Cine/Teatro General

Charles Laughton, un grande entre los más grandes

Charles Laughton es, sin duda, uno de los más grandes actores que ha dado la historia del cine. Actor camaleónico donde los haya, capaz de transmitir una extrema vulnerabilidad o la prepotencia absoluta, actor de matices y detalles, cada película suya es toda una lección de interpretación que, para él,  no era un oficio ni una profesión, sino un arte creativo que estaba a la altura de las creaciones literarias o musicales. Metódico y exigente consigo mismo como pocos, se reía del Método y del Actor´s Studio diciendo que mientras los actores del Método ofrecen fotografías, a él le gustaba más pintar al óleo. Quizá fue James Mason quien mejor le definió cuando dijo de él que era un actor del Método sin sus tonterías. Y si como actor su valía era incuestionable, sus dotes como director no le andaban a la zaga. Solo dirigió una película, “La noche del cazador”. En su día fue incomprendida e ignorada por crítica y público. Hoy, casi sesenta años después de su estreno, es una película de culto que está considerada como una de las mejores de la historia del cine. Su personalidad era arrolladora y no dejaba a nadie indiferente: así, mientras Hitchcok decía “Nunca trabajes con animales, niños ni con Charles Laughton”, Billy Wilder decía que “Laughton es el más grande entre todos los actores”.

Nacido en 1899 en Scarborough (Inglaterra),  primogénito de una familia de hoteleros, su futuro parecía escrito cuando nació: seguir con la tradición del negocio familiar. Para ello quisieron que se formara aprendiendo todos los secretos del mundo de la hostelería trabajando desde abajo y ascendiendo poco a poco en grandes hoteles como el Claridge de Londres. Allí descubre el mundo del teatro y se da cuenta de que aquello es lo suyo. Sin embargo, en 1917 es llamado a filas y lucha en la Primera Guerra Mundial. De vuelta a Inglaterra, compagina su trabajo en el negocio familiar con incursiones en el teatro amateur. Tras una ardua pelea con su familia consigue que le dejen estudiar interpretación en la Royal Academy of Dramatics Arts (RADA), con profesores como Claude Rains o Theodore Komisarjevsky, que le introduce en el universo de Chejov. En 1926 gana el premio al mejor estudiante de la RADA.

Es entonces cuando, dirigido por Komisarjevsky, debuta en el teatro profesional en Londres con obras de Gogol y de Chejov (El jardín de los cerezos y Tres hermanas). Rapidamente va cogiendo experiencia teatral y empieza también a familiarizarse con el mundo del cine trabajando en cortos con guión de H.G.Wells. Es en esta época cuando conoce a la actriz Elsa Lanchester, con la que se casará en 1929, con quien compartirá multitud de repartos (es la inolvidable enfermera de Testigo de cargo) y a la que estará unido hasta su muerte. Su carrera teatral es imparable y sus interpretaciones son una cadena de éxitos. Fue el primer actor en intrerpretar a Hércules Poirot, el famoso detective de Agatha Christie, en un escenario. Simultanea los escenarios londinenses con los de Broadway. Aquí le tenéis en un corto dirigido por Ernst Lubitsch que forma parte de la película “If I had a million” (Si yo tuviera un millón), de 1932.

Hollywood no tarda en llamarle y en ofrecerle suculentos contratos con los estudios mas importantes (Paramount, Universal y Metro-Goldwyn-Mayer), con quienes rueda varias películas. Pero el teatro y Londres le tiran mucho y decide regresar a Inglaterra. En 1933 Alexander Korda le propone protagonizar una película que cambiará radicalmente su vida: “La vida privada de Enrique VIII”, que fue la primera película británica que triunfó en Estados Unidos y por la que Laughton recibió el Óscar. Durante aquellos años trabaja en el Old Vic de Londres renunciando a los astronómicos contratos que le ofrecían en Hollywood para poder volver a los escenarios y a interpertar a sus dramaturgos favoritos: Shakespeare, Wilde, Chejov…

Meses después regresa a Estados Unidos para trabajar con el productor Irving Thalberg y con otros en una serie de películas que culminan con la inolvidable primera versión de “Rebelión a bordo” (“Mutiny on the Bounty”), también producida por Thalberg, en la que interpreta al tiránico Capitán Bligh. Su interpretación del déspota Capitán Bligh junto a la de un joven Clark Gable encabezando el motín es uno de los mejores duelos interpretativos que recuerdo.

