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Tom Waits

Hoy quiero hablarte de un personaje fascinante e irrepetible: Tom Waits. Su vida podría ser la de cualquier personaje de una novela de Bukovski, y sus canciones, esas canciones que canta con la voz desgarrada y rota, son desesperados mensajes lanzados en una botella al mar por un náufrago de esta sociedad a la que no entiende ni perdona. Nacido en California en 1949, es hijo de un músico aficionado a la bebida, las tabernas, el folk y los mariachis, que le abandonó cuando tenía diez años, pero que le hizo el mejor de los regalos que alguien podía hacerle: descubrirle la música. Fue con él con quien aprendió a tocar la guitarra y a cantar las canciones de Woody Guthrie y los corridos mejicanos. Sustituyó la ausencia de su padre adoptando como padres musicales a algunos de sus ídolos, como Louis Armstrong, o Nat King Cole. A los 18 era ya el vivo retrato de su padre, un viejo de voz ronca que deambulaba por cualquier bar donde hubiera un piano y una buena botella de whisky. “Mi padre era pura rebeldía”, ha declarado en alguna ocasión. Y rebeldía es lo que siempre ha sido Tom Waits, un ser que vive a contra corriente y ajeno a cualquier moda. Para abrir boca te propongo que nos acompañe, si quieres, con una de sus baladas más melancólicas: Broken Bicycles.

Influenciado por las lecturas de la generación Beat, con Burroughs y Kerouac a la cabeza, Waits es un contador de historias de perdedores urbanos, de historias que huelen a alcohol, a mujeres y a nicotina, de historias de madrugadas y de noches que no acaban. Si desgarrada es su voz, sus letras lo son aún mucho más. En junio de 1970, en una de esas interminables noches en las que actuaba en el club Troubador, de Los Ángeles, fue descubierto por Herb Cohen, mánager de Frank Zappa, que le contrata como telonero de su gira.  Waits, que en aquella época vivía en su propio coche porque no tenía donde caerse muerto, aceptó, aunque sus recuerdos de aquella historia no son muy gratos: “Era como una experiencia religiosa. Como si me tiraran a los leones. Creo que Zappa me estaba usando como un termómetro rectal, claro que no en un sentido literal, jaja, sino para medir la temperatura del público, gente muy melómana. Cuando terminaba me preguntaba: “Hey, Tom, ¿cómo está la gente hoy?”. Era una situación tristísima, pero pensaba: el show bussines es así y estoy pagando el piso. Así desarrollé un gran sentido del humor.”

En 1973 graba su primer album (Closing time), al que han seguido 23 más. Nunca ha sido un compositor de grandes éxitos, pero muchos de los grandes (The Eagles, Bruce Springsteen, Rod Stewart, Patty Smith, Diana Krall o Everything but the girl) han versionado varios de sus temas. Su ídolo es Bob Dylan, sin duda, y tiene una gran amistad con Keith Richards, que le ha acompañado en más de una ocasión a la guitarra y del que confesó que era incapaz de seguirle en su ritmo tóxico. En su música conviven el jazz, el blues, el country, el swing, el folk, el cabaret, Kurt Weill y el tango, en una simbiosis personal y única que hace de Waits un compositor inclasificabale. Y si sus temas son tan difíciles de clasificar, qué decir de sus directos, absolutamente únicos y siempre sorprendentes. No se prodiga en giras ni en conceder entrevistas o promocionar sus discos (“la verdad, prefiero quedarme en casa con mi mujer”). En los ochenta colgó las botas de la mala vida y dejó la bebida. Se casó con Kathleen Brennan, con quien tiene tres hijos y a quien dedicó  la canción “Jersey girl”, versionada también por Bruce Springsteen. Ahora Waits es un hombre de familia, un tanto particular, pero hombre de familia al fin y al cabo: “Mi hijo es el batería de la banda y se queja de que le pago poco…”

Hasta 2008 no actuó en España. Lo hizo por primera vez en el Kursaal de San Sebastián para presentar su triple album “Orphans”, un álbum que había presentado a la prensa estadounidense en una cafetería de carretera en medio del desierto de Nevada. Su relación con las canciones es como una historia de amor y seducción: “A todos nos gustan las canciones; lo importante es que a ellas les gustes tú. Por eso debes coquetearles, hacerte el interesante, para que se queden contigo. Pero es un lío mantenerte atractivo todo el tiempo para que no nos abandonen. Hay que seducirlas, pero no sé si lo he aprendido, a pesar de los años. Uno no debería tenerse tanta confianza. Uno hace canciones solo cuando ellas desean que lo hagas…”

Escuchar la música de Waits, esas historias llenas de aguardiente y derrota, no puede hacerse sin ensimismarte en ella, debes dejarte llevar, dejarte seducir por esa voz ronca que te guía por los caminos de la oscuridad y de la noche para contarte todos sus secretos. Waits es un crooner sí, y también es ese barman de toda la vida que te conoce y que cada noche te espera solitario en su barra, porque sabe que tarde o temprano vendrás, porque siempre vuelves cuando tienes ganas de hablar con alguien o, simplemente, de que alguien te cuente una historia, no importa cual ni de quien, porque siempre conoces a alguien que podría haberla vivido…

