General Otros temas

El silencio pélvico

Por el 30 octubre, 2016

9788494419584Este es el título del libro de Pilar Pons que debería ser de lectura obligada para todos los hombres y mujeres y también estar incluido en todos los planes de estudio para que, desde la adolescencia, sepamos cómo afrontar una situación, el vaginismo, como algo natural que puede ocurrirle a muchas mujeres, jóvenes y no jóvenes, con y sin experiencia sexual y de cualquier condición social, económica, cultural o religiosa. Es algo que le sucede a miles de mujeres, algo de lo que no tenemos que avergonzarnos ni mucho menos culpabilizarnos. Sin embargo, nuestro sistema educativo y nuestra cultura han cubierto sobre el vaginismo un terrible silencio que lo criminaliza. Hemos llegado a considerar como normal que una mujer no pueda ponerse un tampón, que no pueda realizarse una revisión ginecológica o que no pueda tener un coito. Asociar el vaginismo a un trauma psicológico ha sido uno de los mayores errores que se han cometido para afrontarlo ya que se trata mucho más de una contractura muscular que de un trauma. Una terapia física adecuada, acompañada si fuera necesario de un tratamiento psicológico, puede resolver este problema en cuestión de 7 a 10 sesiones, es decir, en menos de tres meses.

Cuando asistí a la presentación del libro que hizo Pilar en Madrid, en la Asociación Entredos, me quedé 112alucinado de lo que escuché. Que en pleno siglo XXI una fisioterapeuta especializada en este tema con más de 25 años de experiencia comentara que el vaginismo afecta a miles de mujeres y que no se hable de ello me pareció una aberración. Como me lo pareció también conocer que muchos médicos, incluso jóvenes, desconocieran que existe una técnica fisioterapéutica especializada para reforzar el suelo pélvico y ayudar a dilatar la vagina. Y lo que más me alucinó fue saber que la mayoría de las pacientes que acuden a la consulta de Pilar lo hacen por recomendación de alguna amiga que ha oído hablar de ella, pero que pocas, muy pocas, lo hacen derivadas por médicos o psicólogos. ¿Por qué para un traumatólogo es lo más normal derivar a un paciente a un fisioterapeuta y sin embargo no lo es para un ginecólogo?

Escuchar en boca de Pilar los testimonios de muchas de sus pacientes que han pasado la mayor parte de su vida cfn9qwaweaarp7iacomplejadas y escondiendo su vaginismo por miedo al qué dirán, por sentirse culpables o por creer que son las únicas que lo padecen y que son bichos raros, fue algo verdaderamente descorazonador. Como descorazonador también fue escuchar que una gran parte de las mujeres que acudían a su consulta no se habían mirado jamás la vagina con un espejo, que desconocían cómo era, que la consideraban fea, horriblemente fea, y que era el origen de todos sus problemas ¿Cómo es posible que algo que afecta a una gran parte de la mitad de la población mundial y que tiene una solución tan sencilla y económica siga siendo algo que las atormenta y destroza su autoestima? Son pocas, muy pocas, las mujeres que hablan de este problema con alguien que no sea un o una especialista. No es un tema que salga en las conversaciones que tienen con amigas, con sus madres o incluso con
65047sus parejas. Al revés, es un tema que suelen esconder, del que prefieren no hablar porque las ha traumatizado durante mucho tiempo. “Me da vergüenza”, “Es muy íntimo”, “No he querido que mi madre sufriera”, “Mis amigas no lo entenderían” o “Qué van a pensar nuestros amigos” son los argumentos que intentan justificar ese silencio. Algunas incluso rehúsan comentarlo con amigas por miedo a pensar en la imagen que podrían dar de su pareja si los demás se enteran de que lleva tanto tiempo con ellas sin poder tener un coito. ¡Es el colmo del machismo!

¿Qué tipo de educación sexual estamos impartiendo? ¿Enseñamos a prevenir enfermedades de transmisión sexual y a poner preservativos y eso es todo? ¿Dónde queda el autoconocimiento, el placer, el goce de nuestros cuerpos? ¿Tan arraigado está el sentimiento del pecado de la tradición judeocristiana? ¿Cómo vamos a avanzar en la liberación de la mujer si ni siquiera se atreven a pilar-cuento-300x252mirar, a conocer y a disfrutar de su vagina? ¿Cómo es posible que siendo algo que afecta a tantas mujeres no nos hayamos preocupado por desarrollar campañas de sensibilización social sobre este tema? Hacer que la vagina deje de ser una pequeña desconocida para convertirla en una gran conocida es algo que nos compete a todas y a todos. Bastantes problemas tiene ya este mundo como para que los sigamos creando manteniendo absurdos tabúes. La ignorancia puede hacer daño, mucho daño, al afrontar los problemas sociales y los problemas de salud, y el vaginismo es un problema de salud y también un grave problema social del que todas y todos, en mayor o menor medida, somos responsables al permitir que el caldo de cultivo del silencio con el que lo hemos cubierto le permita seguir existiendo.

El silencio con el que escondemos una parte fundamental de nuestra realidad es algo que, lejos de ayudar a solucionar nuestros problemas, lo único que hace es agudizarlos cuando no provocar otros nuevos, como la falta de dispareunia-vaginismo-suelo-pelvico1autoestima, de confianza en nosotros mismos, el rechazarnos en lugar de admitirnos como somos… Y ese silencio suele abarcar la mayor parte de los ámbitos que están relacionados con el tema sexual. El vaginismo no está solo en este caso. La menopausia o la andropausia también se ven cubiertas por ese manto con el que inútilmente pretendemos esconderlas. Una de las cosas que Pilar recomienda a sus pacientes es que hablen de su vaginismo por lo menos con una persona. Es saludable romper ese muro de silencio con el que hemos convivido durante tanto tiempo. Hace un par de años me invitaron a participar en un foro sobre mujer y menopausia. Fue Montse Roura quien me invitó a hacerlo a través de su fundación “Ella y el abanico” Me dijo que quería que algún hombre hablase de la andropausia desde su experiencia personal, no como médico o escudándose en el “un amigo me ha contado”, “alguien me dijo”, o “he leído” tras el que solemos escondernos los hombres para rehuir hablar de este tema. También me dijo que no había encontrado a ninguno que quisiera hacerlo.

Yo recogí su guante y acepté hacerlo. Estas son las palabras que dije. Confío en que os animen a romper también, aunque solo sea en vuestro círculo más íntimo, ese muro de silencio que, entre todos y todas, debemos derribar.

ETIQUETAS
ENTRADAS RELACIONADAS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Doble·Rol
Todas las entradas
Categorías
Clandestino en Facebook
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar