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Los espejos del alma

espejo-5Hoy no voy a hablaros de cine, ni de interpretación o de teatro. Hoy quiero hablaros de algo que considero que es fundamental no sólo para nosotros, los actores, sino para todos los seres humanos: ponernos frente al único espejo que refleja nuestra verdad.

espejo 2Para ponernos frente a ese espejo tan sólo tenemos que crear las condiciones que nos permitan enfrentarnos a nosotros mismos. Muchas veces ese espejo no es más que una puesta de sol, otras una canción a la que dejamos entrar en nuestro yo más profundo, a veces es un simple poema o un perfume, el calor de una mirada, la ternura de un abrazo… Son muchas las cosas que pueden tener la llave de nuestra alma. Lo único que tenemos que hacer es dejarnos llevar por ellas, aprender a escucharlas de verdad, aprender a observarlas sin juzgarlas, a acallar nuestros pensamientos y sentir,  sólo sentir…

El tema “Kothbiro” (“Que llueva”), de Ayub Ogada incluido en la B.S.O. de la película “El jardinero fiel”, es una de esas llaves. Si lo escucháis atentamente, veréis como es una especie de mantra que nos lleva lejos, muy lejos… allí donde duermen los espejos del alma.

zoran music, reduc.1Podemos ponernos frente a ese espejo de muchas formas; una de las que más me gusta es adentrarme en una exposición de pintura y dejarme llevar hasta perderme en el silencio anónimo que habita entre los cuadros y yo. Es allí, cuando todo es belleza y silencio, cuando se experimenta esa sensación tan maravillosa, la sensación de estar frente al único espejo que refleja nuestro yo más íntimo: nuestra alma. Podemos engañar a los espejos, a todos los espejos, pero jamás nos podremos engañar a nosotros mismos. Por eso la mirada de un cuadro taladra todas esas capas tras las que nos escondemos, todos nuestros escudos y mentiras, para dejarnos desnudos frente a lo que de verdad llevamos dentro: todo eso que soñado, vivido, imaginado o sufrido, ha ido creando lo que somos. Dicen que la belleza está en los ojos del que la mira. Quizá tengan razón, pero lo que seguro que está en esos ojos es la verdad, esa verdad que nos acompaña siempre, esa verdad a la que, a veces, tanto nos cuesta enfrentarnos.

zoran musicc, veneciaVisitar una exposición de Zoran Music es una experiencia impresionante. Náufrago de una Europa ya desaparecida, tras un año prisionero en el campo de concentración de Dachau, rodeado de muerte, de crueldad sin límites y de barbarie, Music huye a Venecia donde descubre el color de la vida, la alegría de vivir y, sobre todo, la inmensa felicidad de estar vivo. Toda su obra, como su vida, será una constante evolución hacia la esencia de la belleza. Nada superfluo tiene cabida en su mundo, un mundo silencioso y solitario como los paisajes del alma que, en todos sus cuadros, pinta una y otra vez. Music nos enseña que, incluso en lo más oscuro, en lo más duro y cruel, el ser humano es capaz de sentir la belleza, de encontrar una visión positiva, de crecer por encima del dolor, de ver más allá de la oscuridad, porque Music sabe que, igual que el agua hace crecer a los árboles, las lágrimas hacen crecer a los hombres.

zoran music, reduc. 4“Empecé a dibujar en el campo de concentración nazi de Dachau. Me veía sumergido en un estado febril y una necesidad irresistible de dibujar. Vivía día a día. Mañana sería demasiado tarde. Para mí, la vida y la muerte dependían de aquellas hojas de dibujos. Aprendí a ver las cosas de un modo diferente. Después de la visión de los cadáveres despojados de todas las exigencias exteriores, de todo lo superfluo, despojados de la hipocresía y de las distinciones con que se envuelven los hombres y las sociedades, creo haber descubierto la verdad, la verdad terrible y trágica por la que tuve que pasar…”

Su viaje interior le lleva al París de la abstracción donde, como él mismo reconoce, se pierde a sí mismo: “En ese intento por hacer pintura abstracta perdí mi verdad personal. Es lo peor que le puede pasar a un artista, porque sin esta verdad, deja de existir.”

