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Inmigración, xenofobia y nazismo

Por el 1 Junio, 2014

African migrants sit on top of a border fence between Morocco and MelillaLas imágenes de seres humanos encaramados a la valla de Melilla intentando entrar en España son cada día más comunes. De tanto verlas hemos acabado por acostumbrarnos. Las pieles desgarradas y los jirones humanos colgando de esas cuchillas que llaman concertinas se han hecho tan cotidianas que ya no llaman nuestra atención. Como tampoco nos sorprende ver a guardias civiles encaramados a escaleras rociándoles con gases lacrimógenos para obligarles a bajar, o presenciar a través de innumerables vídeos cómo les expulsan a Marruecos en cuanto bajan de la valla y ponen un pie en el suelo, suelo español que nuestros políticos se esfuerzan en repetirnos que no es español, que es tierra de “nadie” y que, por tanto, esos inmigrantes son expulsados “legalmente”.

Es un flagrante caso de ilegalidad y un atentado contra los derechos humanos, pero eso a nadie parece importarle. Y, a fuer de verles ahí encaramados día sí y día también, han dejado de ser noticia. Nuestras autoridades han logrado hacer, a fuer de repetirlo ante nuestros ojos, que un acto ilegal cometido por un país que se llama a sí mismo democrático como el nuestro contra seres humanos inocentes, llegue a ser considerado como algo normal y no escandalice a nadie. Todo obedece a un plan milimetricamente calculado y ejecutado para hacernos creer que estamos siendo objeto de una invasión imparable de seres hambrientos que vienen a nuestro país a robarnos lo nuestro, nuestro trabajo, nuestra sanidad, nuestra educación…

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Pero todo es mentira, una mentira más de este gobierno. Las entradas de inmigrantes saltando la valla de Melilla no alcanzan ni al 1% de las entradas que se han producido en España en los últimos 30 años, y el número de inmigrantes que han saltado la valla en 2013 ha sido el más bajo de la década. ¿Por qué entonces esta mentira? ¿Por qué este afán en engañarnos?

La respuesta es muy clara: para crear en la población un sentimiento de miedo que refuerce la imagen de garantes de nuestra seguridad de nuestro gobierno,  para que la ciudadanía crea que la actuación de las fuerzas de orden público disparando pelotas de goma a personas indefensas en el agua era la única alternativa para detenerles, para extender un sentimiento de xenofobia que favorezca la implantación de recortes en ayuda a la cooperación internacional y el endurecimiento de la represión a través de leyes que criminalizan la pobreza, para negociar mayores recursos de la Unión Europea y, sobre todo, para culpabilizar a los inmigrantes como origen de nuestras desgracias por sus abusos de nuestra sanidad pública, etc. etc. etc. ONGs y personas que llevan años viviendo en Melilla y que han vivido todo este proceso en persona se llevan las manos a la cabeza ante la 10manipulación informativa que está llevando a cabo este gobierno. También denunciaron hasta la saciedad las mentiras y los atropellos a los derechos humanos cometidos por el anterior gobierno socialista. Pero para ellos la situación actual es aún más sangrante ya que obedece a un plan premeditado que se está llevando a cabo con total impunidad. Hasta hace solo tres meses esas personas eran perseguidas si intentaban fotografiar las continuas violaciones a los derechos humanos que nuestras fuerzas de seguridad cometen a diario en la valla. Tenían que fotografiar esos actos a escondidas y a quinientos metros de distancia y, si les descubrían, les requisaban sus cámaras. Hoy, sin embargo, no solo no son sancionados, sino que son avisados puntualmente, junto a toda la prensa, cuando va a producirse un intento de salto de la valla para que fotografíen y graben lo que pasa con total libertad, e incluso apoyo por parte de las fuerzas de seguridad. Quieren que veamos esas imágenes, y quieren que las veamos porque eso forma parte de su plan de manipulación 2informativa, ese plan que nos informa de que hay treinta o cuarenta mil “subsaharianos” intentando saltar la valla y que la presión a la que se ven sometidas nuestras fuerzas de seguridad es inaguantable. En el relato oficial nos cuentan con pelos y señales que esos “subsaharianos” son extremadamente violentos y agresivos y que se enfrentan con cuchillos y palos a nuestros aguerridos defensores de la ley que, dada la gravedad de la situación, no tienen más remedio que defenderse utilizando su equipo reglamentario. Sin embargo, ni una sola foto recoge esas terribles agresiones de las que hablan nuestros políticos, y no las recoge sencillamente porque no existen. Los inmigrantes simplemente intentan saltar la valla y salir corriendo para no ser detenidos en su desesperado intento de entrar en Europa tras un viaje que ha durado meses, cuando no años, en el que han sido objeto de todo tipo de persecuciones y abusos. No podemos olvidar que hace justo ahora tres meses quince inmigrantes fueron asesinados en el agua cuando intentaban llegar a la costa de Ceuta. La Guardia Civil disparó pelotas de goma contra ellos cuando estaban indefensos en el agua, les negaron el auxilio que necesitaban y, 6pese a que todos hemos podido ver como aquel acto fue un verdadero asesinato a sangre fría, una especie de tiro al blanco reconvertido en tiro al negro, nuestras autoridades lo han negado todo en un alarde de hipocresía y cinismo intolerable para cualquier persona mínimamente sensibilizada con la exigencia del respeto a los derechos humanos. De nada sirve ya el grabar en vídeo los asesinatos: las autoridades niegan la evidencia, los jueces callan o miran a otro lado, la gente lo olvida… y nadie es culpable de los quince inmigrantes muertos. Como tampoco sirve de nada que haya vídeos en los que se ve claramente a nuestros guardias civiles abrir las puertas de la valla para franquear el paso al ejército marroquí a territorio español para que haga el trabajo sucio de bajar a los inmigrantes de la valla a golpes y arrastrarlos por el suelo hasta territorio marroquí donde siguen las palizas. Una vez detenidos por el ejército marroquí esos subsaharianos son llevados en camiones al desierto donde les abandonan a su suerte sin agua ni víveres. De vez en cuando aparece en nuestros telediarios la noticia de que varios subsaharianos han muerto ahogados al intentar llegar a nuestras costas en patera. Rara vez aparece, sin embargo, la noticia de los que mueren de sed en el desierto. En el territorio marroquí que circunda a Melilla hay unos diez mil soldados.

