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Mikhail Baryshnikov, poesía de la danza en libertad

Hoy quiero hablaros de uno de esos seres irrepetibles capaces de hacernos soñar y de elevarnos  alto, muy alto, tras esos sueños: Mikhail Baryshnikov. Es, posiblemente, uno de los mejores bailarines de la historia. Formado en el ballet clásico, lo dejó todo para buscarse a sí mismo en la danza contemporánea. ¿Recordáis la escena de la película “White Nights” (Noches de Sol), en la que él baila “Horses”, la desgarrada canción de Vladimir Vissotsky en un impresionate Kirov vacío, estando sólo frente a su antigua novia (una Helen Mirren extraordinaria, como siempre), intentando hacerle comprender lo que puede llegar a sentir al bailar en libertad, la irrefrenable necesidad que él tiene de ser libre? Su baile es poesía, la poesía de la danza en libertad…

Y ya que hemos empezado escuchando la profunda voz de Vissotsky, os propongo que, si queréis, sigamos con sus “Variaciones sobre temas gitanos”  mientras hablamos de Mikhail Baryshnikov.

Considerado por muchos como el mejor bailarín de todos los tiempos, su vida podría llevarse perfectamente al cine. Nacido en 1948 en Riga (República Socialista de Letonia, antigua Unión Soviética), ya que su padre, ingeniero del ejército soviético estaba destinado allí, era una chaval apasionado por la natación y el fútbol. Cuando tenía once años, su madre, gran aficionada a la danza, presentó una solicitud para que le admitieran en la Escuela de Ballet del Teatro de la Ópera de Riga. Sin dar ninguna explicación ni dejar ninguna carta, su madre se suicidó a los pocos meses. Su eduación recayó entonces en su padre y en su abuela. Poco después llegó una carta en la que confirmaban que Misha, como le conocen sus amigos, había sido admitido en la Escuela de Ballet. Al principio se sintió más atraído por el piano, pero acabó centrándose en sus estudios de danza. En 1963, durante una visita a Leningrado, Alexander Pushkin, una verdadera institución de la danza en la Unión Soviética, le hizo una audición y le admitió como alumno en la Academia de Ballet Vagánova.  Pushkin, que había sido profesor de Nureyev, fue para Baryshnikov como un segundo padre, ya que, con quince años, abandonó definitivamente su casa para incorporarse a la Academia. Tras tres años de formación muy intensa, fue admitido en el Ballet del Kirov no como aprendiz del cuerpo de baile, como maracaba la tradición, sino como solista en Giselle. Enseguida empezó a ganar premios internacionales y dos años después ya obtuvo su primer papel principal. Fue el bailarín más joven en recibir el Premio del Estado al Mérito de la URSS. En aquella época se consagró como uno de los mejores bailarines de ballet clásico del mundo.

Sin embargo Baryshnikov sentía la necesidad de buscar nuevas formas de expresión y estaba muy interesado en conocer a fondo las coreografías y las nuevas tendencias de la danza moderna. Pero en la URSS no era posible adentrarse en ese camino, y su futuro se centraba exclusivamente en ser la primera figura mundial del ballet clásico, lo que a él no le llamaba especialmente la atención.  Por ello miraba cada vez con más envidia y entusiasmo a los grandes coreógrafos occidentales. Quería bailar a Roland Petit, a Balanchine, etc… En 1974, durante una gira del Kirov por Canadá, decidió desertar de la Unión Soviética. Al acabar la última representación en Toronto, se escapó por la puerta de atrás el teatro y pidió asilo político. Poco después se trasladó a los Estados Unidos, donde se incorporó al American Ballet Theater como bailarín principal. Centrado en la danza moderna, entre 1978 y 1980 abandona el ABT para crear, junto a George Balanchine y Jerome Robbins, el New York City Ballet, con el que trabaja dos años, antes de regresar, en 1980 al ABT donde compaginará su trabajo como primer bailarín y la dirección artística durante una década. Es también en 1980 cuando se une sentimentalmente a Jessica Lange, con la que nunca se casó, porque él siempre ha defendido que no cree en el matrimonio, y con la que tuvo una hija. Durante esa época empieza a sufrir sus primeros problemas con la rodilla derecha, que desembocarán en una larga serie de operaciones que, si bien nunca le han impedido seguir bailando, han limitado parcialmente algunos movimientos (de hecho, en las nuevas coreografías que se han hecho para él, esas limitaciones se han tenido en cuenta para no cargar su rodilla). Tras su relación con Jessica Lange, con la que sigue manteniendo una gran amistad, se unió sentimentalmente a la exbailarina Lisa Rinehart, con la que tiene tres hijos.

