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Stefan Zweig, un mundo de ayer

zweig 13Veo con inmensa alegría cómo las obras de Stefan Zweig, poco a poco, van surgiendo del mar del olvido en el que, injustamente, las hundimos hace tiempo, y ya ocupan un lugar destacado en la mayoría de las librerías. “Amok”, “El jugador de ajedrez”, “Los ojos del hermano eterno”,o “Carta de una desconocida” son libros que todos deberíamos leer, al menos, una vez en la vida. Pocos son los autores que han alcanzado la perfección de Zweig para dibujar el alma humana. Sus libros son un estanque tranquilo en el que podemos vernos reflejados, ese estanque en el que nuestro inquieto espíritu de hoy se encuentra a sí mismo. Nunca sus obras han sido más actuales que ahora, y nunca, como ahora, tan imprescindibles. Sus novelas, como sus biografías, son ese bálsamo necesario que nuestro corazón busca desesperadamente en este mundo nuestro donde todo pasa cada vez más deprisa.

Quizá la música de Mahler, paisano y contemporáneo de Zweig, sea una buena compañera para el viaje de hoy. Ahí tenéis, si queréis, el tercer movimiento de su cuarta sinfonía, una auténtica obra maestra

zweig 18De entre toda la obra de Zweig me gustaría destacar su autobiografía: “El mundo de ayer. Memorias de un europeo”. Si sus libros son algo que todos deberíamos leer, éste es un libro que nadie, absolutamente nadie, debería dejar de leer. A través de sus páginas asistimos a la destrucción de un mundo, el suyo, y a los dolores de parto de la nueva Europa. Este escritor austríaco, nacido a finales del ajetreado siglo XIX, nos habla de un tiempo en el que el ser humano era lo importante. Pocas ciudades a lo largo de la historia han vivido un momento de eclosión de la cultura como la Viena que le tocó vivir. La Secession, con sus Kokoschka, Klimt, Otto Wagner o Loos; el pensamiento, con Sigmund Freud a la cabeza; la música, con Mahler y Schönberg, y la literatura, con el propio Zweig y Robert Musil, ese inmortal hombre sin atributos,
zweig 34tomaron las calles de Viena al grito de “A cada época su Arte; al Arte, su libertad”. Se les podía ver en los viejos cafés, al calor de una tertulia, en las noches de la Ópera, del Burgteather o, simplemente paseando por las calles, saludando al nuevo día. La cultura, en aquella Viena, no era un coto exclusivo de las clases elitistas, sino que podías saber qué tal había estado tal tenor o tal actriz la noche anterior simplemente escuchando las conversaciones de los camareros con los clientes en las cervecerías y los viejos cafés. En aquella Viena irrepetible todo el mundo amaba la cultura y la sentía como propia, aunque nadie, absolutamente nadie, se daba cuenta de que todo aquello estaba a punto de desaparecer para siempre.

zweig 17A aquel mundo de ayer lo destruimos con la Primera Guerra mundial. Con ella desapareció el Imperio autrohúngaro, y con él el universo en el que se forjó la personalidad de Stefan Zweig. Aún así continuó siendo uno de los escritores más leídos y admirados de Europa. Su fama cruzó todas las fronteras y era leído en todos los países y por todas las clases sociales. Sin embargo, años después, sus libros fueron prohibidos y quemados en las hogueras que los nazis encendieron en las calles de casi toda Europa. Zweig era de origen judío, y, de nuevo, todo su mundo se vino abajo, esta vez con la Segunda Guerra mundial. Zweig se exilió y huyó a Brasil, donde se suicidó en 1942 al no poder soportar la idea de que su país volviera a perder una guerra y de nuevo él lo perdiera todo, o lo que era peor aún, que, esta vez, la ganara y el nazismo impusiera su dictadura en todo el mundo.

La época que le tocó vivir a Stefan Zweig en su juventud era una época en la que el hombre podía pensar, podía dialogar y podía actuar, porque entonces todo pasaba despacio, las noticias tardaban en llegar y daba tiempo a analizarlas, y la gente tenía la capacidad,  la posibilidad y la voluntad de pensar y de tener opinión propia, y no limitarse, como en la mayoría de los casos actualmente, a contentarse con repetir la última opinión que ha oído en unos medios de comunicación cada día más descaradamente convertidos en medios de manipulación y desinformación masivas. Por eso fueron los años de los grandes ideales, de los líderes, de los soñadores y de los utópicos. Hoy todo ha cambiado: asistimos en zweig 28directo a cuanto ocurre en el mundo, tenemos toda la información a nuestro alcance si de verdad nos tomamos la molestia de buscarla y de desechar la basura informativa con la que nos manipulan, podemos saber cuanto ocurre con sólo apretar un botón, podemos llegar a cualquier parte del mundo en cuestión de horas y, sin embargo, ya no hay grandes ideales, ni líderes, ni soñadores, ni utópicos… El idealismo ha sucumbido frente al egoísmo y, lo que es más terrible aún, en nuestra alocada carrera hacia la abyección desde el “pienso luego existo” al “consumo, luego existo”, no nos hemos dado cuenta de que hemos pagado un precio excesivamente caro: dejar de ser seres humanos. Hoy ya no pensamos, ni dialogamos, ni actuamos…. hoy, por desgracia, nos limitamos a sobrevivir luchando por intentar llegar a fin de mes, por pagar la hipoteca y por tener trabajo, por precario que sea, en una esclavitud de cadenas invisibles que, en muchos casos, nos atamos nosotros mismos mientras decimos a cuantos nos quieran escuchar que somos libres, porque, ilusos de nosotros, estamos convencidos de ello.

