Cine/Teatro General

Simplemente, Katharine Hepburn…

Katharine Hepburn ha sido considerada por muchos como la mejor actriz de todos los tiempos. Rompió  los moldes de la época imponiendo su fuerte e irresistible personalidad. Frente a las mujeres de curvas exhuberantes, ella exhibió la delgadez; frente a la imagen de mujeres débiles y conformistas, ella apostó por su independencia y por la fortaleza de carácter. Fue una mujer valiente que ante todo quiso vivir su vida en libertad. Una mujer para la que no ha pasado el tiempo, porque ella nunca aceptó vivir como las demás lo hacían en su tiempo. Ver su imagen hoy en la pantalla, sesenta o setenta años después, es ver la imagen de una mujer totalmente actual, de una mujer del siglo XXI. Siempre nadó contra corriente, creyendo únicamente en sí misma. Su primera crítica teatral, a finales de los años 20, se refería a ella como “una chica nueva, de voz metálica, que parece una calavera”. Pocos años después el gran George Cukor dijo que ” Katharine no se parecía a los años treinta, sino a sí misma. Luego las chicas empezaron a imitarla, y la década se pareció a ella”. Aunque puede que la mejor definición de Katherine Hepburn es la que dio Frank Capra: ” Hay mujeres, y además está Kate; hay actrices, y además está Hepburn”.

Nació en 1907 en el seno de una familia acomodada, en Connecticut. Su padre era urólogo y su madre una sufragista muy activa que defendió a fondo la causa feminista. Sinclair Lewis o el mismo Gerorge Bernard Shaw eran amigos de su padre con los que se carteaba con asiduidad. La educación que recibió en aquel ambiente tolerante y liberal marcó para siempre la fuerte personalidad de Kate. Fue una educación que potenciaba valores como libertad, esfuerzo, responsabilidad, disciplina, compromiso, dignidad y coherencia. Aficionada al deporte y, sobre todo, a la vida al aire libre, estaba muy unida a Tom, su hermano mayor, infatigable compañero de correrías. En aquel mundo dominado por hombres ella no dudó en cortarse el pelo a lo chico y hacer que todos la llamasen Jimmy. Pocos la ganaban a la hora de trepar a los árboles. Pero aquella idílica infancia duro muy poco. Cuando Kate tenía 14 años, mientras pasaban unos días en casa de una amiga de su madre en Nueva York, descubrió el cuerpo de su hermano Tom ahorcado en una sábana colgada de una viga. Fue ella la que tuvo que llamar al médico e informar a la familia. Nunca se supo si aquella muerte había sido intencionada o si fue un fatal error de un juego infantil. Kate no lloró en publico, nunca lo hacía, pero visitaba en soledad el cementerio, y desde aquel día decidió cambiar la fecha de su día de cumpleaños y celebrarlo el 8 de noviembre (día del nacimiento de Tom). Jamás dejó de hacerlo.  A los 85 años, en Nueva York, pasando frente a una casa muy parecida a aquella en la que había muerto su hermano, rompió a llorar desesperadamente en un llanto que sorprendió a los que la acompañaban.

El carácter de Kate se volvió muy reservado. Para sus padres expresar el sufrimiento y el dolor no formaba parte de los cánones que querían transmitir a sus hijos y siempre intentaron que no mostrasen sus sentimientos en público. En su autobiografía ella recuerda que, camino al crematorio para incinerar a su hermano, vio llorar por primera vez a su madre (“Nunca la había visto llorar, y nunca volví a verla. Era fuerte. Si lloraba lo hacía a solas. Mi padre tampoco lloró”). La tragedia no dejó de acompañarla durante los primeros años de su vida: sus padres murieron muy jóvenes y ella tuvo que cuidar de sus hermanos pequeños. Con diecisiete años empezó a estudiar en el Bryn Mawr College de Filadelfia, donde se lincenciaría en Filosofía e Historia. Allí fue donde también empezó a dar sus primeros pasos en el mundo de la interpretación.  Completó su formación estudiando dicción con la conocida cantante Frances Robinson-Dune. En aquellos años consiguió hacer algunos pequeños papeles y suplencias en varios teatros de Nueva York, hasta que al fin obtuvo su primer gran éxito teatral. La suerte le sonrió en 1932 cuando su agente le informó de que George Cukor y David O. Selznik estaban buscando una cara nueva para “Doble sacrificio”. A pesar de que nunca había trabajado para la cámara, las pruebas les gustaron y la contrataron inmediatamente . “En cuanto la ví supe que era inusual, diferente, que no había otra igual” recordaría Cukor años más tarde. Cruzó Estados Unidos en tren para llegar a Hollywood. Durante aquel viaje unas virutas de acero se le metieron en los ojos y ella apareció a la mañana siguiente en los estudios para presentarse a todos los jerifaltes que la estaban esperando con un parche en el ojo. Su partenaire, Lyonel Barrymore, no le puso las cosas fáciles a Kate durante el rodaje, y en cuanto acabó, ella, harta, le dijo ” Gracias a Dios, nunca más tendré que volver a trabajar con usted”, a lo que él le contestó: “Querida, no sabía que usted lo hubiese hecho”. A pesar de esas dificultades, sus primeras películas tuvieron un éxito apoteósico y Kate fue nominada al Óscar, que ganó, por su pepel en “Goloria de un día”, su tercera película. Tenía 26 años.

