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Eduardo Galeano, una luz en la niebla

galeano 8Pensador, humanista, escritor, poeta, orador, contador de historias, soñador, visionario… aunque quizá la mejor definición para una personalidad como la de Eduardo Galeano sea la de ser humano. Porque eso es lo que es, un ser humano comprometido con el tiempo y el mundo que le ha tocado vivir, un quijote con armadura de papel y lanza de palabra que se enfrenta en sus escritos a todos los molinos que nos amenazan. ¡Es tan raro escuchar hoy a alguien con voz propia, tan increíble ver que aún existe un hombre libre! Galeano es una de esas personas a las que podríamos estar escuchando horas y horas mientras nos relata, con su inimitable y personalísima forma de decir, lo que le acontece a nuestro mundo. Hombre de voz pausada, grave y cálida, a veces dice cosas tan directas y, en apariencia tan sencillas y simples, que hace que nos preguntemos ¿cómo es posible que no me haya dado cuenta de esto tan obvio que he tenido delante todo el tiempo? En efecto, Eduardo Galeano es una de esas contadas personas de las que siempre esperamos escuchar el diagnóstico acertado, la palabra justa, la idea clara y la opinión libre. Aquí le tenéis dándonos su demoledora y clara visión de lo que pasa en nuestro mundo:

 

galeano 9Hombre sabio, de los de café, charla y tertulia,  que añora aquellos lugares sin tiempo que fueron los cafés: “La cultura del mundo actual conduce al desvínculo. Y estos cafés joden a esa cultura. Pertenecen a un tiempo en el que había tiempo para perder el tiempo.” Galeano, sabedor de la importancia del tiempo en el proceso creativo, considera que el libro va creciendo desde dentro, poquito a poquito, porque “los libros van creciendo dentro de uno; lo único que se hace desde arriba son los pozos; los libros crecen desde abajo, desde el fondo de uno; cualquier imposición es enemiga de la creación, porque lo que sale es ortopédico y artificial, por eso nunca he firmado un contrato que me obligara a entregar un libro, porque se tiene que escribir por placer, no por deber; escribo cuando me pica la mano, cuando tengo ganas, cuando tengo necesidad de decir. De esa manera uno aprende el arte del silencio…”

galeano 5En un mundo tan duro y cruel como el que nos ha tocado vivir, la voz de Galeano es una luz en la niebla, un potente faro que nos advierte de los peligros y las trampas para evitar que naufraguemos, o cuando menos, para que podamos seguir intentando mantenernos a flote. “No hay noche que no esconda unos cuantos soles”, suele decir este hombre enamorado sin remedio de la vida, inmerso en un proceso de búsqueda constante: “Puedo decir que he tratado de seguir el ritmo y de escuchar la respiración del mundo en movimiento, de sentir el rumor de sus pasos, del mundo que camina, el rumor de los pasos del mundo. No sé si lo logré; puede que sí, puede que no, puede que un poquito, pero ésa fue mi intención, no quedarme estacionado. No me dediqué a repetirme, busqué otras cosas, otros caminos… Las certezas son las que desayunan dudas todas las mañanas. Una certeza como un desafío es la capacidad de mirar las cosas como por primera vez, sin telarañas en los ojos…”

galeano 10Galeano es consciente de que los males del mundo vienen de esa angustia, de esa ansiedad en la que nos obliga a vivir “un sistema que confunde el mundo con una pista de carreras y que te enseña que el que cae o pierde no merece existir. La cultura dominante del mundo te dice que “Hay que llegar para tener éxito”. No se vive para ganar, se vive para vivir. Vivir el camino. Aunque sean caminos difíciles y te caigas varias veces en ese andar por el camino de la vida, no hay que creerse el cuento de que el fracaso es el único pecado que no tiene redención. En el retrato del mundo de hoy nadie puede detenerse. Hay un pánico: si paras, te pasan por encima. A veces, hay que parar para poder seguir andando. No hay que dejarse engullir por las culturas dominantes, por lo que nos meten en la cabeza: el que no compra no existe, el que no tiene no es. En Occidente el ser es tener, y, lamentablemente, también en Oriente…”

galeano 13Su diagnóstico del funcionamiento del mundo es sencillo y claro: “Los europeos, y en general el norte del mundo, conservan esa especie de manía de sentirse elegidos, quién sabe si por dios o por el diablo, para realizar exámenes de democracia a los países del sur… En el mundo no hay una democracia de verdad; en el mundo hay ciudadanos de primera, de segunda, de tercera, de cuarta categoría; y hay muertos también. Cada minuto mueren en el mundo diez niños por hambre o por una enfermedad curable, y cada minuto el mundo gasta tres millones de dólares en industria militar. ¿Qué clase de especie es ésta que se dedica al exterminio del prójimo?…”

