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Criminalizar al diferente

Hoy me gustaría hablar sobre una obra de teatro que aborda un tema de máxima actualidad, el de la criminalización del inmigrante. Se trata de “El proyecto Youkali”, una obra escrita y dirigida por Miguel del Arco que, tras ser estrenada el 22 de junio, día mundial del refugiado, ha sido representada durante dos semanas más en las Naves del Matadero, en Madrid. Es una obra sincera, actual e imprescindible en la que nos sitúan frente a una cuestión que las autoridades y los medios de comunicación nos esconden y que, en muchos casos, nosotros no queremos ni ver: la de la realidad de los inmigrantes. En el caso de Youkali, lo que se plantea es la situación de los solicitantes de asilo en España por diferentes motivos (cuestión de sexo, persecución política, religiosa, etc.) cuyas solicitudes, en su inmensa mayoría, son sistemáticamente denegadas.

¿Qué les pasa a esos inmigrantes que han solicitado asilo en nuestro país huyendo de una muerte segura pensando que aquí se respetaban los derechos humanos, la convención de Ginebra y el resto de tratados internacionales? ¿Qué hacen en verdad nuestras autoridades con ellos? Negarles su legítimo derecho y devolverles a sus países de origen donde, en muchas ocasiones, solo encuentran la muerte. Los funcionarios que tan diligentemente torpedean un día sí y otro también la tramitación de esas solicitudes son, cuando menos, cómplices pasivos de asesinato, como lo son los policías que, obedeciendo órdenes, practican detenciones masivas de ciudadanos sospechosos de no ser españoles por algo tan obvio como el color de su piel, en una clara muestra de racismo institucionalizado, como lo son también todos los jueces que aplican restrictivamente la ley, como lo son los políticos que no hacen nada para cambiarla, y como lo somos todos nosotros que callamos y miramos a otro lado pretendiendo ignorar lo que está ocurriendo aquí y ahora en nuestro país. Los casos que plantea “El proyecto Youkali” no son fruto de la imaginación de Miguel del Arco, son casos reales de personas como tú y como yo que vinieron aquí pensando que encontrarían justicia y lo único que han encontrado es odio e indiferencia.

El Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR), una ONG especializada en ayudar a los refugiados que solicitan asilo en nuestro país, acaba de publicar su informe anual de 2010 donde España no queda, desde luego, bien parada en su política de asilo ya que es uno de los países que menos los concede de la Unión Europea, denegando sistematicamente más del 90% de las solicitudes que recibe, solicitudes que, además,  han bajado desde la entrada en vigor de la nueva Ley de Asilo, en noviembre de 2009, que elimina la posibilidad de iniciar los trámites en las embajadas o delegaciones consulares, obligando a que las solicitudes sean presentadas en frontera o en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs). Es decir que España, en lugar de acceder a las repetidas recomentaciones internacionales de entidades como ACNUR para que flexibilice su política de asilo resolviendo favorablemente más resoluciones de las que lo hace y logre que sus estadísticas estén en línea con las del resto de países comunitarios, lo que ha hecho ha sido endurecer aún más los trámites para que sean menos las solicitudes que recibe y sus estadísticas no resulten tan escandalosas. Pero, aún así, los datos dejan la política de nuestro gobierno por los suelos. Para hacernos una idea, basta saber que mientras Alemania otorgó estatuto de asilo o permiso de residencia a refugiados a 8.745 personas en 2009, Gran Bretaña a 8.350, Holanda a 7.905 y Suecia a 7.090, España lo concedió únicamente a 349 personas. La comparación con nuestros países vecinos y gobernados no precisamente por partidos socialistas, sino por la derecha de Sarkozy y de Berlusconi que expulsan a los gitanos sin el menor miramiento, también resulta escandalosa: Francia lo otorgó a 5.058 personas e Italia a 8.470. Son muchas las causas que provocan esta vergonzosa situación de un país que se las quiere dar de ser el adalid de la justicia y la solidaridad internacional: de acuerdo con nuestra legislación, las solicitudes se aprueban o deniegan fundamentalmente por algo tan científico y objetivo como que el funcionario de turno que atiende la solicitud considere que los hechos que relata el solicitante sean o no verosímiles; no tenemos funcionarios especializados en la forma adecuada de tratar, por ejemplo, a los niños soldado que piden asilo; por no tener, ni tenemos estadísticas sobre cuántos niños soldado han solicitado asilo en España, etc., etc. etc. Como digo, las causas pueden ser muchas, pero se resumen ineludiblemente en una sola: la voluntad politica de no conceder asilo a los refugiados demostrada tanto por el PSOE gobernante como por el PP cuando gobernó.

