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Que no paguen los de siempre…

Hace unos cuantos meses, la avaricia de muchos de los especuladores que gestionan la banca y las grandes empresas provocaron un crisis económica sin precedentes. Lo hicieron amparados en una desregulación de los mercados que habían exigido una y otra vez para justificar el buen funcionamiento del mercado que ellos llaman libre, y que nuestros políticos otorgaron de buen grado. Esos prohombres de nuestra sociedad llevaron a las instituciones que dirigían al borde de la quiebra. “El sistema se puede colapsar”, nos dijeron entonces, “todo se va a ir a paseo, los ahorradores perderán sus ahorros, los depositantes sus depósitos y la empresas el crédito que necesitan para sobrevivir…” Aterrorizados ante aquel panorama dantesco, los políticos de los países desarrollados emprendieron una “heroica” cruzada de salvamento de los bancos en crisis con nuestro dinero, con el dinero de todos nosotros. Llevaban 40 años diciéndonos que no había dinero para poder dar el 0,7% de nuestro PIB a los más necesitados, tal y como se habían comprometido públicamente. En sólo seis meses dieron a esos bancos 18 billones de dólares, una cifra seis veces superior a la que se habían comprometido a destinar para ayudar a los más desfavorecidos (y que nunca dieron) durante esos cuarenta años.

Para charlar de este tema y ya que acaba de cumplirse el 30 aniversario del asesinato de John Lennon, te propongo que, si quieres, nos acompañe ahora su “Nowhere man”, en versión de Natalie Merchant:

Todos pensamos que, a cambio de aquel plan de salvamento bancario salvaje y para impedir que nuevas situaciones de crisis como aquella pudieran repetirse, los gobernantes de los países más desarrollados se pondrían de acuerdo para regular los mercados financieros y poner bajo control las operaciones especulativas que habían arrastrado al mundo a la bancarrota. Pero no sólo no lo hicieron, sino que ni uno sólo de los que causaron la crisis ha pagado algo por ello. No se cambió ni una sola ley para aumentar el control sobre esos especuladores sin escrúpulos que sólo temen a una cosa: al mercado plano donde, si los precios no suben o bajan ellos no pueden ganar dinero. Les da igual que la bolsa, las materias primas o los derivados suban o bajen, ellos “apuestan” en su contra y siempre ganan. El único escenario que no les permite la especulación es el mercado plano. Por eso no podían permitir que el mundo viviese un período de estabilidad y, sin haber devuelto todavía ni un solo euro de los miles de millones que les prestaron los Estados, han creado la crisis de la deuda poniendo en duda la solvencia de esos propios Estados que les prestaron el dinero, obligándoles a implantar políticas económicas de recorte de gastos sociales y procesos de privatizaciones y liberalizaciones que han dinamitado los derechos que los ciudadanos habíamos conseguido tras más de un siglo de lucha. Escudándose en la invisible mano del “mercado”, ese mercado que nadie dice saber quien maneja y que, con el mayor de los cinismos, nos dicen que es el pobre pensionista o el ahorrador que invierte en un fondo de inversión, se han dedicado, a través de sus agencias de calificación de riesgo y de fuertes apuestas especulativas, a deteriorar la credibilidad en la deuda pública de los Estados que les prestaron dinero obligando a que paguen por ella un tipo de interés mucho más alto que el que les correspondería y a recortar drásticamente el gasto social para reducir el déficit en el que se encuentran.

Pero es que, además, la cosa no acaba ahí: los beneficios que se han repartido como premio los gestores de los bancos y las instituciones que provocaron la crisis han sido los mayores de la historia. Sólo los de las principales empresas que cotizan en Wall Street, por ejemplo, se han repartido este año 144.000 millones de dolares.

Y esos premios, como los prestamos que les dieron nuestros gobernantes con nuestro dinero, porque no lo olvidemos lo que les prestaron es el dinero que nosotros pagamos con nuestros impuestos, vamos a tener que pagarlos definitivamente nosotros a través de una rebaja de sueldos, de reformas del mercado laboral que dinamitan los derechos adquiridos de los trabajadores, de la ayuda al desarrollo, del aumento de la edad de jubilación hasta los 67 años, de la rebaja en las pensiones, de la eliminación de las prestaciones extraordinarias para los parados de larga duración, del recorte salvaje del gasto social para reducir el déficit que tenemos por su culpa. Espero que ninguno de los que tengamos que trabajar desde los 65 a los 67 años olvidemos que con esos dos años de trabajo extra pagaremos el nuevo todo terreno o la casita en la playa que se han comprado este año los gestores de esos bancos que nos han arruinado.