También es muy diáfana, y desde luego absolutamente necesaria, su manera de analizar la relación que intentan establecer de la crisis con la inmigración: “Es una tradición histórica, creo que milenaria: la culpa de la crisis la tienen los que vienen de fuera, los extranjeros. Siempre ha ocurrido así y esto suele prender bien en vastos sectores de la opinión pública. La idea de que el que viene de fuera viene a sacarte el empleo, la cartera y hasta la mujer y todo… Y , especialmente, si ése que viene tiene piel oscura y proviene de los países malditos del mundo… Y, ahora, cuando se agudiza una crisis que venía de antes, pero que está afectando especialmente a países que se sentían invulnerables, lo que ocurre es una resurrección del racismo expresado de la manera más violenta en el castigo a gente que no tiene más culpa que la de buscar trabajo…”

galeano 17En “ESPEJOS, UNA HISTORIA CASI UNIVERSAL”, un libro absolutamente imprescindible y, como todos los suyos, inclasificable, dice: “Los espejos están llenos de gente. Los invisibles nos ven. Los olvidados nos recuerdan. Cuando nos vemos, les vemos. Cuando nos vamos ¿se van?. Este libro ha sido escrito para que no se vayan.” Es un libro dedicado “a los pensadores y a los sentidores, a los curiosos, a los condenados por preguntar, y a los rebeldes y los perdedores, y a todos esos locos lindos que han sido y son la sal de la tierra.”

A lo largo de esta historia casi universal, Galeano nos da la visión de los que nunca tuvieron voz, la de los que callaron o los callaron, y lo hace cuestionándonos nuestra historia desde su mismo principio: “¿Adán y Eva, eran negros? En África empezó el viaje humano en el mundo…Ahora las mujeres y los hombres tenemos más colores que el arcoiris del cielo; pero todos somos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen del África.”

También nos recuerda que los fundamentos de nuestra idolatrada democracia se basan en la esclavitud: “La democracia griega amaba la libertad, pero vivía de sus prisioneros. Los esclavos y esclavas labraban las tierras, abrían los caminos… Un esclavo era más barato que una mula. Ya Platón advertía que había que tener cuidado con ellos: tienen una inevitable tendencia a odiar a sus amos y sólo una constante vigilancia podrá impedir que nos asesinen a todos… y Aristóteles sostenía que el entrenamiento militar de los ciudadanos era imprescindible, por la inseguridad reinante.”

Su visión del papel de las religiones también es muy diáfano: “Los judíos, los cristianos y los musulmanes veneran a la misma divinidad. Es el Dios de la Biblia que responde a tres nombres: Yahvé, Dios a secas y Alá, según quién lo llame. Los judíos, los cristianos y los musulmanes se matan entre sí diciendo que obedecen sus órdenes…” Todas las culturas tienen sus religiones y hay muchos dioses. El nuestro, es el único que nunca hizo el amor.

También es muy lúcida su forma de cuestionarnos la historia de América: “Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?. ¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa, y al tomate y al chocolate y a las montañas y los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro?. Los que allí vivían ¿eran mudos?. Lo escucharon los peregrinos del Mayflower: Dios decía que América era la Tierra Prometida. Los que allí vivían ¿eran sordos?. Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás. Ahora, los americanos son ellos. Los que vivimos en las otras Américas, ¿qué somos?”.

galeano 16Galeano habla de todos los seres ninguneados y silenciados del mundo, los parias, los perdedores, los que nunca tendrían que haber nacido, los que mueren a diario sin haber vivido, los “nadies” que él llama, todos esos millones de seres a los que les hemos negado su lugar en el mundo, porque más allá de nuestras fronteras hemos condenado a los demás a no existir, a ser nadie, a no ser más que un irremediable y cruel carpicho del destino que, por supuesto, nada hacemos por cambiar, porque nosotros estamos aquí, en nuestro amado mundo “civilizado” donde, gracias a dios esas cosas no pasan, porque nosotros somos los “buenos” de esta película, los que tenemos el poder y la verdad,  los que tenemos el monopolio de las certezas, de todas las certezas, siempre las certezas… 

 

galeano 27Tuve la suerte de conocer a Galeano en la presentación de “Espejos” que hizo en Barcelona dos días antes del día de Sant Jordi. Tras una deliciosa charla en la que nos leyó algunos fragmentos del libro, se pasó más de dos horas firmando ejemplares sin parar. Me acerqué para que me lo dedicara y para pedirle su apoyo a un manifiesto pacifista que acabábamos de promover desde la Casa del Tíbet propugnando el diálogo entre las autoridades chinas y representantes del gobierno tibetano en el exilio para resolver el conflicto tibetano y obligar a que se respetasen los derechos humanos en Tíbet. Le entregué el manifiesto y le comenté que ya lo habían firmado gente como Federico Mayor Zaragoza o José Luis Sampedro. “Así que iré bien acompañado” me dijo mientras me pedía mi dirección de correo electrónico para contestarme una vez leído el manifiesto. Pensé que, con el trajín agotador del Sant Jordi, tardaría mucho en contestar. Al día siguiente recibí un email que decía: “Ruego incluyan mi firma en el manifiesto SOS Tibet. Gracias por haber pedido mi apoyo. Eduardo Galeano.”

