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“Me voy, ahí os quedáis…”

Son muchos los que, hartos ya de todo esto, se han decidido a dejarlo todo para emprender un viaje al fondo de sí mismos. Algunos han buscado su lugar en la naturaleza, como H.D. Thoreau o Christopher McCandless; otros, en pequeños pueblos alejados del mundo al que pertenecían, como Robert Graves, pero todos, absolutamente todos  los que dieron ese paso en sus vidas, lo hicieron siguiendo el impulso interior que nos lleva a encontrarnos a nosotros mismos. Algunos se despidieron de ese mundo que no entendían y al que aborrecían profundamente publicando su autobiografía bajo títulos tan sugerentes como “Good by to all that” (el “Adios a todo eso” de Robert Graves); otros, como Thoreau con su “Walden”,  escribieron la historia de su viaje interior; otros se fueron sencillamente en silencio, sin siquiera despedirse y otros dejaron un escrito del estilo del que el actor George Sanders dejó en su nota de suicidio: “Me voy, ahí os quedáis…”

Para hablar de todo esto creo que no hay mejor música que la de la banda sonora de “Hacia rutas salvajes”, la película que dirigió Sean Penn basada en el libro que cuenta la historia de Christopher McCandless. Son temas compuestos e interpretados por Eddie Vedder, el cantante de Pearl Jam que ha colaborado en otras bandas sonoras, como la de la película “Dead man walking”. Si quieres, puedes escuchar ahora uno de sus temas: “Society”, una preciosa balada cuya letra, entre otras cosas, dice “sociedad, estás realmente loca, espero que no te sientas sola sin mí… sociedad, estás loca de remate, perdóname,  no te enfades si no estoy de acuerdo contigo, espero que no te sientas sola sin mí…”

Uno de los primeros en decidirse a dar este paso fue H. D. Thoreau, intelectual norteamericano que, en 1845, se fue a vivir en soledad durante dos años en una cabaña que él mismo construyó en el lago Walden. Buscaba vivir en armonía con la naturaleza, volver a la naturaleza, a sus bosques y a sus ríos, a vivir la vida al aire libre, lejos de todo y de todos, fiel a esa llamada interior que le empujaba a buscarse a sí mismo en esos bosques y en esos ríos.  En Walden demostró que se puede vivir con lo mínimo: sólo se llevó unos clavos para construir su propia cabaña y pidió prestada un hacha. Thoreau estaba harto de una sociedad que no entendía, de un gobierno y un estado que consideraba superfluos, innecesarios y aniquiladores de la libertad del individuo (de hecho su negativa a pagar impuestos por estar en contra de la guerra provocó que le arrestaran y la posterior publicación de otro de sus escritos más famosos: “La desobediencia civil”, que fue seguido con devoción un siglo más tarde por activistas y defensores de la no violencia como Gandhi o Martin Luther King).

Adelantándose a su tiempo, Thoreau cuestionó el progreso, la contaminación ambiental y la idiocia de la sociedad que le tocó vivir. Muy influenciado por la filosofía oriental, y por el Bhagavad Gita en particular, hace ciento cincuenta años, ya decía cosas como éstas: “El hombre trabaja bajo engaño, y pronto abona la tierra con lo mejor de su persona. Por falaz destino, comunmente llamado necesidad, se ocupa de acumular tesoros que la polilla y la herrumbre echarán a perder y los ladrones saquearán. Que una vida así es de necios lo comprenderá llegado a su final, si no antes… No es sino lo que piensa el hombre de sí mismo lo que fragua su destino… Eso de dedicar la mejor parte de la vida a ganar dinero con objeto de disfrutar de una libertad cuestionable durante la peor parte de aquella me recuerda a aquel inglés que se fue a la India a hacer fortuna para luego poder regresar a Inglaterra y vivir una vida de poeta. Debería haber subido a la buhardilla en primer lugar… Como había cosas que me gustaban más que otras, en especial  mi libertad, y dado que era capaz de vivir ardua y frugalmente, aunque con desahogo, no quise malgastar mi tiempo en procurarme ricas alfombras, ni una cocina delicada, ni una casa de estilo griego o gótico… El hombre es rico según el número de cosas de que puede prescindir… La mayoría de los lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino que son un obstáculo cierto para la elevación de la humanidad… Quien se come una fruta debería, como mínimo, plantar la semilla; y, si es posible, una semilla mejor que la de la fruta que ha saboreado… No es hasta que nos hemos perdido; en otras palabras, hasta que hemos perdido el mundo de vista, que empezamos a encontrarnos a nosotros mismos, a darnos cuenta de dónde estamos… A medida que uno simplifique su vida, las leyes del universo se le revelarán menos complejas; la soledad dejará de ser soledad; la pobreza, pobreza; la debilidad, debilidad. Si has construido castillos en el aire, tu esfuerzo no tiene por qué caer en saco roto. Ese es su sitio, ahora ponles los cimientos… Si un hombre se pasa la mitad del día caminando por los bosques porque los ama, corre el peligro de ser considerado un gandul, pero si se pasa el día entero allí como un especulador, talando árboles, será considerado un ciudadano industrioso y emprendedor… Tengo mucho que aprender del indio; nada del misionero… Una ley jamás hará libre a un hombre; son los hombres quienes tienen que hacer libres a las leyes… ¿No es posible que un individuo pueda tener razón y un gobierno estar equivocado? ¿Deben respetarse las leyes simplemente porque fueron dictadas? ¿O dadas por buenas por todos los ciudadanos si no lo son…? Creo en el bosque, en la pradera y en la noche en la que crece el maíz…. Existen dos tipos de simplicidad: una relacionada con la imbecilidad, la otra con la sabiduría… No busquéis con tanta ansiedad vuestro progreso, ni os sometáis a las múltiples influencias que se ejercen sobre vosotros; todo eso produce disipación. La humildad, como la oscuridad, permite ver las luces del firmamento…”