Volviendo a “El proyecto Youkali”, la obra  toma prestado su título de la preciosa canción de Kurt Weill cuya desgarrada letra, entre otras cosas, viene a decir: Hasta el confín del mundo, mi barca vagabunda, errante en el deseo de las olas, me llevó un día; la isla es pequeña, pero el hada que la habita nos invita amablemente a visitarla, Youkali es la tierra de nuestros deseos, es la felicidad, es el placer, es la tierra donde uno olvida sus preocupaciones; en nuestra noche, como un claro, es la estrella que seguimos, Youkali es el respeto a todas las promesas dadas, es la tierra de los amores compartidos, es la esperanza que hay en cada corazón humano, la liberación que esperamos mañana, Youkali es el país de nuestros deseos, es la felicidad, es el placer, pero es un sueño, una locura… Youkali no existe, la vida nos arrastra, fastidiosa, cotidiana, y la pobre alma humana busca el olvido por todas partes, quiere abandonar la tierra para encontrar el misterio que guardan sus sueños enterrados en algún Youkali…

“El proyecto Youkali” aborda, además, otra parte fundamental de este problema: la del tratamiento que recibe en los medios de comunicación.  En esta obra vemos la evolución a lo largo de unos pocos años de un programa de tv sensacionalista que, bajo la apariencia de un periodismo documentalista y de investigación que, en realidad, lo único que pretende es conseguir audiencia, nos va a contar la situación de algunos solicitantes de asilo a lo largo de esos años. Esta evolución no sólo nos muestra la angustia que viven esos inmigrantes en nuestro país y la profunda frustración que les crea el ver que no se les concede el asilo que justamente han solicitado, sino que también nos permite ver cómo la autocensura de los medios de comunicación es el primer eslabón de la cadena que acaba por eliminar la libertad de expresión, la de prensa y luego, inexorablemente, todas las demás. Viendo esta obra se entiende cómo pudo pasar lo que ocurrió en la Alemania nazi. En este video podéis haceros una idea de lo que ha sido este montaje, un montaje que deberían ver en todos los institutos y universidades de este país.

Pero si el tema de los refugiados, la denegación sistemática de asilo y las deportaciones es atroz, no lo es menos el de los inmigrantes sin papeles que, a diario, son detenidos en nuestras calles en una campaña encubierta y oficialmente nunca admitida de redadas masivas que se practican ante nuestros ojos sin que hagamos algo por evitarlo. No estamos frente a casos esporádicos o situaciones anómalas y extraordinarias,  sino frente a casos de racismo y xenofobia institucionalizada. Las expulsiones de gitanos en Francia, y antes en Italia, no son un hecho aislado, ni mucho menos.

Y ya que hablamos de los gitanos, me gustaría que, si quieres, Kroke nos acompañara con la melancolía de una canción de los gitanos de los Balcanes: Ederlezy, que Emir Kusturica incluyó en la espléndida banda sonora de su película “El tiempo de los gitanos”.

Esos gitanos son ciudadanos rumanos y búlgaros, es decir, ciudadanos europeos de pleno derecho, y sin, embargo, son expulsados a sus países de origen incumpliendo la legislación europea que basa en la libertad de movimiento de personas, mercancías y capitales, su propia existencia. La dura respuesta de la comisaria Reding a los repetidos engaños del Gobierno Sarkozy era un rayo de esperanza en defensa de los derechos humanos, pero se ha quedado sola, la han dejado sola los líderes de los principales Estados de la Unión que han dado su apoyo a la política francesa. En nuestro país han mostrado su apoyo a esa política xenófoba y racista de Sarkozy el Presidente Zapatero y el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Escuchar las proclamas de los representantes del Partido Popular contra los gitanos y la inmigración en la precampaña de las elecciones catalanas pone los pelos de punta.