Otra de las facetas artísticas de Waits es su labor como actor. Debutó en 1978 en un pequeño papel en una película para la que había escrito el tema principal de la banda sonora: “La cocina del infierno”, de Sylvester Stallone. Su mujer había sido colaboradora en muchas de las películas de Francis Ford Coppola, a quien le unía una gran amistad, amistad que Waits también hizo suya. De esta relación surgieron muchas ocasiones de colaborar como compositor de bandas sonoras (“Corazonada”) y como actor (“Rebeldes” o “La ley de la calle”). También trabajó como actor en “Cotton Club”, “Drácula”, “Vidas cruzadas”, “Domino”, “El imaginario del doctor Parnassus” y la última, “El libro de Eli”. Mención aparte merecen las tres películas de su amigo Jim Jarmusch en las que también actuó o compuso la banda sonora: “Bajo el peso de la ley”, “Coffe and Cigarrettes”  y “Noche en la tierra”.

Aquí le podéis ver en el trailer de “El imaginario del doctor Parnassus”, de Terry Gilliam, haciendo el papel del Diablo.

Trabajar como actor es algo que le gusta mucho y que le divierte, pero siempre y cuando ” te guste tu papel, porque si aceptas trabajar y el papel no te gusta, a mitad del rodaje ya te quieres matar. Es como una relación de pareja: algo infernal puede salir en el camino”. Su fuerte, sin embargo, son las canciones para las bandas sonoras, entre las que destacan “El club de la lucha”, “La tormenta perfecta”, “12 monos” o “Shrek 2”. Aquí, en nuestro país, Fernando León de Aranoa incluyó uno de sus temas más bellos, “On the other side of the world”, en su película “Los lunes al sol”. Su concepto de la relación entre la música y la película también es muy diáfano: “A veces quieren que mejores y salves una película con una canción. Y eso no se puede. Aunque , a veces, una canción puede iluminar un filme, pero no sé las leyes para lograr ese efecto.” En “Los lunes al sol” se produjo un efecto mucho más mágico aún: la canción iluminó la película, y la película iluminó la canción…

Personaje independiente donde los haya, siempre ha estado en contra de que sus canciones o su imagen se utilicen para la publicidad. “Al parecer la mayor virtud que nuestra cultura reconoce a los artistas es salir en los anuncios, preferiblemente desnudos, y fardando en el capó de un nuevo coche. Yo he rechazado muchas veces este dudoso honor.” De hecho fue el primer artista que ganó una demanda contra un anunciante que había utilizado a un imitador suyo que cantaba una canción muy parecida a la que le habían pedido que cantase personalmente para un anuncio, a lo que él se había negado. A esa demanda han seguido muchas más, contra Levi´s en Estados Unidos, contra Audi en España o contra Opel en Escandinavia. Normalmente las cantidades que le pagan como indemnización las dona a organizaciones benéficas.

Una anécdota resume perfectamente la personalidad y la forma de ver y de vivir la vida de Tom Waits. En 1997 fue arrestado frente a una tienda en Los Ángeles por intentar detener, junto a un amigo, a dos hombres que querían robar a otros clientes y que, tras un intenso forcejeo,  resultaron ser policías vestidos de civil. En el juicio el jurado declaró a Waits y a su amigo inocentes y Waits demandó inmediatamente al departamento de policía, que tuvo que indemnizarle. También donó a una organización benéfica aquella indemnización.

Para entender y disfrutar la música de Waits hay que aceptar su invitación a contarnos, con su desgarrada voz y la extrema melancolía de su música, sus historias. Puede que un buen momento para hacerlo sea bien entrada la madrugada, a oscuras y acompañado sólo por alguien que sea mejor, mucho mejor, que tu soledad. Son historias vividas o soñadas, que en su caso viene a ser lo mismo, y que él nos cuenta desde algo que conoce muy bien: su yo más profundo. Aquí tienes cuatro videos en los que puedes verle y escucharle con esa manera tan suya de presentarnos y cantarnos sus historias… La anécdota que cuenta para presentar “Jersey girl” no tiene desperdicio: estando una noche solo en una habitación del famoso Chelsea Hotel de Nueva York, tumbado en la cama en calzoncillos viendo una pelicula de Anthony Quinn en la tele, de repente abre la puerta y entra una pareja en la habitación haciendo algo que Waits estaba muy acostumbrado a hacer: quedarse la llave de la habitación donde había dormido el día anterior y probar suerte por si esa noche estaba vacía. Tras la azarosa situación que se crea, les dice a los jóvenes que, si quieren, pueden quedarse en el baño y el joven, nerviosísimo, con el corazón a punto de estallar, le dice que no hay ningún problema en que él se quede en la habitación si quiere. “Ya sé que me puedo quedar, es mi habitación”, le contesta Waits. Contrariado por la intromisión, porque le han chafado el momento cumbre de la peli para el que llevaba dos horas esperando y por el drama que se imagina que se puede montar en el baño, decide ofrecerles 50 dólares para que cojan otra habitación. Los jóvenes, sorprendidos, lo aceptan encantados. Cogen otra habitación y vuelven a la de Waits… ¡ para devolverle el cambio y bendecirle! Realmente cosas así solo pueden pasarle a gente tan particular como Tom Waits y en hoteles tan especiales como el Chelsea de Nueva York…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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