No puedo imaginarme hoy a Stefan Zweig sentado frente al televisor asistiendo, impasible, a la destrucción del mundo, al asesinato de seres inocentes, a la hambruna criminal, a la globalización de la pobreza, al genocidio de pueblos enteros… No, no puedo imaginarme a Stefan Zweig negándose a sí mismo para adaptarse al mundo de hoy, y no puedo sencillamente porque él no estaría ahí sentado frente al televisor: él, judío, estaría estrechando la mano a los palestinos; él, europeo, estaría al frente de los movimientos antiglobalización saliendo a la calle como uno más, para recordarnos a todos que ser humano es pensar, es dialogar y, sobre todo, es actuar, y él, hombre libre y comprometido con su tiempo,, estaría liderando una lucha sin cuartel contra la hambruna y la injustica del mundo…

zweig 15Stefan Zweig tenía una forma de escribir incomparable. Fijaos cómo empieza una de sus novelas quizá menos conocida, “La embriaguez de la metamorfosis”, describiéndonos la oficina de correos donde trabaja la protagonista y, al tiempo, la decrepitud de la época que le toca vivir : “Las oficinas de correos rurales en Austria poco se distinguen unas de otras; quien ha visto una, las conoce todas. Equipadas, o mejor dicho, uniformadas en la misma época, la del emperador Francisco José, con el mismo mísero mobiliario proveniente de los mismos fondos, todas transmiten por doquier la misma sensación de tedio y malhumor estatal, y hasta en las aldeas alpinas más recónditas del Tirol, allá bajo el aliento de los glaciares, conservan obstinadamente el inequívoco olor oficial, rancio y austríaco que es una mezcla del tabaco viejo de hebra y de polvo enmohecido en expedientes amontonados…”

zweig 29O bien, la particularísima forma que tiene de describir, en la misma novela, el paso del tiempo, de la guerra… y de la vida: “…1914, uno de agosto. Por la tarde fue a la piscina; como un rayo diáfano, vio desnudo su cuerpo erguido al quitarse la camisa, un cuerpo redondeado, blanco, ardiente, sano y flexible… Y luego 1915, diecisiete años. Los padres han envejecido una década. El padre se encoge como si un trago de lejía lo consumiera por dentro, amarillo, maltratado e inclinado se arrastra de una habitación a otra, y todos saben que el negocio le preocupa…1916, dieciocho años. Unas palabras nuevas recorren incansables la casa: demasiado caro. La madre, el padre, la hermana, la nuera huyen de sus preocupaciones y se refugian en la pequeña miseria de los papelitos que usan para calcular los gastos de la pobre vida cotidiana desde la mañana a la noche. Demasiado cara es la carne, demasiado cara la mantequilla, demasiado caros un par de zapatos: Christine apenas se atreve a respirar por miedo a que salga demasiado caro… Y 1917, diecinueve años; enterraron al padre dos días después de Nochevieja, el dinero de la cuenta de ahorro alcanzó justo para mandar teñir la ropa de negro… Y 1918, veinte años. Sigue la guerra, aún  no ha habido un día libre y carente de preocupaciones, aún no ha habido tiempo para lanzar una mirada al espejo o dar un paseo por la calle… Y 1919, veintiún años. La guerra ha terminado, en efecto, pero no la miseria…Y luego 1920, 1921. Veintidós, veintitrés años, la flor de la juventud como dicen. Pero nadie se lo dice a ella, y ella no lo sabe…Y 1922, 1923, 1924, veinticuatro, veinticinco, veintiséis años. ¿Es joven todavía? ¿Es ya vieja? Algunas arrugas se dibujan suavemente en las sienes, las piernas se cansan a veces, y la cabeza duele de manera extraña en primavera…”

zweig 5Muchas de las novelas de Stefan Zweig se han llevado al cine y se han adaptado al teatro. Todos los buenos cinéfilos recordaréis la maravillosa película que hizo Max Opuls de “Carta de una desconocida”, con Joan Fontaine y Louis Jordan, pero hoy prefiero hablaros de la versión teatral de Manuel Enrique Orjuela que, hace un par de años, se estrenó en Barcelona.

