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Leonard Cohen, o cómo decir poesía

leonard cohen 11Releyendo “Un acorde secreto, canciones y poemas”, de Leonard Cohen, he encontrado un escrito maravilloso en el que el propio Cohen nos cuenta cómo debe decirse un poema. Maestro entre todos los maestros, estoy convencido de que sus palabras hallarán un profundo eco en uno de los últimos mundos donde aún vive la poesía: el de la interpretación.

Dice Leonard Cohen: “Por ejemplo, la palabra mariposa. Para usar esta palabra no hace falta aligerar la voz, ni dotarla de pequeñas alas empolvadas, ni inventar un día soleado o un campo de narcisos, ni estar enamorado, ni estar enamorado de las mariposas. La palabra mariposa no es una mariposa de verdad. Está la palabra y está la mariposa. La gente tendrá todo el derecho a reírse de ti si confundes estos dos conceptos. No le des tanta importancia a la palabra.

leonard cohen 12¿Qué quieres transmitir, que amas a las mariposas con más perfección que nadie o que entiendes realmente su naturaleza? La palabra mariposa no es más que un dato. No te da pie a revolotear, elevarte, proteger las flores, simbolizar la belleza y la fragilidad o interpretar de alguna forma a una mariposa. No representes las palabras. No intentes nunca despegar del suelo cuando hables de volar, ni gires la cabeza y cierres los ojos cuando hables de la muerte. No me mires con ojos ardientes cuando hables del amor. Si quieres impresionarme al hablar del amor, métete la mano en el bolsillo o debajo del vestido y acaríciate. Si tu ambición y tu hambre de aplausos te han llevado a hablar del amor, debes aprender a hacerlo sin desacreditarte a ti mismo ni lo que dices…

Di las palabras, transmite los datos y hazte a un lado. Todos sabemos que sufres. No puedes contarle al público todo lo que sabes del amor en cada verso que digas. Hazte a un lado: la gente sabrá lo que tú sabes porque ya lo sabía. No tienes nada que enseñarles. No eres más hermoso que ellos. Ni más sabio. No les grites. No fuerces una entrada en seco. Eso es sexo mal practicado. Si muestras el contorno de tus genitales, entrega lo que prometes. Y recuerda que, en el fondo, la gente no quiere acróbatas en la cama…

Se trata de un paisaje interior. Está dentro y es privado. Respeta la intimidad de tus textos, pues fueron escritos en silencio. La valentía de la intepretación es decirlos. La disciplina de la interpretación es no violarlos.leonard cohen vaya Deja que el público sienta tu amor por la intimidad, aunque ésta no exista. El poema no es un eslogan. No puede promocionarte. No puede fomentar tu reputación de sensible. No eres un semental. No eres un ladrón de corazones. Tanto gánster del amor y tanta tontería. Eres un estudiante de disciplina. No representes las palabras. Las palabras mueren cuando las representas, se marchitan, y no nos queda más que tu ambición… Si declamas el poema y lo hinchas con nobles intenciones, no eres mejor que esos políticos que tanto desprecias. No haces más que agitar una bandera y llamar patéticamente a la patriotería emocional…

No busques dejar al público boquiabierto. Si el público se queda boquiabierto, no será debido a tu apreciación de los hechos sino a la suya. Tu mérito no estará en las inflexiones de tu voz ni en los ademanes enérgicos de tus manos. Estará en los datos y en la tranquila organización de tu presencia en el escenario. Evita las florituras. No temas ser débil. No te avergüences de estar cansado. Parece como si pudieras seguir y seguir sin parar. Y ahora ven a mis brazos. Eres la imagen de mi belleza.”

leonard cohen 3¡Qué mejor que escuchar ahora cómo dice Cohen un poema!. Aquí podéis escucharle recitar la letra de una de sus canciones más recientes: “A thousand kisses deep”, que viene a decir:

“Viniste a verme esta mañana/y me trataste como si fuera carne./Hay que ser un hombre para saber/ lo bueno, lo dulce, que es eso./ Mi doble del espejo, mi pariente más cercano,/ te conocería hasta durmiendo/ ¿y quién, sino tú, podría llevarme/ a mil besos de profundidad?

leonard cohen 5Te amé cuando te abriste/ como un lirio al calor,/ ya ves, yo sólo soy otro muñeco de nieve,/ bajo el aguanieve y la lluvia,/ que te amó con su amor congelado,/ con su físico de segunda mano,/ con todo lo que es y todo lo que fue/ a mil besos de profundidad.