zoran music, reduc.2Music sabe que todo lo que nos pasa en la vida, lo que vemos, sentimos o sufrimos, va posándose lentamente en nuestro yo más profundo modelando nuestra forma de ser. El tiempo se encarga de ir macerándolo. Por eso siempre pone distancia entre sus vivencias y su obra que, lentamente, va madurando en su interior.

foto zoran music trabajando A veces pasa días enteros encerrado en su taller dejándose llevar por el vacío de sus pensamientos; cada día, al amanecer y al atardecer, sale a pasear por las solitarias callejuelas de Venecia. Necesita soledad, necesita silencio, necesita tiempo y meditación, necesita estar consigo mismo para que su yo más íntimo pueda crecer y aflorar en su obra.

no somos los últimos, detallePor eso, 25 años después de salir de Dachau los muertos reaparecen en su pintura en una de las series más impresionantes que se han pintado jamás: No somos los últimos. “En el campo de concentración pasaba a menudo cerca de los hornos crematorios donde había cuatro metros de cadáveres. Un amigo checo me decía: “Ves, mañana o pasado mañana, saldremos por la chimenea. Jamás podrá volver a suceder algo así.” Más adelante, cuando la carga interior se hizo demasiado fuerte, cuando los recuerdos del campo resurgieron en mí, empecé a pintarlos, años más tarde, y me dí cuenta de que no era cierto. No somos los últimos.”

zoran musica, recud.3Junto a los escalofriantes óleos de esa serie, Music empieza a pintar un tema nuevo: el del interior de la catedral de San Marcos. Llevaba más de cuarenta años visitando la catedral cuando, por fin, se decide a pintarla, en la que será su etapa más mística. Lentamente deja que la luz se vaya apagando en sus cuadros, para que sea sólo la luz de las vidrieras la que ilumine el interior, nuestro interior…

En su última etapa, la de los talleres, es la soledad, la eterna soledad del alma, la que ocupa su pintura. Sus cuadros son habitados por una figura solitaria, a veces dos, siempre en permanente silencio. Durante toda su vida sólo tuvo dos modelos: Ida, su mujer, y él mismo.

zoran music, autorretrato“Cuando pinto un autorretrato, no lo pinto gracias al espejo, sino que nace de dentro. Yo me conozco desde dentro. Si me pusiera delante de un espejo, sólo copiaría la máscara de mí mismo. El autorretrato es lo que yo tengo en el interior y que procuro sacar fuera, con rigor. Cuanto más riguroso se es con uno mismo, más se consigue ser uno mismo. Para mí ser riguroso significa ser sincero, no ahorrarme nada, ni siquiera las cosas de mí mismo que querría no saber, y menos aún ver.”

zoran music, autorretrato 2Zoran Music, el pintor de la soledad del alma y de los paisajes del silencio, murió hace cuatro años. Nos ha dejado su autobiografía escrita en su obra, porque, como él decía: “El dibujo es el lugar de mis meditaciones, de mi soledad… Al dibujar escribo, de forma inconsciente, mis memorias… Toda mi pintura ha girado en torno a un solo tema: el del paisaje desértico que es la vida.”

foto zoran music sentado grandeLa convivencia con la muerte le enseñó a encontrar la belleza de lo esencial, esa belleza que habita en lo más profundo de nosotros mismos y que sólo descubrimos cuando nos atrevemos a compartirla. Porque, la belleza, como el amor o todo lo que nos hace ser seres humanos, sólo vive en quien la da, en quien necesita compartirla, en quien la ofrece sin esperar nada a cambio y sin temer quedarse vacío, porque cuanto más das, cuando más entregas las cosas que verdaderamente importan, más tienes. Por eso el placer de visitar una exposición es mucho mayor cuando tienes a tu lado a alguien con quien compartirlo, a alguien a quien le quieres dar todo eso que llevas dentro, todo eso que ha vivido desde hace tanto tiempo en tí y que te ha hecho ser como eres, para que pueda llegar a sentir esa sensación de felicidad inmensa que tú tienes frente a esos callados espejos del alma que son los cuadros. Porque la vida, estar y sentirse vivo, no es más que eso, un maravilloso viaje en el que vamos compartiendo nuestras vivencias y nuestros sentimientos con los seres a los que encontramos en el camino y con los que nos atrevemos a compartir una parte de nosotros, esa parte que seguirá viviendo en ellos incluso cuando nosotros ya nos hayamos ido, esa parte de ellos que seguirá viva en nosotros allá donde estemos…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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