zweig 11“Carta de una desconocida” es, posiblemente, uno de los relatos más bellos que se han escrito jamás. Es un canto al amor, un homenaje desnudo a ese amor verdadero que sólo vive en el dar, en el darse por completo y sin límites, un canto al único, quizá, que de verdad merece llamarse amor. La historia es sencilla, terrible y maravillosamente sencilla: una mañana de cualquier día un escritor hedonista y seductor recibe la carta de una desconocida que le roba unos minutos de su vida para decirle que, desde siempre, ha estado enamorada sin remedio de él, que le ha amado y le ama por encima de todo y de todos, que toda su vida ha girado en torno a él, mirándole, observándole, imaginándole o simplemente soñándole en todo momento. Que por una sola mirada suya ha renunciado a todo, y que lo ha hecho con zweig 8alegría porque esa mirada le ha dado la vida… Para él ella es una perfecta desconocida que le habla de tiempos y lugares que vagamente recuerda, de encuentros amorosos fugaces de los que ni se acuerda, porque ella nunca le ha importado. De hecho no la recuerda porque no la ha visto ni cuando ha estado en la cama con ella. Por esa carta él se entera de que de esos encuentros nació un hijo, un hijo al que jamás conocerá porque, con apenas diez años, acaba de morir. La desconocida también le anuncia que cuando lea esa carta ella ya habrá muerto. Nada le pide, nada le recrimina, simplemente se atreve, por primera vez en su vida, a confesarle su amor al hombre al que ama. No hay un solo reproche en esa carta, ni una sola vez le culpa de algo, al contrario, le da las gracias por haber existido y ser como es, porque, aunque sin saberlo, él le ha dado sentido a su vida  al permitir amar como ha amado, porque lo importante es amar, porque vivir no es más que amar…

Esta adaptación teatral, sabiamente dirigida por Fernando Bernués, contó con un reparto excepcional: Carlota Olcina encarnando a la niña que descubre el amor; Ivana Miño haciéndonos llegar toda la fuerza y la ternura de la pasión adolescente; Marta Marco dando vida a esa joven que ha sido capaz de renunciar a todo por un solo instante de amor y Emma Vilarasau bordando su interpretación de esa mujer que se atreve a escribir esa impresionante carta de amor. Uno de los mayores aciertos de esta adaptación fue el de haber permitido que fueran cuatro actrices las que encarnaran al personaje de la desconocida a lo largo de las diferentes etapas de su vida, haciéndolas convivir en el escenario, como conviven en nuestra mente y en nuestro corazón todos los momentos y los sentimientos que hemos vivido, dejando que dialoguen, que rían y lloren, que jueguen con nosotros, que nos acaricien, nos golpeen y que, en definitiva, nos hagan ser lo que somos.

zweig 10El otro gran acierto tenía nombre propio: Emma Vilarasau. Actriz capaz de emocionar con un silencio o un simple movimiento de la mano, hizo de esta desconocida uno de los mejores papeles de su carrera. Era emoción en estado puro. En sus ojos vivía toda la nostalgia de lo que pudo haber sido, la infinita alegría del recuerdo de lo que fue, la desgarrada tristeza del alma abandonada, y, por encima de todo, la fuerza irresistible de lo que era: una mujer capaz de amar hasta las últimas consecuencias, de dejarlo todo por amor, de encontrar el sentido de su vida en una simple mirada, una mujer que sabe que cuando te ves cara a cara con la muerte, cuando ya no hay engaños ni mentiras, cuando ya sólo hay silencio, al echar la vista atrás, ves que sólo eres lo que te atreviste a dar, que sólo vives en la parte de ti que has dado a los demás y que nada queda, ni quedará, de lo que quisiste guardar para ti.

Conocí a Emma rodando un cortometraje de los alumnos de una conocida escuela de cine de Barcelona. Como todos los cortos no era remunerado. Yo trabajé para aprender; ella para ayudar a que aquellos chavales vivieran sus sueños. Jamás podré olvidar la humildad y la generosidad con la que admitía las instrucciones del aprendiz de director. No creo que a Almodóvar o a Spike Lee les hubiera escuchado con más atención y respeto. La escena que rodábamos aquel día era muy intensa. Ella era una joven madre viuda que tenía una fuerte discusión con su hijo adolescente. Todo el amor y el odio contenidos saltaban hechos trizas entre aquellos dos seres asustados y perdidos. Emma estuvo magistral, como siempre, dándolo todo. Lloró, y nos hizo llorar, hasta en los ensayos. A última hora todos sus planos ya estaban hechos; quedaban los contraplanos en los que sólo aparecía el chaval. Muchos actores no se hubieran quedado a darle la réplica. Ella no sólo se quedó, sino que volvió a llorar con la misma intensidad que en sus primeros planos para ayudar a que el chaval viviera de verdad la escena.

Zweig 1Ese corto ha sido seleccionado en innumerables festivales por todo el mundo, y ha ganado muchísimos premios. Trabajar en él fue para mí una experiencia inolvidable y tener la oportunidad de hacerlo con Emma un auténtico lujo. Por eso, desde que vi el reparto de aquella adaptación teatral de la obra de Zweig, supe que ella era la actriz ideal para dar vida a aquella desconocida capaz de escribir una carta tan desgarradora como ésta, y que empieza con un estremecedor : “A ti, que nunca me has conocido…”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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