Uno 11de cada tres habitantes de esa zona, además, es confidente de la policía. A nuestro lado de la valla son tres mil los miembros de las fuerzas de seguridad que la vigilan. En el ya tristemente famoso monte Gurugú, donde se esconde esa temible horda de inmigrantes violentos dispuestos a todo, no hay más de quinientos inmigrantes que aguardan el momento para intentar saltar la valla. Se calcula que un diez por ciento de esos inmigrantes también son confidentes de la policía. ¿Cómo es posible, entonces, que un grupo de varios centenares de subsaharianos puedan cruzar impunemente ese territorio marroquí sin que nadie les vea o les detenga?, ¿cómo es posible que veamos a cien o a doscientos de ellos intentando saltar nuestra valla? ¿De verdad alguien cree que eso es posible sin que obedezca a un plan preconcebido de antemano por las autoridades españolas y marroquíes para que nosotros podamos ver esas imágenes? Si para España los intereses que hay detrás de este plan son económicos, conseguir mayores ayudas de la Unión Europea entre otras cosas, para Marruecos la moneda de cambio no solo es económica: es que España incumpla sus obligaciones como antigua metrópoli del Sahara y permita al mirar a otro lado el genocidio del pueblo saharaui por parte de las autoridades marroquíes.

Lampedusa

Esa criminal campaña informativa deliberadamente calla que Melilla, o España, no son ni mucho menos, los verdaderos focos de entrada de la inmigración ilegal en Europa. El mayor flujo de este tipo de inmigración se produce entre Somalia y Yemen, desde donde se desplazan a Europa, con una proporción infinitamente superior a la que se produce en nuestras fronteras.

El segundo punto mayor es el que va desde los países del norte de África a las costas italianas, con la tristemente famosa isla de Lampedusa a la cabeza. Como también calla y nos oculta que la mayor proporción (superior al 30%) de los inmigrantes internados en el CITE de Melilla son sirios y no subsaharianos, como también calla que la segunda nación de la que más internos hay en ese CITE es Mali, y lo callan porque todos sabemos que en Siria o en Mali hay guerra, hay cientos de miles de muertos y de desplazados que huyen desesperadamente de la muerte, como también calla que en el primer trimestre no 12se ha producido ni una sola solicitud de asilo político o de estatuto de refugiado por parte de los más de mil doscientos sirios o malienses internos en el CITE de Melilla. Curioso, ¿no? Más de mil doscientas personas, entre las que hay muchas mujeres y niños, que huyen de la guerra y sin embargo no piden asilo político, un derecho universal que, con la ley en la mano, nuestras autoridades no podrían negarles. Si miramos las estadísticas de solicitudes de asilo y de concesiones de asilo veremos que España es el país de la Unión Europea que menos admite a trámite y menos concede, a distancia abismal de todos los demás. La media de solicitudes de asilo en la UE es de 660 por millón de habitantes. En España solo 55. La cifra de solicitudes de asilo en España en 2012 fue la más baja de los últimos 25 años. Gracia, Italia y, principalmente, España, son los países que menos solicitudes admiten y tramitan debido a la práctica generalizada de “expulsiones en caliente” y la deliberada política de poner todas las trabas posibles a quienes intenten solicitar asilo o estatuto de refugiado. En 2013 la UE denegó la entrada de 317.840 migrantes. El 61% se denegó en España según el último informe de la Comisión de la UE sobre inmigración y asilo. 17Frente a la mentira de que esos migrantes poco menos que vienen a Europa a aprovecharse de nuestros derechos y a robarnos el trabajo intencionadamente callan que la situación que está viviendo el continente africano en la actualidad es la peor de la historia, con hambrunas y guerras como nunca antes se habían visto. Callan que el conflicto en el Congo ha causado más de cinco millones de muertos y que es, tras la segunda guerra mundial, el que más víctimas ha causado en la historia de la humanidad, callan que allí una mujer es violada cada 45 segundos, callan que son nuestras leyes de comercio y la explotación de sus recursos por nuestras multinacionales las que causan las guerras y la hambruna, callan que la mayor parte de los gobiernos corruptos que hay en África han sido y son apoyados por la Unión Europea y los Estados Unidos, callan, callan, callan…