¿Había otras soluciones? ¿Podíamos haber hecho otra cosa? Nuestros gobernantes, con Zapatero a la cabeza con la fe del converso tardío a la doctrina neoliberal, nos dijeron hasta la saciedad que no, que daban aquel dinero a los bancos por nuestro bien y que no había otra solución. Ni siquiera nos dieron una oportunidad no ya para decidir, sino para opinar. Pero no en todos los países fue así: Islandia, por ejemplo, que fue uno de los primeros países que tuvo que enfrentarse a la disyuntiva de dejar caer a sus bancos o salvarlos con dinero público, decidió a través de un referéndum. La respuesta fue dejar caer a los bancos en crisis. Aquellos bancos cayeron. Los mercados y los siempre bienpensantes cerebros de los guardianes del orden económico mundial, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se llevaron las manos a la cabeza augurando las mayores catástrofes para el futuro de la economía islandesa. Han pasado dos años y acaban de publicarse los resultados de aquella decisión: hoy Islandia es uno de los países occidentales que tiene una tasa de crecimiento más alta, la crisis parece haber sido ya superada, el paro desciende, se crea empleo, se crean nuevas empresas… Vamos, igualito que aquí ¿verdad?

Pero lo peor de todo no es que nos hayan robado, sino cómo hemos reaccionado ante este robo. Por toda Europa, desde Grecia hasta Irlanda, pasando por Italia, Francia y el Reino Unido vemos salir a la gente a las calles a protestar, a reclamar sus legítimos derechos: los estudiantes exigiendo la rebaja de las tasas universitarias en Inglaterra, protestando por la disminución del presupuesto de cultura en Italia, huelgas generales continuas en Grecia contra los recortes sociales… Pero ¿y nosotros? ¿qué hemos hecho nosotros?. Callar y mirar a otro lado. Nuestros sindicatos convocaron sin ningún convencimiento, todo sea dicho, una huelga general que todavía ha debilitado más la fuerza de los ciudadanos porque fue mucho menos seguida de lo que debería haber sido. Se ha aprobado una reforma del mercado laboral que se carga por completo los cimientos de la negociación colectiva ya que deja maltrechos e inservibles los convenios. El 29 de enero nos han dicho que sí o sí se aprobará la reforma de las pensiones que, por de pronto, nos obligará a trabajar dos años más. La semana pasada desapareció de un plumazo la ayuda de 426  euros para los parados de larga duración en un país con más de cuatro millones y medio de parados de los que muchos llevan más de un año sin encontrar trabajo.

Y para más INRI, cuando un colectivo, el de los controladores aéreos, que no cuenta con las simpatías de la ciudadanía por sus privilegiadas condiciones laborales, se planta de verdad frente al atropello que se hace de sus derechos a base de decretazos, el gobierno declara el estado de alarma por primera vez en la democracia, les militariza y les amenaza con embargarles todos sus bienes y meterles en la cárcel si no van a trabajar. Es decir que para solucionar un conflicto laboral el Estado ha demostrado que está dispuesto a embargar los bienes privados de los trabajadores que defienden sus legítimos derechos y a meterles en la cárcel con un decreto hecho a medida deprisa y corriendo, con nocturnidad y alevosía. ¿Y cómo ha reaccionado la ciudadanía viendo cómo se destruye un convenio colectivo legalmente acordado por las partes que estaba en curso de negociación? Aplaudiendo con las orejas y entusiasmada al ver que, al fin, el todopoderoso papá estado doblegaba a esos niños pijos millonarios de los controladores. ¡Qué gran labor de manipulación y alienación han hecho los medios de comunicación! Han conseguido meternos en un circo en el que los cristianos piden más leones ante el regocijo de los césares neoliberales que se frotan las manos ante tan supina muestra de estupidez. El colectivo de los controladores no cuenta con el apoyo de la población, ni es santo de mi devoción, desde luego, pero lo que se ha hecho con ellos es una muestra del fascismo más atroz y, lo que es más peligroso aún, ha creado un precedente de terroríficas consecuencias para los demás colectivos que intenten defender sus legítimos intereses de clase.

