“Z” es una fantástica película del director greco-francés Costa Gavras rodada en 1969, basada en la novela homónima de Vassili Vassilikos que cuenta la historia del asesinato de un líder político pacifista a manos de unos sicarios organizados y pagados por el Estado que intentan simular un accidente de tráfico. Aunque no lo cita explícitamente, lo que nos cuenta es el asesinato del líder pacifista griego Grigoris Lamprakis en 1963, pero el argumento de la película, su mismo título, la época en la que transcurre y la música indudablemente griega de Mikis Theodorakis, lo dejan muy claro. Por si había alguna duda, en los títulos de crédito iniciales de la película aparece un rótulo que dice:” Cualquier parecido con acontecimientos reales y personas vivas o muertas, no es fruto del azar. Es voluntario”, y lo firman Costa Gavras, director de la película y Jorge Semprún, su guionista.

“Z” es una de las películas que inaugura el llamado género del cine político o de denuncia, género en el que Costa-Gavras centró gran parte de su filmografía con títulos como “Missing”, “Estado de sitio” o “La confesión”. Pero ése no es su único mérito, ni mucho menos. Es una espléndida película cuyo guión, estructura, realización y montaje la sitúan entre las más importantes de su época. Su reparto está encabezado por dos monstruos sagrados de la pantalla como Ives Montand e Irène Papas, que dan vida al lider político y a su mujer, aunque en realidad está protagonizada por los actores secundarios que dan vida aquí a los compañeros de partido de Montand y por un Jean-Louis Trintignant encarnando al juez encargado de la investigación que realiza una de las mejores interpertaciones de su carrera. Así los papeles de Charles Denner, François Périer y Jacques Perrin son el eje de la película. Además, la aportación de Perrin, que encarna al joven reportero de un medio izquierdista que destapa toda la trama, fue fundamental ya que es quien aportó el dinero necesario para hacer la película y utilizó los buenos contactos que tenía en Argelia para que pusieran todas las facilidades para su rodaje. Efectivamente, de no ser por Perrin y por rodarse en Argelia, “Z” dificilmente habría podido llegar a hacerse. Montand y Papas también rebajaron considerablemente sus respectivos cachés para que la película pudiera rodarse.

De gran profundidad y sensibilidad, la película nos plantea muchas preguntas, esas preguntas a veces incómodas como la que se hace el propio Montand en un momento de la película: “¿ Por qué nuestras ideas provocan tanta violencia”?. “Z” es una invitación a la reflexión, a que tomemos partido, a que no permanezcamos impasibles e indiferentes a lo que ocurre a nuestro alrededor, a que nos cuestionemos la versión oficial de todo lo que nos dicen, a que abramos nuestra mente y tengamos la valentía de buscar siempre la verdad.

El guión y, sobre todo, el montaje de la película son soberbios. Desde el principio nos muestran que la débil democracia en la que transcurren los hechos no es más que una fachada en la que son los militares quienes gobiernan en la sombra. Poco a poco vamos descubriendo cómo las fatales circunstacias que propician la muerte del político no son tan casuales como parecían, sino todo lo contrario. A través del proceso de investigación del juez, como en un thriller en el que va interrogando a los diferetnes sospechosos, asistimos a la reconstrucción del los hechos desde una serie de flashbacks prodigiosos. Nada es casual, los alborotadores que se infiltraban y torpedeaban las manifestaciones pacifistas eran miembros de un partido de extrema derecha, los sicarios eran sicarios pagados y organizados por la propia policía, los militares les aleccionaron sobre cómo cometer el atentado y qué declarar después, los políticos miraban a otro lado aduciendo que la justicia debía ser independiente hasta que, al ver que iba a destapar la verdad, toman cartas en el asunto…

En este trailer podéis ver el electrizante ritmo de la película

“Z” demostró que con bajo presupuesto se podía hacer un cine de gran calidad que fuera bien acogido tanto por la crítica como por el público. En 1969 se hizo con cinco candidaturas a los Oscars siendo la primera película de la historia que optó simultaneamente al Oscar a la mejor película y a la mejor película extranjera. Finalmente ganó dos: el de mejor película extranjera y el de mejor montaje. En Cannes ganó el premio del Jurado y Trintignant el de mejor actor.

En este montaje podéis ver algunas de sus secuencias más famosas montadas con la excelente banda sonora original de Mikis Theodorakis

A lo largo de la película vamos viendo avanzar el proceso judicial y cómo uno a uno todos los culpables son descubiertos. En un montaje maravilloso en el que hemos visto a cada acusado sentarse frente al juez para prestar declaración y salir como inculpado por la puerta de atrás del juzgado, somos conscientes de que, al fin, la justicia va a ganar. Sin embargo la vida no es una película y la realidad se encargó de que la justicia jamás prevaleciera. En los títulos de crédito finales nos informan de que poco después Grecia sufrió un golpe de Estado, el que instauró el régimen de los coroneles, y que los culpables que habían sufrido penas irrisorias, ni siquiera las cumplieron; que los compañeros del político asesinado aparecieron muertos en extrañas circunstancias; que el juez instructor fue cesado y apartado de la carrera judicial; y que, entre otras cosas, se prohibió: el pelo largo, los Beatles, los movimientos pacifistas, el derecho a la huelga, cualquier tipo de música moderna o popular, Sófocles, Tolstoy, Esquilo, Ionesco, Chéjov, Mark Twain, Beckett, Sartre, las enciclopedias, la libertad de prensa, la sociología… y la letra “Z”, que en griego antiguo significa “que sigue vivo”, y que los estudiantes y los obreros griegos pintaban en las paredes para denunciar el asesinato de Grigoris Lamparkis.

“Z” estuvo prohibida en muchos países y, desde luego, también en Grecia. De hecho se tuvo que rodar con actores franceses y en Argelia porque no podía rodarse en Grecia. En España la censura franquista también la prohibió y no pudo estrenarse hasta 1977. En este pequeño montaje fotográfico podéis ver imágenes reales de Grigoris Lamparkis y de su impresionante entierro. Él fue asesinado por querer mejorar el mundo con sus ideas pacifistas y no violentas. Puede que a Lamprakis le mataran, pero gracias a personas como él, esas ideas, como la “Z” del antiguo alfabeto griego, hoy siguen vivas…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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