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Macbeth, Declan Donnellan

Esta semana nos ha visitado Declan Donnellan con su impresionante montaje de Macbeth, en las naves del Matadero, de Madrid. Ver evolucionar a los actores, todos vestidos de negro, en un espacio absolutamente vacío era realmente inolvidable. Actor, palabra y acción… ¡¡¡Shakespeare, Shakespeare y Shakespeare!!! El fantástico diseño de la iluminación permitía que los espectadores nos sintiésemos como parte misma de la obra. Este montaje es una verdadera obra maestra en todas sus facetas:  dirección, interpretación… Indudablemente es un montaje que tiene el sello personal de Donnellan. Si ya de por sí el texto permite centrar la atención en Macbeth (encarnado por un prodigioso Will Keen en estado de gracia) y en Lady Macbeth (soberbia Anastasia Hille),  el montaje de Donnellan abunda más en esta dirección haciendo que una buena parte de los personajes secundarios compongan un coro de tragedia griega que realza la tensión dramática de lo que estamos viviendo. Son tantos los aciertos de este montaje…

Si queréis podemos dejar que la suave voz de Loreena McKennitt nos acompañe en este viaje…

 

Sentado en tercera fila frente a aquel inmenso Macbeth en el que no aparece ni una daga y ni una sola espada, aunque los actores consigan hacernos creer que las vemos en todo momento, noté hasta cómo me salpicaba la sangre de todos aquellos desdichados a los que mata la ambición. Hablaba de los aciertos de este montaje, entre los que destaca  precisamente éste, el excitar  la imaginación del espectador hasta límites insospechados partiendo de esa nada escénica que da vida a los actores, a las palabras y a las acciones. Es allí, en ese inmenso espacio vacío poblado de sombras y misterios, donde todo puede suceder… Huyendo de los tópicos de siempre, Donnellan hace que intuyamos la presencia de las brujas sólo por sus voces, no hay narices verrugosas, calderos humeantes ni escobas voladoras, sólo voces, las voces de nuestra conciencia… La forma de dar vida a Lady Macbeth también huye de lo que estamos acostumbrados a ver. Anastasia Hille nos muestra a una mujer ambiciosa pero frágil, decidida pero temerosa a la vez, fría y ardiente a un tiempo… por eso en esta Lady Macbeth vemos las grandezas y las miserias de todo ser humano. Y lo mismo ocurre con el Macbeth creado por Will Keen, en él vemos todo lo que puede pasar por la mente y el corazón de un hombre consciente de su debilidad, a la que intenta doblegar con su ambición y por la pasión que siente por su mujer. No hay un sólo gesto superfluo en la interpretación, todo es conciso, radicalmente conciso y real, porque en estas interpretaciones lo que realmente vemos es la verdad, la verdad del teatro, la verdad de la vida…

El maravilloso juego de luces, la espléndida coreografía de todos los movimientos de los personajes, la economía gestual,  las transiciones, los silencios, esos silencios  shakespearianos, el sonido… todo, absolutamente todo, en este montaje está orientado a crear una atmósfera que, más allá de espacio o tiempo, invite al espectador a despertar su imaginación, a sacudir su conciencia y a emprender ese viaje al fondo de sí mismo que le plantea el texto de Shakespeare.

Donnellan se permite también otras licencias que resultan sorprendentes y que le dan luz y misterio a su montaje. Por un lado, hace que el portero que aparece en el texto original y que estamos acostumbrados a ver representado casi como si fuera un mayordomo, es aquí una portera friki cuya mayor aspiración cultural son los chismes de la telebasura y de la prensa del corazón. Realmente es tronchante ver a ese personaje (único que viste de color en toda la obra, además de un rosa estridente) totalmente ajeno al drama que se está viviendo a su alrededor. Y si ese punto de humor le da luz al montaje, otra de las licencias de Donnellan nos invita a reflexionar. Para Donnellan el personaje de Duncan, el rey que es asesinado, es ciego. ¿Por qué esa elección que no está en el texto?, ¿Por qué precisamente con éste personaje? , ¿Qué es lo que quiere decirnos Donnellan con eso?, ¿Se está refiriendo a que la soledad del poder nos convierte en ciegos y que no vemos ni siquiera las amenazas que tenemos más cercanas?, ¿ Es acaso porque cuando estamos tan ensimismados en nuestro propio mundo no somos capaces de ver lo que verdaderamente está pasando en él?, ¿O lo plantea, al contrario, para expresar la vulnerabilidad del poder, la fragilidad que se esconde tras la efímera posesión del poder…?