Su amigo Korda le propone varios proyectos en Europa que no llegan a materializarse, pero Laughton no pierde la ocasión de subir de nuevo a los escenarios, esta vez para unirse a la Comédie Française en París, interpretando en francés una obra de Molière (“El médico a palos”). Los proyectos de Korda finalmente se plasman en una biografía de Rembrandt que Laughton, un enamorado de la pintura, borda. El siguiente proyecto “Yo Claudio”, basado en la novela de Robert Graves, nunca llega a finalizarse ya que el rodaje se interrumpe a mitad cuando la protagonista femenina (Merle Oberon), sufre un accidente de tráfico. En realidad ese accidente fue la excusa que utilizó Korda para recuperar el dinero invertido cobrando la póliza de seguro del rodaje porque consideraba que había demasiada tensión entre Laughton y el director, Joseph Sternberg. Aquí tenéis una de las secuencias de esa mítica película perdida para siempre en la que Laughton encarna magistralmente al débil Caudio.

Es entonces cuando Laughton decide llevar adelante un proyecto largamente anhelado. Crear su propia productora que le permita trabajar de manera independiente y en los proyectos que él quiera. Cuenta para ello con la voluntad de independizarse de la Metro de su amigo Irving Thalberg, pero la muerte prematura de éste lo impide. Aún así crea su propia productora (Mayflower Pictures) con otros socios. Su idea es hacer películas en Inglaterra que puedan comercializarse en los Estados Unidos. Los resultados no son los esperados y Mayflower se convierte en una fábrica de perder dinero y acumular deudas. El mayor logro de esa productora fue el descubrimiento de una actriz excepcional: Maureen O´Hara. La productora estadounidense RKO le ofrece liquidar las deudas de Mayflower a cambio de que participe en una serie de películas. La primera que le proponen, a la que por el reto que representa lo atractivo de su papel, no se puede negar, es la adaptación de la novela de Victor Hugo “Nuestra Señora de París”, en la que Maureen O´Hara encarnará a Esmeralda y Laughton hará una interpretación inolvidable de Quasimodo, el jorobado de Notre Dame.

Rodando esta película estalla la Segunda Guerra Mundial y la RKO, como tantas otras  productoras norteamericanas, se lanza a rodar películas contra el nazismo y la barbarie. Entre éstas destaca “Esta tierra es mía”, dirigida por Jean Renoir en 1943, en la que Laughton hace una de las mejores interpretaciones de su carrera: la del apocado y cobarde profesor de escuela de una pequeña ciudad de provincias que vive bajo la influencia de su autoritaria madre, que está secretamente enamorado de otra de las profesoras (Maureen O´Hara) y al que la invasión nazi le obligará a tomar conciencia y, venciendo sus miedos, convertirse en un héroe. El trabajo de Laughton en la creación de este personaje está tan lleno de matices, de esas pequeñas cosas que transforman un papel en un papel inolvidable, que merece ocupar un lugar destacado en la historia de la interpretación cinematográfica. Una de las cosas que más me gusta de su forma de interpretar es su maestría en el manejo del tempo interpetativo. Es capaz de mantener en vilo al espectador con una simple mirada, un silencio, un leve gesto de su mano, porque en él estamos viendo absolutamente todo lo que pasa por su mente y por su corazón. Esta película nunca llegó a estrenarse en los cines en España ya que estuvo prohibida durante la época de Franco. Solo ha podido verse cuando la han pasado por la televisión. Os recomiendo encarecidamente que la veáis en cuanto podáis porque es una verdadera obra maestra que tiene un planteamiento y un mensaje que no solo no han envejecido, sino que están más actuales que nunca. Aquí tenéis la escena final de la película. Los que no queráis saber cómo acaba no la veáis, aunque esta película es tan grande que merece ser vista no una sino diez veces, por lo que conocer el final no impide apreciar toda la grandeza del cine que hay en ella.

