de sus defensores de querer integrar democráticamente a todos los sectores implicados en nuestra profesión.

La candidatura de Vicente Cuesta dice en su programa: “la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN es el órgano máximo de debate y decisión de todas las reivindicaciones del sector…” y un poco más adelante matiza: “ la UNIÓN DE ACTORES reconocerá a la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN como órgano de debate y decisión… sin menoscabo de su independencia a la hora de decidir su propia gestión”

Veamos. ¿En qué quedamos? ¿Quién es el responsable último de la toma de decisiones: la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN ó LA UNIÓN DE ACTORES?. Si lo es la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN, la UNIÓN DE ACTORES ya no tiene validez alguna como institución, ya que pasa a ser un órgano meramente ejecutor de las decisiones que tome la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN. Y si la UNIÓN DE ACTORES mantiene la última palabra a la hora de tomar decisiones, la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN pasa a ser un órgano muy democrático y participativo… en el que no sirve de nada lo que se decida.

Desde la candidatura de Amparo Climent consideramos que ceder el poder de decisión a la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN  pone en serio peligro la existencia incluso de la propia UNIÓN DE ACTORES porque:

Si en la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN, como propugna la candidatura de Vicente Cuesta, tienen voz y voto los afiliados y no afiliados ¿qué interés tiene afiliarse a la UNIÓN DE ACTORES y pagar una cuota?; ¿Qué ocurre si la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN no aprueba, por ejemplo, un convenio, subvenciones, etc. que haya negociado la UNIÓN DE ACTORES para el colectivo de los actores, o unas subvenciones específicas para unos cursos que imparta la propia UNIÓN DE ACTORES para sus afiliados?; ¿Deben los afiliados a la UNIÓN DE ACTORES pagar, por ejemplo, una minuta de abogados sobre las reivindicaciones de otros colectivos del sector, o de los actores no afiliados, si lo aprueba la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN?; Caso de hacerlo ¿no estarán incurriendo los responsables de la gestión de la UNIÓN DE ACTORES en un posible caso de malversación de fondos al desviar dinero de los actores afiliados al sindicato para satisfacer las necesidades de otro colectivo?; Y ya que hablamos de responsabilidades. Los miembros de la Junta General de la UNIÓN DE ACTORES, por el simple hecho de serlo, son responsables ante los afiliados y ante la Ley de las acciones y gestión que lleven a cabo. Esa es una garantía para los afiliados. Sin embargo, ¿ante quién son responsables los miembros de la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN? Ante nadie, porque jurídicamente es un organismo que no existe, porque no tiene personalidad jurídica.

Al carecer de personalidad jurídica (la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN no es una sociedad anónima, ni limitada, ni cooperativa, ni una ONG, ni una asociación, ni un sindicato, etc.), no puede captar fondos ni tener afiliados. ¿Cómo se financiará entonces?, ¿Quién pagará el teléfono o el alquiler del local que ocupe o donde se reúna?, ¿trabajarán no sólo gratis, sino pagando para hacer frente a esos gastos, quienes colaboren voluntariamente con la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN?

Si la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN no puede financiarse mediante el cobro de cuotas ¿cómo lo hará? ¿mediante subvenciones oficiales? ¿Es esa la independencia y la libertad que se quiere para esa ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN que tantas reivindicaciones y negociaciones va a llevar a cabo para defender nuestros intereses?, ¿de verdad va a sentarse a negociar a la mesa unos derechos de nuestro colectivo teniendo en frente a quien le otorga precisamente la subvención de la que vive?

Otro punto que no veo claro de la existencia y funcionamiento de la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN es el de que pretenda ser un órgano de debate y decisión libre en el que todos puedan expresarse libremente y defender sus reivindicaciones. Vayamos por partes. Si la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN que propone la candidatura de Vicente Cuesta debería integrar a todos los que de una u otra manera trabajamos en el sector. ¿Incluye eso a los promotores, productores, o cadenas de televisión? Si es así dudo mucho que un actor se levante públicamente en la Asamblea para reivindicar sus derechos frente al productor o a la cadena para la que trabaja, lo que merma mucho la capacidad de ser un órgano de debate libre y democrático. Y si no se va a permitir que los productores, cadenas de televisión, etc. puedan pertenecer a la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN, como parece más razonable, ¿cómo es que uno de los candidatos de la lista  de Vicente Cuesta es, además de actor, el presidente de ARTEMAD, la ASOCIACIÓN DE LAS EMPRESAS DE LAS ARTES ESCÉNICAS DE MADRID, es decir, la asociación de los productores teatrales de Madrid?

