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“Caídos del cielo”, el teatro puede.

¿Teatro sobre gente sin techo, hecho por gente sin techo?. Sí, “Caídos del cielo” demuestra, día tras día, que el teatro puede. Surgida a partir de unos talleres de interpretación que Paloma Pedrero aceptó impartir a personas sin techo en 1998, esta experiencia es hoy una ONG que da cabida al taller de interpretación, a los montajes teatrales que produce y que, en la medida de sus posibilidades, ayuda a todos los sin techo que acuden a ella. “Picnic”, en el Teatro Alfil hacia el año 2000, fue su puesta de largo en un escenario como compañía de teatro profesional. Aquella fue la primera vez que los componentes de aquel taller se subían a un escenario. No fue una lectura dramatizada, sino una representación sui géneris, ya que los actores la habían ensayado tanto que se sabían gran parte de los parlamentos de memoria, aunque subieron al escenario con sus textos en la mano por si no podían recordar sus frases. Fue una experiencia inolvidable que dio pie a consolidar el grupo y a afianzarse en su voluntad de salir de la calle para subir a un escenario.

Y ya que vamos a hablar de historias de la calle, qué mejor que pedirle a un contador de historias como Bruce Springsteen que nos acompañe con una de ellas. Si queréis, ahí le tenéis con Streets of Philadelphia, una desgarrada balada que habla sobre lo que es caer, caer hasta no poder reconocerte ni a ti mismo.

En Paloma Pedrero se daban unas características muy concretas que hicieron que todo aquello fuera posible: ser actriz, ser dramaturga, ser directora, tener experiencia en formación de actores y, sobre todo, ser una persona sensible y tener una personalidad muy dialogante forjada en el saber escuchar. Esos fueron los ingredientes que, junto al incondicional apoyo de Robert Muro, su productor, hicieron que aquel proyecto se convirtiera en una realidad que hoy tiene ya doce años de historia a sus espaldas.

Con el paso del tiempo los propios sin techo le pidieron a Paloma Pedrero que escribiera una obra para ellos, una obra que hablara de ellos, de su vida y sus problemas, de sus sueños, una obra que ellos pudiesen interpretar. Y esa obra es “Caídos del cielo”. Cuenta la historia de los sin techo, de la gente que vive en la calle, de los que lo han perdido todo, de los “nadies”, de los invisibles,  de los que la sociedad llama “indigentes, marginados, vagabundos, clochards, basura… gente sin tarjeta” como dice el texto. Es una obra que está especialmente dedicada a Rosario Endrinal, la mujer que quemaron viva en un cajero de La Caixa de Barcelona. El reparto está formado por actores profesionales y por gente sin techo formada en el taller de Paloma Pedrero. La ilusión ilimitada de todos los que intervinieron en aquel sueño es lo que hizo posible que, tiempo después, en 2008, la obra formase parte de la programación del Festival de Otoño y que se estrenara en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. Al acabar la función el público fue incapaz de identificar quienes eran los actores profesionales y quienes los sin techo. Esa es la mejor definición que puede darse de la calidad del montaje, un montaje que emociona, que te llega dentro, que te sacude y te hace pensar, porque no huye del sufrimiento y del dolor que se vive en las calles, pero tampoco obvia el amor, la dignidad, el sentido del humor, la solidaridad y la esperanza de los que viven en ellas. Lo que hace “Caídos del cielo” es convertir el sufrimiento y el dolor en belleza y poesía. No penséis que “Caídos del cielo” es un dramón lacrimógeno, porque es todo lo contrario, a pesar de tocar todos esos temas con crudeza, es una obra llena de poesía, de alegría, de ilusión, una obra llena de buen humor, porque “Caídos del cielo” es un canto a lo más grande del ser humano: su capacidad de amar.