Las palabras con las que Henry Miller prologó Walden nada menos que en una edición de 1946 son impresionantes y, desde luego, desgraciadamente premonitorias: ” El estado se ha convertido en una especie de Frankenstein. Nunca, como hoy, nos hizo menos falta el estado, así como nunca nos han tiranizado tanto. En todas partes el ciudadano tiene un código moral muy superior al del gobierno al que debe fidelidad. La falsa idea de que el estado existe para protegernos se ha desintegrado miles de veces. Sin embargo, mientras el hombre carezca de seguridad y confianza en sí mismo, el estado prosperará; él puede existir gracias al miedo y a la incertidumbre de cada uno de sus  miembros… Basta que un hombre crea en sí mismo y encontrará el camino de la existencia, a pesar de las barreras y las tradiciones que lo aprisionan… Thoreau vivió, mientras nosotros, se puede decir, que sólo existimos…Thoreau encontró Walden, pero Walden está en cada lugar donde hay un hombre…”

Todos sabemos que llevamos un Walden dentro. En un momento u otro de nuestras vidas sentimos su llamada. Walden es un espacio físico, pero también es mucho más: es la necesidad que tenemos de adentrarnos en el camino que nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos, a saber quiénes y cómo somos; el camino que nos lleva a conocernos y a aceptarnos tal y como somos. Walden también es una utopía, esa utopía necesaria que nos empuja a levantarnos cada mañana para seguir adelante. Walden está vivo, intensamente vivo en nuestro aquí y en nuestro ahora. A veces basta la suave caricia del aire en la cara, el vuelo de un pájaro, el susurro del agua en el arroyo o el del viento entre los árboles para recordarnos que Walden está vivo… porque nosotros estamos vivos.

¿Qué pensaría Thoreau de un mundo como el que hemos construido o, simplemente, permitido que construyan?, ¿Qué diría del modelo de vida de nuestras ciudades?, ¿Y del nuestro, del de cada uno de nosotros?, ¿Cómo reaccionaría al ver que, conscientemente, estamos destruyendo todos los Waldens del mundo en una alocada carrera hacia el seguro suicidio de la humanidad y el asesinato del planeta?, ¿Cómo reaccionaría ante el cada día más absoluto y férreo control de nuestras vidas por el estado en ese cotidiano renunciar a nuestra dignidad y a nuestra libertad a cambio de falsas promesas de seguridad?, ¿Cómo nos vería él, que luchó hasta la extenuación contra la esclavitud, al ver que voluntariamente nos esclavizamos por tener una casa más grande o un coche más moderno…?

Si queréis podemos escuchar ahora otra canción de la misma banda sonora. Su título es “Guaranteed”, y, entre otras cosas, dice “… con el viento en mi cabeza me siento parte de todo, bajo mis rodillas hay un camino que desaparece, por las noches escucho el canto de los árboles, cantan con los muertos, sobre todos nosotros…”

“Into the wild”, la película de Sean Penn sobre la vida de Chris McCandless nos muestra que no es fácil seguir el camino que inició Thoreau y que,abotargados y aburguesados como estamos por nuestra sociedad y nuestro modelo de vida, cada vez estamos más alejados de la naturaleza y menos adaptados para regresar a ella. Son muchas las películas que han tratado el tema del volver a la naturaleza. Una de mis favoritas es “Dersu Uzala”, de Akira Kurosawa. Ganadora del Oscar a la mejor película extranjera de 1975, esta auténtica joya del cine nos cuenta la historia real de la inolvidable amistad entre Vladimir Arseniev, un joven explorador capitán del ejército ruso,  y Dersu Uzala, un cazador mongol que, tras perder a toda su familia por culpa de la viruela, vive solo en la taiga siberiana.

Profundamente integrado en la vida salvaje, Dersu Uzala enseña al capitán los secretos del bosque y de sus “gentes”, pues para Dersu los animales, los árboles, los ríos, el sol. la luna, el fuego y el viento también son “gente”, gente con la que habla y a quien respeta, gente con la que vive en una armonía total con la naturaleza. La ingenuidad, la limpieza de mirada y de espíritu de Dersu, hacen que el capitán sienta una profunda admiración por el viejo cazador. Entre ambos surge una amistad que, más allá del espacio y del tiempo, les unirá durante toda la vida. A lo largo de los diferentes viajes que el capitán Arseniev va realizando a esa región de la taiga vemos cómo esa amistad permanece inalterable, al tiempo que vemos que las facultades físicas de Dersu empiezan a flaquear. La vista, imprescindible para un cazador y más si ha de vivir en esas condiciones tan extremas, le empieza a fallar y no tiene más remedio que aceptar la invitación del capitán a que deje la vida en los bosques y se vaya a vivir con él a la ciudad. Una vez allí Dersu no puede entender el sinsentido de la vida en la ciudad y, a pesar de ser consciente de su pérdida de visión, decide regresar a su vida en el bosque. Pocas veces la amistad y el amor a la naturaleza se han tratado con tanta sensibilidad como en esta película. Os dejo con un par de secuencias para que os animéis a verla los que todavía no la hayáis visto, o a deleitaros volviendo a verla los que ya la visteis en su día…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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