Es en ésta época cuando Laughton empieza a leer en voz alta, para sus amigos y para los soldados que están convalecientes en los hospitales,  los clásicos de la literatura universal que más le gustan. Esta sería, con el tiempo, una de sus actividades favoritas, llegando a dar giras por diferentes teatros de Estados Unidos con estas lecturas. Llegó incluso a editar dos tomos con las lecturas que él seleccionó entre sus favoritas. Durante la guerra conoce a Bertolt Brecht, que estaba exiliado, y deciden trabajar juntos. Fruto de esta colaboración estrenarán en 1947 “Galileo” en Los Ángeles y en Nueva York. Sin embargo, el terror anticomunista que había en Estados Unidos en esa época obliga a Brecht a regresar a Alemania, por lo que aquel Galileo fue la única vez que estos dos genios de la escena trabajaron juntos. En1950 Laughton se gana las iras de buena parte de sus compatriotas británicos al pedir la nacionalidad norteamericana. Lo hace para poder seguir viviendo en el país donde tiene trabajo. En esa época entra en contacto con un grupo de jóvenes actores que quieren escenificar a los clásicos. Laughton no duda en darles clase. Entre sus alumnos están actrices como Shelley Winters. Son pocas las películas interesantes que le ofrecen y es entonces cuando inicia esas giras de lecturas literarias por diferentes teatros que tanto éxito tienen.

En 1955 no duda en ponerse tras la cámara para dirigir la que sería su única película como director: La noche del cazador, protagonizada por Robert Mitchum. Para realizarla, Laughton se rodeó de primeras figuras en el campo técnico, como el director de fotografía Stanley Cortez. Es una película personalísima que tiene una forma de narrar muy adelantada a su tiempo y una dirección de actores soberbia. La interpretación que Mitchum hace del predicador psicópata es antológica y la imagen de sus manos con las palabras amor y odio pintadas en sus dedos ha pasado a ser un icono de la historia del cine. Sin embargo, ni la crítica ni el público recibieron bien la película y eso impidió que Laugton pudiera dirigir nuevos proyectos (estaba ya trabajando en la adaptación de otra obra, The naked and the Death, con Norman Mailer). Aquí tenéis el trailer de La noche del cazador.

En 1959 intervino en Testigo de cargo, la adaptacion de la novela de Agatha Christie dirigida por Billy Wilder, que contó con un inolvidable reparto en el que Laughton estaba junto a Marlene Dietrich, Tyrone Power y su mujer, Elsa Lanchester. Por su interpretación de ese viejo abogado cascarrabias meticuloso hasta la saciedad y obseso de la justicia fue nominado al Óscar. De nuevo os recomiendo, a los pocos que todavía no la hayáis visto, que la veáis sin falta. Si estáis entre ellos, es mejor que no veáis esta escena de la película, porque aquí sí que desvelar el final es un verdadero crimen. Los que ya la habéis visto, disfrutad, por favor, con este magistral duelo interpretativo entre Laughton y una Marlene Dietrich fabulosa.

Tras Testigo de cargo, Laughton intervino en cuatro películas más (entre las que se encontraba la maravillosa creación del senador corrupto Graco que hizo en el Espartaco de Kubrick), continúo con las lecturas literarias que tanto le gustaban e hizo realidad uno de sus más pasionales sueños: interpretar el rey Lear en el escenario. Su amigo Billy Wilder quería contar con él para el personaje de Moustache en Irma la Dulce, el nuevo proyecto que estaba preparando. Sin embargo un cáncer de huesos muy extendido tenía a Laughton postrado en la cama. Wilder retrasó incluso el inicio del rodaje confiando en que se produjera un milagro que al final no se produjo. Jamás olvidó la última visita que hizo a su amigo en la que éste le regaló la que fue una de sus últimas interpretaciones: la del enfermo que se muestra fuerte y animado para acometer un nuevo proyecto. Laughton murió pocos días después. En su rostro se podía ver el bigote que se estaba dejando para encarnar a Moustache.

Meses después de su muerte, Elsa Lanchester, su viuda, rebeló que Laughton era homosexual. Tras varios años de noviazgo y uno de casados se lo había confesado. Sin embargo siguieron juntos toda su vida porque se querían y porque tenían muchos universos en común para compartir. Laughton había confesado muchas veces que le habría encantado ser padre. Nunca lo fue. Quizá ese fue el único sueño que, a lo largo de su vida, no consiguió convertir en realidad. Os dejo con su voz y su formidable forma de leer en esta grabación de una de sus lecturas literarias.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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