Sé que tenías que mentirme,/ sé que tenías que engañarme,/ posar con todo el ardor y la arrogancia tras/ los velos de la transparente falsedad,/ nuestro perfecto porno aristocrático,/ tan elegante y tan barato,/ soy viejo, pero aún me gusta/ a mil besos de profundidad.

Soy bueno en el amor, soy bueno en el odio,/ es en medio donde me quedo paralizado,/ he estado entrenándome, pero es demasiado tarde,/ hace años que es demasiado tarde,/ pero tú estás muy bien, de verdad,/ eres el orgullo de Boogie Street,/ alguien debe haber muerto por ti/ a mil besos de profundidad.

 El otoño se coló en tu piel,/ algo se me metió en el ojo,/ una luz que no necesita vivir,/ ni necesita morir,/ una breve anotación en el libro del amor,/ oscuro y obsoleto,/hasta que lo vi con todo mi ser/ a mil besos de profundidad.

leonard cohen 9Aún trabajo con el vino,/ aún bailo mejilla con mejilla,/ la banda toca Auld Lang Syne,/ mi corazón nunca ha sabido retirarse,/ toqué con Diz y canté con Danté,/ nunca tuve su talento,/ pero alguna vez me dejaron tocar/ a mil besos de profundidad.

Te amé cuando te abriste/ como un lirio al calor/ ya ves, yo sólo soy otro muñeco de nieve/ bajo el aguanieve y la lluvia,/ que te amó con su amor congelado,/ con su físico de segunda mano,/ con todo lo que es y todo lo que fue, /a mil besos de profundidad,/ pero ahora ya no necesitas oírme/ y cada palabra que diga/ sólo irá en contra mía/ a mil besos de profundidad.”

El viejo Cohen ha vuelto a los escenarios. Su antiguo representante le arruinó, lo que no era difícil porque, como el propio Cohen reconoce: “no tengo el sentido material muy desarrollado y no registré la mayoría de mis canciones…”.

leonard cohen 18Por eso, tras más de quince años retirado de los escenarios viviendo en un monasterio zen, ha tenido que salir de nuevo a la carretera. Su representante actual le insistió mucho en que lo hiciera, pero él dudaba porque creía que su música ya no le interesaría a nadie. En la gira que está haciendo va a dar más de doscientos conciertos por todo el mundo en 16 meses… con todas las entradas vendidas. No cabe duda de que Cohen es un ser que se renueva constantemente para llegar a darnos su yo más íntimo, su esencia. Basta con escuchar la maravillosa versión que hace ahora de una de sus primeras canciones, “The Gypsy´s wife”, que compuso a finales de los sesenta.

Quien hace la introducción de este tema con la bandurria es Javier Mas, un músico aragonés que ha acompañado durante casi treinta años a María del Mar Bonet y que, meses después de organizar un concierto de homenaje a Leonard Cohen en Sant Cugat con varios músicos, y de hacer los arreglos de algunas de sus canciones, recibió, hace ahora dos años, una llamada de un tipo que, con una voz grave y en inglés, le dijo: “Hola Javier, soy Leonard Cohen, y quería pedirte que tocaras conmigo…”. Desde entonces Javier ha pasado a formar parte de la banda que siempre acompaña a Cohen.