Pero, como decía, esta política no es un hecho aislado. En Suecia, último país europeo donde se han celebrado elecciones, la extrema derecha ha obtenido casi un 6% de los votos pudiendo decantar, por primera vez, la formación de Gobierno, mientras la coalición socialdemócrata, el socialismo moderado que tantos años gobernó Suecia y fue un referente sobre el modelo económico y social orientado hacia la solidaridad y el respeto a los derechos civiles, ha obtenido su peor resultado desde 1920. El auge de la extrema derecha es generalizado, como lo demuestra el ascenso de los partidos ultras en Holanda, Francia, etc. y la aparición del Tea Party en EEUU.  Lo más grave de todo esto no es que los ciudadanos se limiten a observarlo con indiferencia, que ya sería gravísimo, sino que apuestan por ello, que están de acuerdo con ello, como lo demuestra el hecho de que la política de expulsión de los gitanos emprendida por Sarkozy la haya implementado para salvar su momento más bajo de popularidad, lo que efectivamente ha logrado, y para cerrar la puerta al ascenso del partido ultraconservador de Le pen, cuyos votos irán a parar ahora a Sarkozy, con un claro desplazamiento aún más hacia la derecha de la política francesa. Hace unos pocos años celebramos alborozados la caída del muro del Berlín y del telón de acero pensando que eran los últimos muros que tenían que caer para poder construir un mundo más justo. Hoy vemos que con las ruinas de aquellos muros nuestro egoísmo y nuestra indiferencia están permitiendo que nuestros gobernantes levanten otros muros mucho más vergonzosos que aquellos: los que nos separan de los pobres, los que les condenan a la muerte y al olvido. Los vemos separando EEUU de México, Europa de África, Israel de Palestina, etc.etc.etc.

Otro indicador preocupante de la situación europea con respecto al compromiso social y solidario es la politica económica que ha adoptado para enfrentarse a la crisis. Y desde luego no es porque no tenga otra alternativa. Así, mientras EEUU, el país paradigma del capitalismo y defensor a ultranza del libre mercado ha optado, con Obama, por mantener las inversiones públicas para que actúen como motor para salir de la crisis y ha aumentado el gasto público con un programa que amplía la cobertura sanitaria a varios millones de ciudadanos que hasta ahora carecían de ella, renunciando con ello a reducir el déficit público, la Unión Europea ha actuado de forma diametralmente opuesta, aplicando los criterios del liberalismo económico más neocon optando por reducir drásticamente el déficit público en base a reducir los gastos sociales y a reducir la inversión, dejando que sea la iniciativa privada la que actúe como motor. Esta reducción del gasto social europeo afectará directamente a la calidad de vida de sus ciudadanos, y muy especialmente a los de las clases más bajas y con menor poder económico, donde se encuentra la inmensa mayoría de la inmigración llegada a España. Los momentos de crisis económica que hemos vivido a lo largo de la Historia han sido un caldo de cultivo extraordinario para el germen de la violencia racista y xenófoba, para criminalizar al diferente, por lo que el día menos pensado cualquier chispa podría desatar un estallido de violencia que, con la insistente campaña que pretende relacionar la inmigración con la delincuencia y con ser la causa de todos nuestros problemas que irresponsablemente lanzan a diario algunos medios de comunicación y políticos de la España más reaccionaria, desencadene episodios de violencia contra los inmigrantes.