En 1990 abandonó definitivamente el ABT para crear el White Oak Dance Project, su propia compañía con la que da varias giras por todo el mundo, en las que él sigue bailando acompañado de bailarines mucho más jóvenes, dando a conocer nuevas coreografías de jóvenes talentos que incluye en su repertorio junto a otras ya consolidadas. Hace algunos años visitaron Barcelona, dentro del Festival del Grec, donde obtuvieron un gran éxito. Yo tenía una espléndida localidad para ver la última función, pero la lluvia obligó a cancelarla. Aquella noche yo acompañaba a un familiar que tenía que ir en silla de ruedas por lo que me dejaron entrar por la entrada de artistas que da directamente al escenario. Refugiados de la lluvia en aquella entrada, un interminable túnel de más de 200 metros, nuestra sorpresa fue cuando, poco después de que se anunciase oficialmente la cancelacíon de la función, el propio Barysnikov se acercó para pedirnos disculpas por no poder bailar aquella noche y se quedó charlando un rato con nosotros. Su humildad y el calor humano de aquel gesto son realmente difíciles de olvidar, como lo es también lo que me comentaron algunos de los miembros de la Cruz Roja que estaban allí:  la noche anterior, justo antes de la función, también había empezado a llover y Barysnikov, viendo que el público seguía esperando a la intemperie, salió personalmente al escenario con una fregona y empezó a secar la tarima del escenario pidiendo al público que esperase un poco más hasta que el escenario estuviera totalmente seco, porque aquella noche, pasada ya la lluvia, iban a bailar…

En 2005 creó el Baryshnikov Arts Center (BAC), en Nueva York, para dar cabida a las actividades de la Barysnikov Dance Foundation. El BAC es un laboratorio creativo multidisciplinar, un punto de encuentro y un espacio escénico para artistas de todo el mundo que, de otra forma, dificilmente habrían tenido oportunidad de poder actuar en Estados Unidos. Tiene su propia compañía residente. Cada año sigue saliendo de gira con la compañía, visitando escenarios de todo el mundo. Su personalidad arrolladora encontró su auténtico mundo en la danza moderna, a la que ha consagrado su vida, aunque, como él mismo dice, no se arrepiente de nada de lo que ha hecho: “Cada ballet que he hecho me ha dado algo importante: todo lo que he hecho me ha dado más libertad”.

La forma de bailar de Misha Baryshnikov es inimitable. Supera su escasa estatura (los primeros bailarines suelen ser más altos) con una técnica prodigiosa y, sobre todo, con alma, esa alma que pone en todos sus movimientos. Le he visto llenar un escenario vacío con un sólo movimiento de su mano. Tiene una presencia, una forma tan especial de moverse, de detener el tiempo y de expresar sentimientos y emociones con su cuerpo que le hacen inigualable. Barysnikov es el encuentro del profundo amor por lo que hace, con la técnica y con la pasión, por eso todo en él es danza, es poesía y es libertad. Su baile es belleza, pasión y belleza.

Su adaptación a la vida americana no fue fácil ya que era un mundo muy diferente al suyo, un mundo que desconocía y del que no hablaba ni su idioma (“Yo sólo hablaba ruso, letón y francés; aprendí el inglés viendo las películas de Fred Astaire y de James Cagney por la televisión”). Además, Barysnikov siempre ha reconocido que “un ruso siempre tiene alma de ruso”. Jamás ha dejado de leer a los gandes escritores rusos.

En Estados Unidos compaginó su carrera como bailarín y director de diferentes Ballets con su trabajo como actor en varias películas. Su primer papel, en la película “The turning point” (Paso decisivo), le valió ser candidato al Oscar al mejor actor de reparto en1977. Poco después rodó “White Nights” (Noches de Sol), y en 1991, “Company Business”, junto a Gene Hackman, aunque él nunca se ha considerado a sí mismo como un actor (“Intento defender mi trabajo y no desentonar demasiado”, suele decir). Su trabajo más reciente como actor ha sido para la televisión, en la última temporada de “Sexo en Nueva York”, donde era el novio de Sarah Jessica Parker.

Otra memorable actuación de Barysnikov en “White Nights” es la de “Le jeune Homme et la mort”, la famosa coreografía de Roland Petit sobre música de J.S. Bach que abre los títulos de crédito de la película. Viéndosela bailar se entiende que dejara todo en su vida por bailar así. Con esta verdadera joya os dejo ya por hoy.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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