javier mas 4A Javier suelen pasarle estas cosas. Es un tipo muy especial, la bonhomía en estado puro. Recuerdo que, hace algunos años, tras dar una serie de recitales con María del Mar en Grecia, decidió coger un barquito para que le llevara a una pequeña isla alejada del turismo que hay frente a Naxos, donde quería perderse unos días y estar solo. Javier casi no hablaba inglés ni, por supuesto, griego, pero allá fue con su guitarra al hombro. Al desembarcar en el pequeño puerto, se le acercó un niño que, cogiéndole del pantalón, le arrastró hasta su casa en lo que era un ofrecimiento de alojamiento y comida. Allí nadie hablaba otra cosa que el griego; todo eran sonrisas y grandes reverencias, pero nadie se aclaraba. De repente, el dueño de la casa, un viejo alto, delgado, de profundos ojos oscuros, pelo cano y bigote negro, le indicó con las manos que esperase. Se metió en su habitación y salió con un viejo violín entre las manos. Señaló la guitarra de Javier y empezó a tocar. Javier le siguió. Tocaron juntos durante toda la semana. No necesitaron ni una sola palabra para entenderse. Todavía hoy mantienen una estrecha amistad a través de las cartas que otro de los músicos de siempre de María del Mar, Dimitri Psonis, le traduce al griego.

javier mas 5Estos días Leonard Cohen está visitando nuestro país; su presencia es una invitación para el reencuentro con un ser irrepetible, quizá la última si tenemos en cuenta que ya ha cumplido los setenta y cuatro y que ha tardado quince años en volver a salir de gira. En el doble cd que recoge el concierto que dio en Londres en otoño pasado se puede oír su maravillosa voz profunda saludando a un público entregado e incondicional que le ha sido fiel pese a todos estos años de silencio: “La última vez que subí a un escenario en Londres fue hace catorce o quince años, entonces no era más que un crío de sesenta años con un montón de sueños locos en la cabeza…”

Músico, poeta, cantante, novelista… son tantas las facetas en las que Cohen ha destacado. Canadiense de nacimiento, ciudadano del mundo por convicción, y locamente enamorado de la luz de las islas griegas donde ha vivido muchos años, su vida ha sido una búsqueda constante del amor, de la belleza, de la autenticidad y del compromiso con los perdedores.

janis joplinSu profunda relación con la inolvidable Janis Joplin se recoge en la letra de una canción con la que Cohen inició todos sus conciertos durante muchísimos años, Chelsea Hotel: “Te recuerdo muy bien en el Chelsea Hotel,/ eras famosa, tu corazón era una leyenda/ me dijiste otra vez que los preferías guapos/ pero que conmigo harías una excepción/ y apretando el puño por los que, como nosotros,/ están oprimidos por las formas de la belleza/ te arreglaste un poco y dijiste: ¿Qué más da?/ Somos feos, pero tenemos la música…”

Son tantas y tantas las canciones en las que Cohen nos ha susurrado lo que es el amor: “Déjame ver tu belleza/ cuando todos los testigos se hayan ido/ Déjame sentir tus movimientos/ como hacen en Babilonia/ Enséñame lentamente aquello/ de lo que sólo conozco los límites/ llévame bailando hasta el final del amor…”

leonard cohen 6El profundo sentido del humor de Cohen y su ilimitada pasión por la belleza son legendarios y pueden despistar a quienes, sin conocerle, se acerquen a su música y, escuchando su voz grave y sus melancólicas canciones, crean que es un tipo triste y gris.

Seductor sin remedio, con un asombroso parecido a Al Pacino en algunas fotos, en su “Libro del anhelo” nos cuenta que “India está llena/ de muchas/ mujeres excepcionalmente hermosas/ que no me desean/ eso lo compruebo/ cada día/ cuando ando por/ la ciudad de Bombay/ miro una cara y otra/ y ni una sola vez/ me he equivocado.”

leonard cohen 13En ese mismo libro, tras un autorretrato surrealista, pues Cohen, además, es un gran dibujante, nos da un sabio consejo que jamás debemos dejar de seguir: “Nunca encontré a la chica/ Nunca me hice rico/ Sígueme”

Y qué mejor para despedir esta entrada que escuchar a Cohen recitando los versos de El sonido del silencio, la inolvidable canción que Paul Simon escribió en 1964 que tanto nos ha hecho soñar a much@s

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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