Hoy en nuestro país las detenciones de inmigrantes en las grandes ciudades están siendo masivas y los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), nuestros miniguantánamos particulares, están abarrotados. Fotógrafos y periodistas de diversos medios, entre ellos de uno tan poco sospechoso de ser de izquierda como “La Razón”, han sido sistemáticamente detenidos y sus cámaras requisadas por intentar hacer un seguimiento de esas redadas en las que sólo se pide la documentación a aquellas personas que por su aspecto físico, es decir su raza, aparentan no haber nacido en nuestro país. Ser inmigrante sin papeles es una infracción administrativa, pero no un delito y, sin embargo, los sin papeles que son detenidos, son tratados como delincuentes y son internados en los CIEs donde, como denuncian las principales ONGs, sus derechos son vulnerados e ignorados. Poco importa que esos inmigrantes puedan llevar años en nuestro país y que, aunque precariamente, estén llevando una vida digna alejada de cualquier delito.

En Grecia, en el CIEs de la isla de Lesbos, hartos de sufrir vejaciones y hacinamietno, ciento sesenta menores de entre doce y diecisiete años iniciaron en 2009 una huelga de hambre para protestar por las condiciones de vida a las que están sometidos. Grecia es uno de los países por donde llega más inmigración ilegal a Europa y no tiene infraestructuras preparadas para enfrentarse a este problema. Cuenta con 300 plazas para acoger a menores no acompañados que llegan cuando, en 2008, fueron 1000 los menores que llegaron. Por eso están hacinados hasta 160 detenidos en celdas de 200 m2 con letrinas en el interior de la celda y literas de hasta tres y cuatro alturas saturadas por lo que muchos de ellos, adultos y niños, tienen que dormir en el suelo. ¿Qué delito han cometido para estar detenidos en estas condiciones? Haber intentado escapar del hambre y de la muerte que asolan sus países, haberse jugado la vida cruzando en una patera el negro abismo marino que separa al norte del sur. Han entrado ilegalmente en Europa, sí, pero no han cometido ningún delito y, sin embargo, están presos, están incomunicados y son ninguneados e ignorados por casi todos. Y digo casi todos porque son muchas las ONGs que están denunciando esta situación. En  la misma isla de Lesbos, se puso en marcha la iniciativa “Noborders Camp Lesbos 2009”, que llamó la atención mundial sonbre este problema organizando un campamento donde más de 150 personas acampaban frente al CIEs para intentar mantener contacto con los presos, de cuya situación informan a través de una radio online y de su web. Para que nos hagamos una idea del problema, basta decir que entre los meses de enero y agosto de 2008, entraron ilegalmente en Grecia 70.000 personas, que ese año había 54.000 extranjeros indocumentados internados en CIEs de los que la mitad fueron repatriados a diversos países de Asia y de África y que sólo en el primer semestre de 2009 fueron 57.000 los inmigrantes ilegales interceptados. Las condiciones de esos niños encarcelados durante meses en celdas masificadas con adultos, de las que apenas les dejan salir a un patio al aire libre media hora a la semana, son inhumanas. Grecia, como España, es uno de los países que ratificó la “Convención sobre los derechos del niño” , que obliga a proporcionar protección y asistencia humanitaria a todos los niños sin un padre o cuidador, incluyendo los que buscan refugio, considerendo primordialmente el mejor interés para el niño.”

La persecución al inmigrante, al diferente, hace tiempo que ha empezado en esta Europa que se cree libre, democrática y justa pero que, no hace mucho, vivió la barbarie del nazismo, basada precisamente en culpar al otro, al diferente, de nuestros males. Callar y mirar a otro lado, negar la realidad, es contribuir a crear el caldo de cultivo para que esa barbarie, mucho más cercana de lo que parece, vuelva a resurgir. De nosotros, de cada uno de nosotros, depende que no sea así. Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz y superviviente de Auschwitz ya nos advirtió: “Estábamos convencidos de que después de Auschwitz, los pueblos no cederían al fanatismo, las naciones no sostendrían más guerras y que el racismo, el antisemitismo y la humillación social serían barridas para siempre. No podíamos imaginar que en el curso de nuestras vidas seríamos testigos de más guerras, de nuevas hostilidades raciales y de que el nazismo despertaría en los 5 continentes. Pero hemos aprendido ciertas lecciones. Hemos aprendido a no ser neutrales en tiempos de crisis, porque la neutralidad siempre ayuda al agresor, no a la víctima. Hemos aprendido que el silencio no es nunca la respuesta. Hemos aprendido que lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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