Esto me recuerda otro punto que tampoco tengo claro ya que, desde la candidatura de Vicente Cuesta se pretende que sea la UNIÓN DE ACTORES quien, defendiendo el anonimato del actor, defienda los intereses de ese actor (eso en caso de una denuncia por incumplimiento de condiciones de trabajo para mandar una inspección ya se está haciendo, por lo que no es nada nuevo,  y si de lo que se trata es de una reclamación judicial, la ley española no permite en el campo laboral una tercera figura interpuesta por lo que el actor tiene que presentar la demanda con su nombre y apellidos ya que es una demanda entre él y la empresa para la que trabaja, por lo que tampoco podría legalmente intervenir la UNIÓN DE ACTORES para mantener el anonimato del actor denunciante)

Estas son las principales contradicciones y puntos que no entiendo de la propuesta de la candidatura de Vicente Cuesta si el poder de decisión recae en la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN. Veamos lo que pasa si, por el contrario, el poder de decisión recae finalmente en la UNIÓN DE ACTORES y no en la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN. El hecho de que se ceda a esa ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN ser el “máximo órgano de debate y decisión”, como dice en su primer punto el programa de la candidatura de Vicente Cuesta, “sin menoscabo de mantener la independencia de la gestión de la UNIÓN DE ACTORES”, lo único que hace es debilitar la independencia y la libertad de acción de la UNIÓN DE ACTORES ya que, de no seguir las directrices aprobadas por la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN, entrará en un conflicto directo de interés que cuestionará la propia existencia de la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN ¿Para qué sirve una ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN que teóricamente es el órgano máximo de debate y decisión si no decide?

Hay una pegunta que todo actor debe hacerse en conciencia: ¿Quién defenderá mejor sus intereses y quién le representará más, un sindicato fuerte y representativo con más de 2400 afiliados, o una ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN, carente de personalidad jurídica, compuesta por todos los colectivos de la profesión o simlplemente por actores afiliados o no a la UNIÓN DE ACTORES y cuya historia del último año nos demuestra que las veces que se ha reunido no ha tenido nunca más de 150 asistentes?

Como conclusión, considero que la estrategia de ceder, teórica o prácticamente, el poder y la capacidad de decisión y debate a la ASAMBLEA DE LA PROFESIÓN debilita peligrosamente a la UNIÓN DE ACTORES como sindicato y pone en peligro su propia existencia. Desde la candidatura de Amparo Climent consideramos que hay una serie de objetivos comunes a diversos colectivos de la profesión que pueden y deben defenderse conjuntamente, pero siempre desde el liderazgo que supone la existencia de un sindicato fuerte y representativo.

Y para hacer de la UNIÓN DE ACTORES un sindicato fuerte y representativo, la candidatura de Amparo Climent propone una serie de medidas enmarcadas dentro de un doble objetivo principal: AYUDAR A CREAR EMPLEO y DAR MAYOR VALOR AÑADIDO AL AFILIADO.

Para crear empleo, entre otras cosas, la candidatura de Amparo Climent propone la creación de compañías “dobles” formadas por jóvenes actores y también por actores jubilados que, coordinados desde la UNIÓN DE ACTORES, puedan alcanzar acuerdos de colaboración con productoras privadas que tengan obras de éxito en cartel para representarlas en horarios matinales para colegios, etc. o en gira por lugares de la Comunidad donde la compañía titular no vaya a ir. Se apoyará la creación de compañías solidarias como “Jóvenes actores por el mundo”, etc.  También se intentará firmar convenios y acuerdos con la Consejería de Educación, otras entidades públicas y patrocinadores privados para organizar ciclos de lecturas dramatizadas en colegios con obras relacionadas con temas como igualdad, violencia de género, inmigración, etc., y entre las medidas concretas que aportarán mayor valor añadido para el afiliado está la creación de un departamento de promoción del afiliado o el servicio de asesoramiento integral gratuito pensado sobre todo para los afiliados más jóvenes, en todos los temas directamente relacionados con nuestra profesión como contratos, gestión de CV, utilización de las nuevas tecnologías, webs, redes sociales, etc.

PD. El once de abril se celebraron las elecciones. De los 2400 afiliados con derecho a voto votaron 627. De ellos 356 lo hicieron a favor de la candidatura de Vicente Cuesta y 271 a favor de la de Amparo Climent. La candidatura de Vicente Cuesta fue, por tanto, la legítima vencedora. Una lectura positiva de esos resultados indicaría que hemos perdido por poco más de 80 votos. Sin embargo, en mi opinión, la realidad es muy distinta: a pesar de haber informado a los afiliados sobre lo que estaba en juego en estas elecciones y de haberles pedido que nos votaran para gestionar el sindicato durante los proximos cuatro años, solo uno de cada diez afiliados con derecho a voto nos ha otorgado su confianza, los otros nueve han optado por no votar o por votar a la otra candidatura. En mi caso personal eran muchos los proyectos que me hubiera gustado llevar adelante desde la Secretaría de Cultura y Comunicación. No ha podido ser. La nueva junta, de acuerdo con esos resultados, debe estar compuesta por once miembros de la candidatura de Vicente Cuesta y por nueve de la de Amparo Climent. Yo era el número 3 de la lista de Amparo Climent y debería haberme incorporado a la nueva Junta General. Sin embargo, por coherencia con lo que he defendido y con lo que creo, y porque me presenté a estas elecciones para construir proyectos concretos y no para estar en una Junta General dominada por los miembros de una candidatura cuyo programa no comparto, considero que no debo incorporarme a esa Junta, por lo que formalmente he presentado mi renuncia a la Junta Electoral. Desde aquí, como afiliado y como actor, les deseo a todos los miembros de la nueva Junta General que trabajen intensamente y con generosidad, anteponiendo el bien del sindicato a cualquier otro interés, y que lo hagan dando prioridad a aquellos puntos que ambas candidaturas puedan tener en común y que no se centren en los que las separaban.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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