Un marco legal cada vez más restrictivo con derechos fundamentales como el derecho a la huelga, a la que han descafeinado y quitado contenido a base de decretar servicios mínimos; una política económica dictada por los especuladores que causaron la crisis que, como lobos hambrientos, exigen a Zapatero nuevas liberalizaciones del mercado laboral y reformas de las pensiones so pena de no apoyar la deuda española en los mercados financieros; unos sindicatos cada vez más obsoletos y debilitados para los tiempos que corren, y una ciudadanía alienada e idiotizada que protesta porque les han chafado el puente a unos cuantos en lugar de darse cuenta de que lo que les están quitando es la posibilidad de defender su futuro y el de sus hijos, no son, precisamente, buenos augurios para el tiempo que vendrá.

¿Y qué podemos hacer entonces? Muchas son las alternativas que tenemos para oponernos a todo esto y, desde luego, la primera pasa por despertar de una vez, abrir bien los ojos, no dejar que nos engañen más y evitar que sigan atropellando nuestros derechos y robando nuestro dinero ante nuestra total y estúpida indiferencia. El primer paso es no limitarnos a informarnos sólo por la información que nos llega de los medios de comunicación (por si no lo sabes el 63% de los medios de comunicación mundiales está en manos de un solo propietario, así que pon en tela de juicio la mayor parte de las informaciones que te llegan). No hay que contentarse con la información que recibimos, sino que hay que ir a buscarla en medios alternativos a través de internet, antes de que también lo controlen, porque acabarán haciéndolo, no lo dudes. El segundo es formarte tu propia opinión de lo que está pasando, que analices y saques tus propias conclusiones, no las que te den los demás, sino las tuyas propias. Y el tercero es pasar a la acción. Son muchas, infinitas las posibilidades que tienes de hacerlo: voluntariado, colaboración con entidades sociales con las que mejor te identifiques, participación en conferencias, debates y actos públicos donde se traten estos temas, o apoyando iniciativas que otros hayan planteado y que tú creas que son justas.

Una de ellas, por ejemplo, es la campaña que varias organizaciones sociales (ATTAC, etc.) están llevando a cabo para exigir que los gobiernos impongan una tasa a las transacciones financieras especulativas, y a exigir la desaparición de los paraísos fiscales. INTERMON OXFAM  está planteando la campaña desde una óptica muy original y atractiva: ROBIN HOOD, que la crisis no la paguen los de siempre.

Jugando con el nombre de Robin y el de Tobin (por James Tobin, el economista que sugirió la idea de gravar las operaciones financieras especulativas en los años 70), y con la idea de quitar el dinero a los ricos para dárselo a los pobres, plantea una campaña con dos objetivos muy claros:

 1)     QUE NO PAGUEN LOS DE SIEMPRE

Intentar evitar que los países ricos recorten el gasto social y de ayuda al desarrollo en los presupuestos generales del estado.

España ya ha recortado 800 millones de euros entre 2010 y 2011, pero en el proyecto que ha presentado al Congreso plantea un recorte que es casi el doble de lo anunciado. Hay que conseguir que no se recorte ni un euro más y que se quede, al menos, en el 0,45% del PIB.

No se trata, como nos decían, de que no destinamos dinero a los más necesitados por que, como nos dicen, no lo tenemos, ¡porque sí que lo tenemos!, y tampoco se trata de enfrentar a los pobres de aquí con los de los países en desarrollo, sino de que redistribuyan las partidas presupuestarias de forma que no rebajen la ayuda a  los que más lo necesitan (A nivel estatal, con sólo comprar 66 y no 87 eurocazas en 2007 habríamos alcanzado el 0,7% del PIB a ayuda al desarrollo; a nivel local, el Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, ha eliminado la totalidad de las partidas que destinaba a ayuda a los más necesitados de sus presupuestos, once millones y medio de euros, el mismo año que ha decidido sustituir todas las papeleras de la ciudad por otras nuevas que cuestan 72 millones de euros. Por cierto, una referencia para tener una idea de las magnitudes de lo que estamos hablando: el total de la ayuda que el Estado destina a los más necesitados sólo equivale al 60% de la deuda que tiene el Ayuntamiento de Madrid). Piensa que dar el 0,7% del PIB a los que más lo necesitan significa que el 99,3% sigue estando destinado a mantener nuestro llamado estado del bienestar y que ahora, debido precisamente a las dificultades financieras que causa la crisis, lo que se pide es que se destine a los que más lo necesitan sólo el 0,45% de PIB, es decir, quedarnos con el 99,55%.

