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Carta a Samba Martine

Por el 25 diciembre, 2016

Querida Samba;

Han pasado ya cinco años desde que te fuiste. Tu hija es ya esa adolescente con la que tanto soñabas. Bijoux, tu Bijoux, no pudo venir a tu entierro. Era demasiado pequeña para entender lo que había pasado. En su cabecita de apenas 9 años no cabían explicaciones posibles a tu muerte. Cuando la dejaste en el avión que la llevó a París para que se reuniera con su padre tú estabas perfectamente. ¿Cómo puede entender una niña de nueve años que apenas tres meses después pudieras morir de una enfermedad de la que no tenías ningún síntoma? ¿Cómo puede entender una niña de nueve años que ni uno solo de los médicos y enfermeros que te vieron en el CIE doce veces no se dieran cuenta de la gravedad de tu enfermedad? ¿Cómo puede entender una niña de nueve años que solo en uno de esos doce reconocimientos médicos que te hicieron tuvieras un intérprete para poder explicar lo que sentías? ¿Cómo puede entender una niña de nueve años que te tuvieran encerrada 38 días en el CIE sin llevarte a un hospital a pesar de los dolores que sufrías? ¿Cómo puede una niña de nueve años entender que murieras en un frío y desangelado pasillo apenas seis horas después de ser trasladada al hospital? ¿Cómo puede entender una niña de nueve años que todo esto pase hoy en esa Europa de la que tanto había oído hablar? ¿Acaso puede entenderlo alguien?

Dvd 558 – 01/06/2012 – Entierro de Samba Martine, inmigrante congoleña quer murió en el CIE el pasado mes de diciembre de 2011. La mujer de de vestido blanco blanco con estampados negros es su madre, Clementine – ©Gorka Lejarcegi

Han pasado ya cinco años Samba, cinco años en los que han pasado muchas, demasiadas cosas. Tu muerte fue la primera de una macabra serie que ha ido ampliándose hasta límites que difícilmente podemos llegar a creer. Hoy son millones las personas que, como tú, huyen de un mundo dominado por el hambre y la guerra. Hoy son millones las personas que son confinadas en verdaderos campos de concentración que financia esa Europa que tú creías diferente. Hoy son miles las personas que mueren ahogadas intentando llegar aquí. De ellas no conocemos ni el nombre. Son nadies. No existen. Tan solo conocemos el nombre de una de esas personas. Era Aylán. Tenía tres años. Como a ti, le mató nuestro egoísmo y nuestra indiferencia. No me cabe duda, Samba, de que ahora estás con él, acunándole, cantándole la nana más tierna, jugando a todos esos juegos con los que jugabas con Bijoux.

Esta es la civilización que hemos creado, una civilización que levanta muros cada vez más altos para impediros entrar, una civilización que se blinda con leyes inhumanas que legalizan vuestras muertes, una civilización que se niega a sí misma al negaros a vosotras. Parece que la historia, tozuda, se empeña en repetirse y hoy vemos resurgir nuestros peores fantasmas. El racismo, la xenofobia y el odio llenan cada vez más urnas en esta Europa que nació malherida y que, con nuestro miedo y nuestra indiferencia, hemos acabado por matar. Los médicos y enfermeros que te dejaron morir no son más que el cruel y triste reflejo de lo que hemos llegado a ser los ciudadanos de esa inhumana Europa. Ellos pudieron equivocarse, nosotros ni siquiera tenemos esa excusa. Somos todos y cada uno de nosotros, con nuestra cobardía, con nuestro mirar a otro lado, con nuestro terror a perder las migajas de un mal llamado bienestar que nunca ha existido los que, con nuestros votos, avivamos ese fuego de odio que amenaza con destruir toda Europa.

Esa es hoy nuestra realidad Samba, nuestra cruel e inhumana realidad. Pero no quiero que pienses que todo está perdido, que tu muerte fue inútil. Gracias a ti se han introducido algunas, pocas, mejoras en los CIEs pero sobre todo, gracias a ti y a tantas como tú, Samba, cada día somos más quienes exigimos su cierre inmediato. Son muchas las derrotas, muchas las batallas perdidas, pero no dudes de que al final la victoria será nuestra, porque ellos tienen hoy la fuerza, pero nosotras tenemos y siempre tendremos algo que ellos jamás tendrán: la razón. Bijoux, tu Bijoux, vivirá en un mundo donde todos los muros habrán caído, un mundo sin fronteras, CIEs, ni rejas. Un mundo donde nadie será marginado ni excluido por el color de su piel, su religión o por el simple hecho de ser pobre. Estés donde estés, Samba, llegará el día en que tú veras ese mundo, ese mundo con el que tanto soñaste, y por el que por dar diste hasta la vida.

Han pasado cinco años ya y otros muchos tendrán que pasar, pero ese día llegará, no lo dudes. Y tú lo verás, Samba, lo verás desde donde no moriste sino naciste hace cinco años: el corazón de todas las personas que creemos que otro mundo no solo es posible, sino que ya es imprescindible. Te lo debemos, Samba. Os lo debemos.

Hasta entonces vuela nuestro abrazo más fuerte. Te queremos Samba, y siempre te querremos. BOSSA!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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