Cheek by Jowl, la compañía que nos ha traído este montaje, fue creada por el propio Donnellan junto a Nick Ormerod, encargado de la producción, en 1981, con el objetivo de revisar los textos clásicos evitando los montajes conceptuales y enfatizando el trabajo de los actores. Fiel a esa filosofía, la forma de trabajar de Donnellan es la de integrar y adaptar todas las ideas y experiencias que aportan los actores durante los ensayos y que benefician la calidad del montaje. Donnellan es un integrador que quiere que sus ensayos sean, como dice en su espléndido libro “El actor y la diana”, un espacio donde arriesgar e investigar: ” Una atmósfera sana, donde podamos arriesgarnos y fallar, es indispensable. El miedo corroe esa confianza, mina nuestra seguridad y estropea nuestro trabajo. Y debemos sentir que el ensayo es seguro para que nuestra representación pueda ser peligrosa. En términos generales podemos dividir el trabajo del actor en dos partes, ensayo y representación. De forma más controvertida, podemos también dividir la mente de un ser humano en consciente e inconsciente. El ensayo y el inconsciente tienen ciertas cosas en común. Ambos permanecen normalmente invisibles, pero ambos son esenciales. Son, cada uno a su manera, las cuatro quintas partes del iceberg que están escondidas. Por otra parte, como la cumbre del iceberg, la representación y el consciente están a la vista…” Realmente, viendo este Macbeth se pueden entender perfectamente esas cosas que Donnellan nos explica en “El actor y la diana”: “El actor necesita transferir lo que está en juego de lo que el actor ve a lo que el personaje ve… El actor no debe mirar dentro del personaje, sino a través de él. La vista del actor debe pasar a través del personaje como si el personaje fuera transparente. Como si el personaje fuera una máscara. El actor ve a través de los ojos del personaje. Sólo si el actor ve lo que está en juego para el personaje vivirá éste… Actuar no es una cuestión de cómo vemos las cosas; actuar es cuestión de qué es lo que vemos. Para el actor somos lo que vemos… El actor nunca puede completar lo que el personaje quiere porque el personaje nunca puede completar lo que quiere… Incluso el arte más estilizado trata de la vida, y cuanta más vida esté presente en una obra de arte, mayor será la calidad de ese arte. La vida es misteriosa y trasciende la lógica, por lo cual lo que está vivo no puede ser analizado, enseñado ni aprendido… El médico puede explicar por qué el paciente está muerto, pero nunca por qué el paciente está vivo…”

Cheek by jowl es una compañía británica de ámbito internacional que trabaja con textos preferentemente de autores clásicos, aunque también ha realizado montajes de autores contemporáneos, y lo hace en tres lenguas: inglés, francés y ruso. También gracias a esta compañía se han podido ver representaciones de teatro clásico francés traducidas por primera vez al inglés y que nunca se habían representado en el Reino Unido. La primera vez que visitaron nuestro país fue en el festival de Almagro, en el ya lejano 1984. Cuenta con varios premios Olivier y, sin duda, es una compañía de primera línea dentro del teatro británico y mundial.  Desde el 2006 está asociada al Barbican Centre londinense, donde presenta su temporada. Suele trabajar con un elenco de actores muy consolidado que lleva años trabajando en la compañía, incorporando puntualmente a algunos actores para los montajes. En este Macbeth, por ejemplo, las dos incorporacioens principales han sido Anastasia Hille, que había trabajado con Cheek by jowl por última vez en 1995, y Will Keen, que lo había hecho en 2006.