Nos venden que esos “subsaharianos”, porque ese es el eufemismo que utilizan para despersonalizar y deshumanizar el drama de esas inmigrante-en-la-playapersonas al agruparlas en un número o bajo ese calificativo, vienen aquí a robarnos nuestro trabajo y nuestra sanidad pública, cuando las estadísticas demuestran que es justamente lo contrario, que la mayoría de los inmigrantes africanos que llegan aquí no tienen permiso de trabajo o trabajan en los trabajos que los nacidos en España no queremos hacer, y que son el colectivo que menos usa nuestra seguridad social, entre otras cosas, porque son jóvenes y fuertes en su mayoría, lo que hace que visiten menos al médico que el ciudadano español medio. Pero, a fuer de repetir la misma mentira una y otra vez, hemos acabado por creerla y una gran parte de la población española está convencida de que los inmigrantes nos roban nuestro trabajo y se aprovechan de nuestra sanidad pública. Para hacer más convincentes sus mentiras nos dicen que vienen a nuestro país a operarse porque una operación que aquí es gratuita en su país les cuesta lo que ganan en un año. Y la gente se lo cree. Se lo cree porque necesita creer que hay un culpable de las penurias económicas que 15está sufriendo, y nuestras autoridades le hacer ver que ese culpable no es el austericidio al que nos están sometiendo, sino el inmigrante violento que acecha esperando a saltar la valla o el que ya está aquí beneficiándose a espuertas de nuestra precaria sanidad pública. Pero esa gran mentira no es exclusiva de nuestros políticos, es una mentira generalizada en Europa. Eso explica que elección tras elección la extrema derecha y la xenofobia consigan más y más votos, que uno de cada cuatro franceses que han votado (jóvenes y trabajadores principalmente) lo han hecho a la extrema derecha, que esa ideología haya ganado las elecciones en Dinamarca, o que haya subido tanto en Suecia y Finlandia, o que los neonazis hayan conseguido ser la tercera fuerza política en Grecia, o que hayan conseguido un eurodiputado en la mismísima Alemania, o que estén en el gobierno de Ucrania apoyados por la Unión Europea… Estamos ante un nuevo auge del nazismo. Los judíos fueron el chivo expiatorio de la crisis económica para los nazis alemanes en los años treinta. Hoy aquellos judíos son los inmigrantes, especialmente los subsaharianos, y hoy aquella Alemania es toda Ropa-ensangrentada-valla-MelillaEuropa. Muchas veces nos preguntamos cómo fue posible la barbarie nazi, qué pasó con la población de gente de “bien” alemana que no lo impidió…

Viendo lo que está pasando hoy en España y en Europa cada día está más claro lo que ocurrió: la gente de “bien” se dejó embaucar por una ideología que decía defender sus intereses criminalizando al judío, al diferente, y miró a otro lado, no quiso ver. Hitler ganó unas elecciones, no lo olvidemos, y cuando las ganó el odio a los judíos era el núcleo de su programa. Aquellos alemanes de “bien” permitieron con su silencio cómplice que ocurriese el genocidio del pueblo judío. Los europeos de “bien” estamos permitiendo hoy que los nuevos nazis ganen hoy las elecciones. En los años treinta miles de jóvenes se alistaron como voluntarios para luchar contra el fascismo y varios países se levantaron en armas contra el nazismo. Gracias ellos el nazismo desapareció de Europa. ¿Quién evitará ahora que vuelva a adueñarse de ella?

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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