En los tiempos que corren seres íntegros, lúcidos y comprometidos como Galeano escasean y son más necesarios que nunca, porque son esos seres humanos que aún creen en la utopía, esos navegantes que, hace ya tiempo, partieron en busca de todas las Ítacas y que, conscientes de que lo que importa es el viaje, no se detendrán nunca porque, como dice Galeano, “navega el navegante, aunque sabe que nunca alcanzará las estrellas que le guían.”

galeano 24Hoy son muchas las voces del sistema que critican despiadadamente a los artistas que, como Galeano, toman partido para denunciar e intentar combatir las injusticias del mundo. “¡Que se dediquen a actuar, y se dejen de hacer política…!”, “Ya están los politiqueros esos de los actores con sus monsergas… tanto protestar, pero mira cómo bien viven de las subvenciones que todos pagamos por ese bodrio de películas que hacen”, “Deberían abolirse todas las subvenciones para que esos chupópteros se enterasen de lo que vale un peine…”, “Que aprendan de los americanos, esos sí que saben hacer películas…”

galeano 22Si callamos o pasamos de largo cuando un hombre pega a una mujer en la calle nos convertimos en sus cómplices, en esos cómplices hipócritas y cobardes que no hacen todo lo que está en su mano para evitar que cosas como esa ocurran a diario. ¿Qué pasa? ¿Quieren que callemos y miremos a otro lado cuando vemos morir de hambre a miles de niños cada día? ¿Acaso no somos cómplices del asesinato de esos niños si nos quedamos de brazos cruzados limitándonos a actuar, a escribir o a pintar como esas voces exigen que hagamos?, ¿Acaso no somos cómplices si no salimos a la calle para evitar una guerra y nos limitamos a verla por la tele y a financiarla con los impuestos que pagamos?, ¿Acaso no somos cómplices si nos limitamos a cantar, a bailar o a jugar al fútbol y permitimos que se violen las leyes internacionales y los derechos humanos expulsando a una mujer como Aminetu Haidar de su casa simplemente por decir que es saharaui? ¿No seremos cómplices también de su muerte si nos quedamos cómodamente sentados en nuestras casas viendo su agonía y su sufrimiento por defender sus derechos y su dignidad en lugar de salir a la calle y protestar con todas nuestras fuerzas?, ¿Acaso no seremos cómplices de la cobardía de nuestro Gobierno, que sistemáticamente antepone los intereses de Estado a la defensa de los derechos humanos, si no le obligamos a que haga todo lo que esté en su mano para forzar a que Marruecos permita que Aminetu regrese a su hogar?, ¿De verdad piensan todas esas voces que exigen que callemos que podemos vivir como si no pasase nada?

galeano 26Los actores tenemos la fortuna, la inmensa fortuna, de tener una profesión que nos permite, a veces, dar voz a los sin voz, pero por eso también tenemos la responsabilidad, la irrenunciable responsabilidad, de dársela cuando la necesitan, y no hacerlo es convertirnos en cómplices de su sufrimiento y su desgracia. Precisamente porque en nuestra mano está el poder denunciar y hacer visibles los problemas y las injusticias de todos los “nadies” que habitan este mundo, las voces de los defensores de lo políticamente correcto y de los valores del sacrosanto Estado de derecho quieren, necesitan y exigen que callemos y miremos a otro lado. La decisión sólo depende de nosotros, de todos y cada uno de nosotros. Los artistas no somos ni mejores ni peores que los demás, somos conscientes de que ni siquiera tenemos respuestas, pero tenemos las preguntas, y, sobre todo, la capacidad de hacer que se oigan altas y claras.

galeano 29No es un debate nuevo. Gabriel Celaya ya lo expresó muy bien cuando escribió “La poesía es un arma cargada de futuro” y nos dijo “maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales, que lavándose las manos se desentienden y evaden…” Os dejo con sus versos en la voz de Paco Ibáñez en el inolvidable concierto de 1969 en el Olimpia de París, porque Paco ha sido y es otra luz en la niebla, otro faro que nunca se apaga, un faro que desde el primer día, nunca dudó en dar su luz a todas las causas “perdidas” para que un día no lejano pudiesen dejar de serlo…  causas como la del pueblo saharaui, que defiende con su vida Aminetu Haidar, una mujer de cuerpo débil y voluntad inquebrantable, una luz en la noche del desierto que, con su ejemplo, nos ha enseñado a todos lo que significa la palabra dignidad.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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