Tuvimos oportunidad de escuchar a Donnellan en el encuentro con el público que nos ofreció antes de la última representación en Madrid. Allí, en una sala repleta de gente ansiosa por conocer de primera mano su forma de trabajar y por preguntarle sobre los secretos de su mundo, Donnellan mostró tres facetas de su personalidad que le caracterizan: su humildad, su profundo sentido del humor y su amor por el universo teatral. Empezó hablándonos de la importancia de la conexión del actor en escena, ya que sin ella la escena muere, y dijo que, a veces, cuando los actores se sienten perdidos es porque no han establecido ni fijado bien sus prioridades. Para él la prioridad absoluta es que el teatro esté vivo, pero sin intentar hacerlo intereseante, porque eso lo único que hace es matar al teatro. Nos contó que Cheek by jowl surgió de su necesidad de sentirse libre en el mundo del teatro, de poder elegir las obras que quiere representar y de no depender de nadie para hacerlo. Sobre su metodología en los ensayos, uno de los temas más solicitados por el público asistente (mayoritariamente de la profesión, como cabía esperar), comentó que este Macbeth tuvo siete semanas de ensayos y una gira de rodaje de tres semanas más, y que él suele ver una función cada semana o cada quince días para revisarla y ensayar al día siguiente las propuestas que aparecen de esas revisiones, que hacen que la obra esté permanentemente viva. El trabajo corporal, muy importante en este montaje, se crea a partir de los ensayos, sin nada establecido previamente, y cuenta con un director de movimientos para coordinarlo. Donnellan confesó que odia el movimiento como simple expresión plástica, porque para él el cuerpo ha de ser expresión en función de lo que está viviendo en la historia. Sus montajes buscan dinamismo y verdad y para ello el movimiento es importante, pero ha de venir de lo que el actor está haciendo en el escenario. Sobre la coreografía de este montaje, con un impresionante movimiento actoral, Donnellan comentó que, aunque parezca que todos los movimientos están fijados y controlados, en realidad no lo están tanto y hay mucha más libertad de la que parece. Sin embargo la mayor parte de su trabajo no es con el gesto, sino con el verso. Nos contó que en su forma de entender el texto, trabaja no sólo con palabras, sino con sonidos y que cada sílaba tiene un significado. Esto le confiere un ritmo musical a la obra que es mucho más espontáneo de lo que parece. La charla derivó hacia las razones por las que él había escogido el texto de Macbeth, y sus respuestas fueron muy contundentes: Todo surge a raíz de la frase de Lady Macbeth que, una vez que Duncan ha sido asesinado, dice “¿Quién habría pensado que el viejo tenía tanta sangre?”. Para Donnellan lo importante no es el final de la frase, sino el principio (¿Quién hubiera pensado…?), porque esa es la clave del texto: Macbeth no cuenta la historia de un asesinato, sino del hecho de ser conscientes de haberlo cometido. Shakespeare tiene una concepción no lineal del tiempo que da mayor libertad a los personajes, y en Macbeth vemos cómo se enfrenta una y otra vez a lo que ha hecho, al pasado, y para Donnellan nada puede sorprendernos tanto como el pasado, porque el pasado no existe, sino que es nuestra propia recreación del pasado lo que de verdad existe. Y Macbeth vuelve una y otra vez al pasado, sorprendiéndose continuamente con todo lo que ha pasado. La clave de Macbeth es, para Donnellan, si el mal es algo externo o inherente a nosotros y encuentra que Macbeth es justo lo opuesto a la prensa sensacionalista de sucesos actual en la que, tras narrar por capítulos los crímenes de un asesino en serie, se empeña en demostrar que eso no nos puede pasar a nosotros, porque somos muy diferentes de ese psicópata. Macbeth, por el contrario, hace que sintamos que también nosotros somos capaces de cometer los crímenes más horribles si se dan las circunstancias que los propician, y además no pide perdón por ello. Por eso Donnellan escogió este texto, para recordarnos que todos podemos cometer esos crímenes. 

Donnellan no distingue a la hora de afrontar un montaje si el texto que va a escoger es clásico o contemporáneo (ha hecho varios montajes de autores contemporáneos), sino si es un texto que está vivo o no, y cuando lo ha escogido, lo que se plantea es llevarlo a escena como si jamás se hubiera hecho antes. Para él la poesía es fundamental, porque la poesía es ambivalencia, es enigma, nada en ella está seguro o claro, y esa es su magia. Nos dijo que es muy importante no tener las cosas claras para poder explorar, que entender es importante, pero no tanto como intuir porque, según nos dijo, todo lo que podemos explicar está muerto. También comentó el por qué de cambiar el sexo al personaje del portero en este montaje y hacerlo tan fuera del tiempo de la escena y nos explicó que ese personaje es utilizado por Shakespeare para sacudir al público de su época, haciéndole contar chistes sobre los jesuítas españoles (tan temidos por aquel entonces como lo pueda ser ahora Bin Laden), y que optó por jugar a fondo con esa posibilidad para dar un toque de humor, el único a la obra. No podía irme sin despejar la duda de la causa por la que había convertido a Duncan en ciego para su montaje… y su respuesta no me defraudó: “por la poesía, por el equilibrio entre lo que vemos y lo que no vemos, entre la realidad y la imaginación, porque podemos y debemos ver las cosas con los demás sentidos, como lo hace Duncan cuando reconoce la belleza del rostro de Lady Macbeth al palparle la cara…” 

Para que los que no habéis tenido la oportunidad de ver este montaje os hagáis una idea de lo que ha sido, os dejo con un pequeño trailer y con varias entrevistas a Donnellan en las que habla de la interpetación, de Macbeth y de la imaginación. Siento no haber podido encontrar alguna versión traducida con subtítulos al castellano. 

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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