2)     QUE PAGUEN LOS RESPONSABLES DE LA CRISIS

En lugar de recortar el gasto social y que la crisis la paguemos los de siempre, lo que se propone es que sean los que verdaderamente la han causado quienes la paguen mediante una serie de medidas que incluyen la exigencia de la desaparición de los paraísos fiscales y la implantación de una tasa del 0,05% a todas las operaciones financieras internacionales, llamada TTF (Tasa sobre Transacciones Financieras) o también TASA ROBIN, (esta tasa podría generar 300.000 millones de euros anuales a nivel mundial para luchar contra la pobreza).

Esta tasa no la pagarían los ciudadanos, porque no se aplicaría a las operaciones entre particulares, sino que gravaría las operaciones financieras especulativas. Para que nos hagamos una idea, el total de las operaciones financieras que se realizan a nivel mundial es 70 veces superior al PIB mundial. Es este desequilibrio entre la economía real y la economía financiera la que, en buena parte, ha provocado la crisis. Se trata de gravar las operaciones especulativas que realizan los intermediarios y los agentes financieros, no las que afectan a los particulares.

Su impacto (0,05%) es mínimo, pero al ser un volumen tan elevado el que grava, se generan unos recursos que pueden contribuir de manera decisiva a paliar los problemas de los más necesitados. A nivel técnico implantarla sería muy fácil, simplemente es cuestión de unas cuantas horas de programación.

A nivel fiscal el sector financiero es un sector privilegiado. ¿Es lógico que comprar un coche o un libro tenga que pagar IVA pero comprar derivados financieros no? Y privilegiados son también los dirigentes de los grandes bancos y las instituciones financieras que tienen sus patrimonios protegidos a través de instrumentos fiscales (sicavs) que garantizan un pago ridículo de impuestos sobre la renta del capital (1%).

La normativa del impuesto de sociedades española establece que las empresas con inversiones en el exterior no tributen en España por los dividendos y plusvalías que obtienen fuera de nuestro territorio pero, eso sí, si lo que tienen son pérdidas en el exterior, entonces sí pueden deducirlas de los impuestos que pagan en España.

En cuanto a los paraísos fiscales, la situación es inmoral se mire por donde se mire. Industrias financieras específicamente diseñadas y creadas para que los más ricos no paguen impuestos y para lavar y blanquear dinero procedente de tráfico de armas, drogas, etc. Su sola existencia es un crimen contra la humanidad. Además, se da la circunstancia, no podía ser de otra manera claro, de que sus principales clientes no son los pobres asalariados de a pie que generan el 43% de la recaudación impositiva española, sino los altos directivos de las empresas que, en su gran mayoría, son precisamente los que originaron la crisis y que se desgañitan exigiendo al gobierno que recorte el gasto social y la ayuda al desarrollo. Como dato basta recordar que el 80% de las empresas del IBEX 35 tienen empresas filiales o participadas en paraísos fiscales, donde la inversión española se disparó con la colocación de 680 millones de euros entre enero y marzo de 2010, un 65% más que en todo el año 2009.

Aquí tienes pues una buena iniciativa que puedes apoyar participando en los actos de divulgación y sensibilización que INTERMON OXFAM organiza por toda España, ayudándoles a darla a conocer, y eso lo puedes hacer hasta simplemente hablando de ella durante el café de la mañana o en cualquier cena con los amigos. Hoy, más que nunca, es imprescindible que reaccionemos ante lo que está pasando, que defendamos nuestros derechos, que defendamos todos esos valores en los que creemos pero que se están empeñando en hacernos olvidar: justicia, solidaridad y dignidad. La indiferencia, nuestra indiferencia, ha permitido y favorecido que pase todo esto. Pero todavía estamos a tiempo. Juntos podemos.

www.QueNoPaguenLosDeSiempre.org, En este link encontrarás toda la información que puedes necesitar sobre la campaña de INTERMON OXFAM, no dejes de visitarlo y de informarte no sólo de lo que está pasando, sino de lo que tú puedes hacer para evitarlo. Difundirlo a través de tu correo o de las redes sociales es una acción muy simple que a ti no te cuesta nada, pero que puede hacer que sean muchos los que, como tú, tomen partido por los que más lo necesitan. No dejes de hacerlo.

Subida ya esta entrada he visto esta maravillosa entrevista que la gente de ATTAC le ha hecho a José Luis Sampedro en la que habla de todos estos temas. No os la perdáis, Sampedro es uno de los últimos faros que nos guían en esta inmensa oscuridad de ideas en las que nos han metido…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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