Los ensayos, como nos cuenta el documental “De la calle al escenario” donde se explica todo el proceso seguido hasta la noche del estreno, no fueron, en absoluto, fáciles. “Para hacer teatro con nosotros hay que estar un poco pirao…” nos dice Paloma, una de las actrices sin techo que forma parte del proyecto desde el principio. Realmente era todo un reto embarcarse en un proceso de ensayos y un compromiso de estreno con una fecha determinada con un grupo de gente de estas características tan especiales, ya que el riesgo de que te dejaran plantado en los ensayos o el día del estreno era real y grande, muy grande. En más de una ocasión tuvieron que ir a buscar a más de uno a la calle para que fuera a los ensayos. Formarles actoralmente, enseñarles a escuchar, a decir y a respirar un texto, a vivir una escena, a controlar los nervios, la dicción, los movimientos, a entender lo que es un escenario, a moverse en él, a perder el miedo a trabajar delante del público… realmente es un trabajo verdaderamente apasionante el que hay detrás de “Caídos del Cielo”.

Cada uno de ellos tiene su propia historia, una historia que les ha marcado profundamente y que no esconden, porque en “Caídos…” se habla de los problemas, del dolor, de la droga, del alcohol, de la muerte, de la angustia, de la soledad, del rechazo, del aislamiento y la falta de esperanza, de todas esas cosas que forman parte de su vida cotidiana. Eso es lo que imprime el carácter de “Caídos…”, que no huye de los problemas ni los oculta, sino que los afronta.  Por eso ha sido y es una fantástica herramienta para ayudarles a recuperar su autoestima, su confianza en sí mismos y, sobre todo, lo único que ellos quieren ser y que, muchas, veces, la sociedad no les permite ser: personas. Porque eso es lo que son y lo que quieren ser: personas, y que se les trate como a tales.

El intenso trabajo en el taller de interpretación les ha dado una base técnica sobre la que apoyarse, les ha enseñado a relajarse, a conocer su cuerpo, a atreverse a mostrar sus sentimientos sin miedo, a abrirse a los demás, a compartir su experiencia y a dar, a dar todo ese mundo que, en algunos casos, llevaban mucho tiempo sin poder compartir. Detrás de cada uno de ellos hay una historia, una historia que, cada día, les pasa a miles de personas y que no es una historia extraña, fantástica o inverosímil, sino una historia vulgar y corriente, una historia cotidiana, una historia que, cualquier día, nos podría pasar a ti o a mí.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de ver su montaje “Me llamo barro”, un homenaje a la figura del poeta Miguel Hernández que repasa toda su trayectoria vital acompañada de algunos de sus más inolvidables poemas. Jamás había escuchado decir los versos de Miguel Hernández con tanta verdad. Puede que técnicamente la forma de decir de estos actores sin techo no fuera perfecta, pero estoy seguro de que el propio Miguel Hernández habría escogido sin dudar esta forma tan particular de decir sus versos a la del mejor de los actores. Es pura verdad, pura emoción, escucharles decir aquellos versos es como escuchar el quejido de su alma, un alma que, como la de Miguel Hernández, sabe muy bien lo que es el dolor y lo que mucho que duele el sufrimiento. Este “Me llamo barro” de “Caídos del cielo” es una obra que debería verse en todos los colegios de este país para que los jóvenes aprendieran a amar la poesía y la vida, que vieran que otro mundo es posible y que todos, absolutamente todos, podemos encontrar nuestro camino y salir adelante sin nos dan una verdadera oportunidad.

Además de este montaje y del que estrenaron en el Fernán Gómez, han hecho otra versión de “Caídos del cielo” de formato más reducido (“Caídos del cielo 2, El secuestro”), que subirán al escenario del teatro Arenal de Madrid desde el 30 de junio al 4 de julio dentro del ciclo que este teatro dedica a Paloma Pedrero. He tenido la suerte de poder sustituir en un par de funciones a uno de los actores que intervienen en este montaje y os puedo decir que ensayar y trabajar con estas personas es una de las experiencias más hermosas que he vivido en mi vida. Nunca había visto tanta motivación y tanta entrega en un escenario. Son alegres, anárquicos, y de una generosidad que no conoce límite, porque son gente que, por encima de todo, ama el teatro, ama el teatro y ama la vida. Por eso, al vivir en primera persona esta experiencia, entiendo el verdadero significado del lema de la ONG “Caídos del cielo”: EL TEATRO PUEDE.     

En estos videos podéis ver un reportaje de Telemadrid sobre el estreno de “Caídos del cielo” en el Fernán Gómez  y  uno de los maravillosos monólogos que hay en la obra.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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