Sin embargo, su estrella empezó a apagarse de repente y encadenó una serie de fracasos que le hicieron ganarse la fama de ser un veneno para la taquilla. Cukor sabía que era una actriz fabulosa, pero el público no estaba dispuesto a admitir una figura tan rompedora sin oponer resistencia. Ni siquiera la tuvieron en cuenta para la prueba para el papel de Escarlata O´Hara en “Lo que el viento se llevó”, por el que todas las actrices pugnaban y que parecía estar escrito para ella. Pero Kate no se desanimó y siguió luchando sin renunciar a ser ella misma. “En esto de la interpretación a mi me dijeron que tenía que ser yo misma, y eso es lo que hice durante toda mi vida.” En aquella época es cuando se encierra en el garaje de su casa con una cámara y se rueda a sí misma en varias interpretaciones que luego, una vez revelada la película, pasa en una pantalla para ver sus errores y saber qué debe hacer para mejorar su interpretación ante la cámara. Sorprendentemente entre las películas que fracasan en taquilla y le grangean esa fama de veneno para la taquilla se encuentra “La fiera de mi niña”, de Howard Hawks, en la que forma pareja con Cary Grant y que con el tiempo se ha convertido en un clásico del cine y de la comedia. Aquí tenéis su trailer:

Apartada del cine, vive una intensa historia de amor con el magnate Howard Hughes y regresa a los escenarios de Broadway con una obra en la que comparte reparto con un jovencísimo Joseph Cotten: “Historias de Filadelfia”. La confianza que Kate tenía en sí misma queda patente cuando decide renunciar a cobrar los honorarios que le correspondían por su papel protagonista para ir a porcentaje de beneficios y quedarse con los derechos cinematográficos de la obra. El éxito es total y Kate le vende los derechos a la Metro, imponiendo ser ella la protagonista de la película y Cukor su director. Louis B. Mayer, como contrapartida, exige que los protagonistas masculinos sean Cary Grant y James Stewart. La película fue un éxito enorme y le valió a Kate su segunda nominación a los Óscars.

Kate sabía que la única manera de asegurar su libertad y su independencia en el mundo del cine era comprando los derechos de las películas que le interesaban. Fue de las primeras en hacerlo. En 1942 vendió a la Metro los derechos de “La mujer del año”, imponiendo como condición que su partenaire fuese un gran actor al que todavía no conocía en persona, pero con el que quería trabajar: Spencer Tracy. El director, Joseph Mankievicz recuerda perfectamente el momento en que Kate y Tracy se conocieron: “Me temo, Sr. Tracy, que es usted demasiado bajito para mí” ( descalza, ella medía 1,70 y él a duras penas llegaba al 1,65)”. “No te preocupes, querida- le respondió Tracy- enseguida te pondré a mi altura”. A partir de aquel momento nació una historia de amor entre ella y Spencer que duraría hasta la muerte de éste. No fue una relación fácil (él estaba alcoholizado y, a pesar de vivir separado de su mujer, no quería divorciarse de su esposa por sus creencias católicas, por lo que vivieron esa apasionada historia de amor sin convivir juntos durante 27 años en un entorno muy turbulento). Tracy fue, sin duda, el gran amor de Kate. En los últimos años de su vida ella alquiló una pequeña casa cerca de la de él para cuidarle. Para hacerlo se turnaban Kate y la mujer de Spencer, con la que siempre mantuvo una excelente relación. Aquello la alejaría un poco de su carrera cinematográfica, a la que retornó por la puerta grande rodando la que sería la última película de Spencer (“Adivina quién viene a cenar esta noche”, por la que ella ganó su segundo Óscar, y que siempre se negó a ver porque no quería ver los últimos planos rodados por él). El día de su entierro Kate dejó que fuese su mujer la que le acompañara en el funeral y ella se quedó, discretamente, en su casa. Tras ése Óscar, al año siguiente, en 1968, lo ganó de nuevo (ex-aequo con Barbra Streisand), por su interpretación junto a Peter O´Toole en “El león en invierno” . Todavía ganaría una cuarta estatuilla por su papel en “En el estanque dorado”, en 1981, trabajando por primera vez junto a Henry Fonda, a quien regaló el sombrero favorito de Spencer el primer dia del rodaje. Aquí tenéis una selección de fotos de Kate en diferentes rodajes:

Su fuerte personalidad queda reflejada en las anécdotas que tienen de ella quienes la conocieron. Así, John Huston, que la dirigió en Kenia junto a Humphrey Bogart en “La reina de África”, gran aficionado a la caza, recuerda que ella le comentó, viéndole salir a cazar de madrugada cada mañana antes de empezar a rodar, que no entendía cómo una persona sensible como él podía encontrar placer en matar animales. “Es algo que no se puede explicar, tienes que vivirlo” le contestó él. “De acuerdo, vamos” dijo Kate que, con un rifle en sus manos que no había disparado en su vida, salió junto a John y a un experto cazador blanco a cazar elefantes. Por error se perdieron y aparecieron entre los matorrales en medio de la manada de elefantes. El experto cazador blanco, consciente del peligro que corrían y cobarde como pocos, salió corriendo dejando solos a John y a Kate: “La situación era extremadamente peligrosa- escribió Huston en su autobiografía-  pero yo sabía que lo mejor que podíamos hacer Katie y yo era permanecer inmóviles. El elefante te ve mejor si estás en movimiento, y si se fija en ti, es probable que te levante y te lance por los aires. Me volví para ver cómo se estaba tomando Katie  la situación. Ella llevaba un pequeño rifle, un arma que hubiese podido sacarle un ojo a un elefante, pero nada más. Allí estaba Katie, un pie adelantado, el rifle levantado y la mandíbula firme. Era realmente valiente. Yo estaba enormemente alterado porque no me sentía nada seguro. Finalmente la manada se dispersó y nosotros emprendimos el camino de vuelta. Con aire avergonzado reapareció el experto cazador blanco. Fue pura suerte el que los tres resultásemos ilesos. En el camino de regreso al campamento Katie iba delante y, de repente, dejó su rifle apoyado en un árbol y se puso a filmar con su cámara de 8 milímetros. Yo me acerqué para ver lo que estaba filmando y descubrí que iba andando hacia el jabalí más grande que he visto en mi vida. Debía pesar doscientos kilos y tenía unos colmillos enormes. “¡Párate, Katie!”, le dije muy bajito, pero ella siguió avanzando hasta que se quedó sin carrete y se paró a rebobinar. Estábamos ya tan cerca que me daba miedo disparar porque, aún con la bala en el corazón, esos animales pueden mantener la embestida. Yo tenía el dedo preparado en el gatillo. Estaba a punto de atacarnos cuando su familia apareció por detrás de él. El jabalí miró a los suyos, nos miró a nosotros de nuevo, y finalmente dió media vuelta y se fue.  Ese fue un día de caza con Katie. Ella estaba encantada con la película que había rodado. Yo estaba casi desvanecido”.

En 1975 rodó por primera y única vez con John Wayne. La película se llamaba “El rifle y la Biblia” y, no podía ser de otra manera, era un western. Wayne se quedó impactado por la fuerte personalidad y la valentía de Kate: “Me encanta- dijo refiriéndose a ella hablando con un visitante del rodaje- Deberías haberla visto allá arriba en las montañas. No sabe montar ni un caballo de juguete, pero se subió en esos caballos y les dio mucha guerra. Teníamos una doble para algunas escenas, pero ella decía: “No se sienta tan derecha como yo en una silla de montar”. En una escena saltó sobre un kayac y se alejó por el río en medio de una fuerte corriente. Sí señor, es una mujer muy dura. ¡Dios mío! ¡Quiere hacerlo todo! No sabe cabalgar y tengo que estar continuamente tirando de las riendas de mi caballo para que ella no se quede atrás. Pero no quiero ni pensar en lo que sería esta maldita película sin ella”. Kate rodó todas las escenas peligrosas: “No he esperado todos estos años a hacer una de “cowboys” con John Wayne para ahora renunciar a un solo momento”, dijo.

Esa valentía la mostró en todas las facetas de su vida. Su apasionado discurso frente a 30.000 personas contra la caza de brujas del Comité de Acciones Antiamericanas del Senador McCarthy defendiendo a sus amigos Humphrey Bogart y Lauren Bacall todavía se recuerda.

A lo largo de su vida intervino en 33 montajes teatrales y participó en 52 películas. Fue nominada 12 veces al Óscar como mejor actriz protagonista. Ganó 4 estatuillas, pero no fue a ninguna de esas ceremonias. No creía en los premios “Los premios no son nada. Mi premio es mi trabajo”, solía decir. Durante toda su vida sólo asistió una vez a la Gala de los Óscars, en 1973, y lo hizo para entregar el premio honorífico Irving Thalberg a su amigo el productor Lawrence Weingarten. El público, puesto en pie, la recibió con un aplauso interminable. Ella no llevaba ni una sola joya encima, ni siquiera un vestido de noche: iba vestida con un kimono negro y un jersey claro de cuello alto, sobrio y sencillo, como era ella. Fue la más elegante aquella noche.

A lo largo de la historia del cine son pocas las personalidades tan complejas, completas y fascinantes como la de Katherine Hepburn. Ella siempre tuvo muy claro lo que queria hacer en la vida, y lo hizo: “Mi mayor fortaleza es el sentido común”; Ella siempre supo lo que de verdad significa amar, y amó: “Amar no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, sólo con lo que esperas dar, es decir: todo”. Murió el 29 de junio de 2003. Lo había dado todo. Aquella noche las luces de todos los teatros de Broadway se apagaron una hora en su honor.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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